Una visita importante

El Tiempo
Bogotá, 30 de agosto de 2010
Por El Tiempo (Colombia)

Un giro en las prioridades de la política exterior colombiana es el que implica la importante visita de Estado que hará a partir de pasado mañana el presidente Juan Manuel Santos a Brasil. No deja de ser significativo que la primera salida internacional del nuevo inquilino de la Casa de Nariño sea a un país con el cual Colombia comparte no solo una frontera común, sino también crecientes vínculos comerciales y de inversión.

Pero más que eso, el viaje a Brasilia y São Paulo es un reconocimiento a la que es, sin duda, una potencia regional y mundial. Y es que a lo largo de la pasada década y media la nación más extensa y populosa de América Latina ha ganado un peso creciente en el concierto global, gracias a una economía en pleno auge que logró dejar atrás las épocas oscuras de la hiperinflación y que es ya la número ocho del planeta. Ese ímpetu, que se apoya en grandes riquezas minerales, un sector agrícola en expansión y una impresionante capacidad industrial, ha permitido disminuir las tasas de pobreza y recortar la desigualdad en la que ha sido tradicionalmente una sociedad inequitativa.

Si bien Fernando Henrique Cardoso fue quien puso las bases del Brasil moderno al conseguir una relativa estabilidad en los precios e impulsar reformas fundamentales durante sus ocho años de gobierno, la verdad es que el salto más notorio ha tenido lugar bajo la presidencia de Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, quien está a punto de terminar su segundo cuatrienio con un índice de aprobación a su labor superior al 80 por ciento. Para sus partidarios, este antiguo dirigente sindical es un ejemplo para la izquierda actual, al lograr combinar sus políticas tendientes a cerrar las brechas sociales con un ferviente respeto a los principios de la economía de mercado y la iniciativa privada.

Adicionalmente, Lula es un líder carismático que representa el despegue de las economías emergentes, de las cuales depende cada vez más la suerte del mundo. Ese rol le ha servido para ampliar la órbita de Brasil, ya sea en el seno del Grupo de los Veinte o en Unasur, que ha ganado un gran espacio a la hora de discutir los temas regionales. Dicha visibilidad no ha estado exenta de críticas, como la que le ha generado su apertura hacia Irán, que, a su turno, ocasionó cierto enfriamiento en las relaciones con Washington.

En medio de ese contexto, la importancia que el palacio presidencial de Planalto le ha dado a la llegada de Santos cobra especial relevancia. No solo la delegación colombiana es del más alto nivel, sino que incluye encuentros con los representantes de los tres poderes públicos. Dentro de los temas para tratar se encuentran los de promoción y fortalecimiento de las inversiones mutuas, acciones para las zonas de frontera y cooperación tanto en la lucha contra el crimen organizado como en materia científica y tecnológica. También es de esperar que se hable del desequilibrio de la balanza comercial, hoy en día ampliamente favorable a los brasileños.

Aunque no faltará quien señale que a Lula le quedan escasos cuatro meses en el cargo, la continuidad de lo que se acuerde parece asegurada. No solo la fortaleza institucional de la cancillería de Itamaraty asegura que eso sea así, sino que la candidata Dilma Rousseff tiene una amplia ventaja en las encuestas, con lo cual el Partido de los Trabajadores seguiría en el poder.

Todo lo anterior confirma que el objetivo enunciado el 7 de agosto, orientado a mejorar la confianza regional y las relaciones con los vecinos, sigue su marcha. Después de la normalización en el diálogo con Venezuela y Ecuador, llega el momento de acercarse más a Brasil, lo cual no es solo encomiable sino que deja en claro que el relativo aislamiento que llegó a sentir Colombia en América Latina es ahora cosa del pasado.

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