Los Kirchner, “papel prensa” y la estrategia de la tensión

Infolatam
Madrid, 29 agosto 2010
Por Carlos Malamud

La presentación por la presidenta Cristina Kirchner del informe “Papel Prensa: la verdad” auspiciaba grandes nubarrones sobre el atribulado frente mediático argentino. Como pronosticaba en estas mismas páginas Manuel Mora y Araujo, fueron pocas las nueces que cayeron del nogal apaleado, y menos las rotas a consecuencia de la nueva ofensiva del matrimonio gobernante contra el grupo multimedia “Clarín”. En todo caso, los escasos estropicios producidos tuvieron lugar en el campo oficialista.

En torno al caso estaban todos los ingredientes para escribir un potente melodrama, o un intenso culebrón televisivo. Así teníamos intrigas políticas, relaciones familiares crispadas (madre contra hija, cuñado contra cuñada), poder y dinero, viejos recuerdos de tragedias previas (un banquero de los Montoneros muerto en un confuso accidente aéreo, la desaparición de una familia entera –los Graiver y los Papaleo- por la dictadura militar, torturas incluidas), mentiras y medias verdades presidenciales, y la presencia de personajes estrambóticos jugando el rol estereotipado de malo de la película, caso del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno.

Moreno ha sido el autor del informe que teóricamente contenía la verdad, toda la verdad y sólo la verdad de los turbios antecedentes del caso Papel Prensa. Los rumores previos a su presentación presagiaban nuevas certezas en torno al tema y como consecuencia de ellas una serie de golpes de efecto presidenciales que, según el deseo del presidente consorte podrían acabar con los huesos del consejero delegado (CEO) de Clarín, Héctor Magnetto en la cárcel. El relato, como se dice ahora, narrado por Cristina Kirchner es fiel a una de las notas definitorias de los nuevos populismos latinoamericanos, su necesidad de reescribir la historia en función de sus propios objetivos políticos.

Así se dijo que los propietarios en 1976 de “Papel Prensa” vendieron sus acciones a los principales diarios argentinos tras ser sometidos a brutales torturas en las mazmorras militares. Ésta era la clave del arco que permitiría justificar las acciones posteriores del gobierno para despojar a sus actuales propietarios y dejar la empresa en manos del estado. Sin embargo, el edificio trabajosamente construido por Moreno se desplomó rápidamente cuando los distintos protagonistas de la tragedia desdijeron la esencia del relato kirchnerista, ya que la venta se produjo con anterioridad a la “desaparición” de los Graiver.

En un reciente artículo publicado en “El País”, el columnista argentino Joaquín Morales Solá señalaba de un modo bastante elegante que durante la última dictadura militar la prensa de su país “debió callar menos y decir más”. Eran los años en que frente a las denuncias de torturas y desapariciones la respuesta social era “algo habrán hecho” o de la campaña oficialista del “todos los argentinos somos derechos y humanos”. También eran los años en que una sociedad alienada se encolumnó de un modo prácticamente unánime, con escasas excepciones, como la del ex presidente Raúl Alfonsín, detrás de la aventura etílica y paranoide que significó la guerra de las Malvinas. Morales Solá concluía que los principales periódicos argentinos, pese a su silencio muchas veces cómplice, no violaron los derechos humanos y que la iniciativa gubernamental contra los actuales dueños de Papel Prensa responde a otras motivaciones.

Como siempre es posible encontrar las respuestas en la voz de los protagonistas. Néstor Kirchner, en el Congreso Internacional de Ciencia Política, pidió que “se termine la dictadura mediática para que florezca la primavera democrática”. Más allá de las poéticas palabras expresadas por el ex presidente estamos frente a una idea muy extendida allí donde gobiernan los populismos, como Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador o Argentina: los medios no adictos son uno de los principales enemigos de la democracia y deben ser destruidos. Para que el mensaje cale en las opiniones públicas se habla de complots, golpes de estado y dictaduras mediáticos, aunque es mucho más lo que se nos oculta que lo que se muestra. En la parte no visible del iceberg descansan los millonarios recursos estatales destinados a construir conglomerados mediáticos (prensa escrita, radio y televisión) bien en manos del estado o bien en manos amigas.

Tras el desplome del informe que contaba “la verdad” de Papel Prensa el gobierno cambió su estrategia y mandó al Congreso un proyecto de ley declarando de utilidad pública la elaboración y comercialización de papel para imprimir periódicos. De este modo se pensaba dejar en las manos presidenciales una poderosa herramienta que le daría mayor control sobre los medios, penalizando a los desafectos y favoreciendo a los amigos, a la vez que se asestaba un nuevo golpe a “Clarín” y “La Nación”. La medida produjo grandes recelos en una oposición débil y dividida, pese a tener mayoría numérica en el parlamento, lo que dificultará su aprobación. Si bien se intentaba “democratizar” el acceso de los medios impresos al papel, con independencia de su tamaño, las suspicacias han sido mayúsculas. Los extendidos recelos frente a las conductas del matrimonio gobernante descansan en el hecho de que los Kirchner creen que gobierno y estado son la misma cosa y que ambos están a su servicio.

Si bien no han dicho como Evo Morales que piensan quedarse 500 años en el poder, su estrategia patrimonialista (o matrimonialista) de la política deja lugar a muchas dudas sobre sus reales objetivos, más allá del considerable incremento de sus rentas en los últimos años. De ahí los constantes solapamientos e intentos de modificar leyes e instituciones, ya que las reglas de juego no han sido hechas para ellos, sobre todo si por medio está la “voluntad popular”. Como señalaba al final de un libro reciente sobre los populismos latinoamericanos “las leyes no están hechas para ser cumplidas, al menos por el gobierno”.

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3 comentarios a “Los Kirchner, “papel prensa” y la estrategia de la tensión”

  1. Carlos F. dijo:

    Excelente análisis de la última tropelía en curso del matrimonio peronista. ¿Qué necesitará la culta sociedad argentina para asumir el protagonismo de su propio destino?

  2. Radiobuzz dijo:

    Dos notas: en la presentación del informe citado se deja claro que los secuestros fueron posteriores a las ventas de las acciones de Papel Prensa, con lo cual es una equivocación decir que lo que se insinuaba era que las acciones fueron vendidas después de los secuestros. A pesar de esto, la venta fue producida bajo fuertes presiones y los secuestros posteriores sirvieron para varias cosas, entre ellas que la viuda de Graiver no recibiera el dinero de la venta.

    Por otra parte, el oficialismo no es mayoría en el Congreso.

  3. Francisco M. dijo:

    Corrección: El oficialismo sigue siendo la primera minoría ya que, en el caso de Diputados, cuenta con 96 legisladores, a los que hay que agregarles 14 aliados y 17 de apoyos ocasionales, lo que hace un total de 257 contra 130 de toda la oposición. Cuando esos 17 ocasionales, apoyan a los opositores, se producen las pocas derrotas del oficialismo hasta el momento.

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