La estrategia y el presente
Reforma
México D.F., 6 de septiembre de 2010
Por Jesús Silva-Herzog
“Si en los muchos encuentros del Presidente para analizar la cuestión de la inseguridad en el país se hacía sentir una apertura autocrítica, una disposición a escuchar alternativas y cuestionamientos, el mensaje del 2 de septiembre fue una defensa de la perseverancia. La estrategia ha sido costosa, pero camina en la dirección correcta. Hay que insistir en la ruta trazada y esperar a que, con el tiempo, los objetivos se cumplan. Las cosas empeorarán aún más antes de empezar a mejorar. Terrible advertencia considerando la gravedad de nuestra condición. ¿Tenacidad o terquedad?
La única diferencia entre la tenacidad y la terquedad es el éxito…El terco es un testarudo que fracasa; el tenaz un testarudo exitoso.
¿Es terco o tenaz el presidente Calderón? ¿Es un político firme o es un político ciego? No podemos saberlo ahora a ciencia cierta. El Presidente y sus defensores dirán, por supuesto, que la perseverancia presidencial demuestra la voluntad de hierro de Felipe Calderón: un hombre valiente que no está dispuesto a dejarse acorralar por la crueldad de los violentos. Sus críticos, por el contrario, dirán que el Presidente se ha ofuscado y es ya incapaz de apreciar con objetividad lo que sucede: un ciego que no puede percibir las muchas demostraciones de su fracaso.
Felipe Calderón quiere que confiemos en su tenacidad. Pide nuestra comprensión y nuestro respaldo: vamos bien, aunque no se note; avanzamos aunque los costos sean altísimos; progresamos, aunque la violencia siga destilando sangre. La retórica gubernamental apuesta al reconocimiento del mañana pero, ¿qué hay del presente? ¿Qué hay del día de hoy, de los muertos de hoy, de los secuestrados de hoy, de los acribillados hoy? Un elemento comparten el tenaz y el terco: desprecian el presente. Mientras el terco no entiende el presente, el tenaz es capaz de ver más allá del presente. En todo caso, están convencidos de que el día a día, el tiempo presente no es la medida que permita apreciar la sensatez de una decisión. Ya mañana se verá si lo que hemos hecho fue valioso o no. La estrategia gubernamental puede tener éxito o puede ser un fracaso. No lo sabemos aún: lo que sí sabemos es que ha estado dispuesta a sacrificar el presente.
…Felipe Calderón ha demostrado que la condición presente es inaceptable y que debemos recuperar el orden público: no ha logrado, sin embargo, demostrar que los altísimos costos de su estrategia sean la única manera de conseguirlo. De hecho, podríamos sospechar que el proceso para recuperar la tranquilidad no es un trauma efímero, como sugiere su retórica. Por el contrario, parece ser invitación a que la violencia se asiente entre nosotros como rutina…Bajo el imperio de la impunidad, el disparo de la violencia no es un pico que pronto desciende. Vivimos bajo un Estado que es incapaz de castigar a los delincuentes. El gran error fue, quizás, desatar la dinámica de la violencia con la esperanza de que pronto se contuviera. Lejos de frenarse, la violencia desatada desencadena una estela de venganzas y amenazas que persisten en el tiempo.
El fracaso de la estrategia gubernamental no proviene de la falta de compromiso del Presidente con la legalidad, sino de la debilidad del régimen de Derecho. Trágica paradoja: en busca de la recuperación del Estado, el poder público se ha convertido en agencia publicitaria de la impunidad, en involuntario promotor del crimen”.


























