Los cuatro futuros que nos esperan


Por Mario Grondona

¿Cuándo decimos que un país es estable ? Cuando la distancia entre sus futuribles es pequeña. Esto ocurre en aquellos países donde la competencia electoral se reduce a dos partidos principales que, además, se toleran recíprocamente porque coinciden en los grandes objetivos. Es lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en las naciones desarrolladas y en naciones vecinas, “predesarrolladas”, como Uruguay, Chile, Brasil y Colombia. En estos casos el porvenir se vuelve menos amenazante, las elecciones se desdramatizan y las inversiones fluyen al margen del resultado electoral porque los inversores confían. ¿Es éste nuestro caso, o la distancia entre el país que quiere Kirchner y el país al que aspiran sus opositores es tan grande que la elección de 2011 se nos aparece a los argentinos como un salto al vacío? ¿Hasta dónde se abre entonces el abanico de nuestros “futuribles”? En dirección de un panorama tan variable, tan incierto, que aún seguimos siendo, muy a pesar nuestro, una nación inestable .

Para limitar hasta dónde sea posible nuestro inquietante abanico de “futuribles”, digamos que, a estas alturas de los acontecimientos, ellos son cuatro: una victoria categórica o ajustada de Kirchner y una victoria categórica o ajustada de la oposición. Tanto la victoria categórica del ex presidente como la de sus opositores, para ocurrir, tendría que incluir no sólo la conquista de la presidencia sino también la obtención de la mayoría en ambas cámaras del Congreso….

Los “futurables”

Además de los “futuribles”, Jouvenel identificó dos clases de “futurables”. Uno de ellos, el futuro ya no “posible” sino, además, probable . Otro, el futuro ya no “posible” ni “probable” sino, además, deseable . Es importante no confundir aquél con éste, lo que vislumbramos con lo que deseamos, para no dejar que al análisis lo nublen nuestras inclinaciones.

De los cuatro “futuribles” que hemos identificado, ¿cuál es por lo pronto el más “probable”? Sobresalen dos. Uno, el triunfo categórico de Kirchner. El otro, el triunfo ajustado de sus opositores. El triunfo “ajustado” de Kirchner quedaría en principio descartado entre los futuros más probables porque, de ganar apenas en 2011, Kirchner, alentado por el impacto del escrutinio todavía fresco, dedicaría de inmediato su energía inmensa y transgresora a demoler a sus rivales semivencidos y a disciplinar a los tibios de su propia tropa. Tampoco es probable que alguno de los opositores, aunque ganara la presidencia, tuviera como Kirchner una vocación totalizadora. Lo más probable entonces es que, si Kirchner gana aunque sea por poco, exagere de inmediato su victoria y que, si ganan sus opositores, éstos sigan respetando el pluralismo de sus convicciones.

Si la victoria pretendidamente total de Kirchner y la victoria pluralista, moderada, de alguno de sus rivales son entonces nuestros dos principales “futurables” en cuanto “futuros probables”, ¿cómo sería esa otra tabla de posiciones que nos podría ofrecer nuestro futuro ya no en cuanto probable sino en cuanto “deseable”? A estas alturas del análisis, el escalonamiento de lo que en verdad deseamos es relativamente fácil. La victoria total de Kirchner, poniendo al país en ruta hacia el chavismo, resultaría catastrófica para todos aquellos que soñamos con la maduración de una democracia republicana, “uruguaya”, “brasileña” , “chilena” o “colombiana” en nuestra tierra. Desde esta escala de valores, la victoria aunque fuera pluralista y relativa de los opositores sería obviamente preferible a la victoria de Kirchner, pero esto a condición de que los opositores no recayeran en una suerte de segunda Alianza , con el caos consiguiente que, de instalarse, hasta podría darle a Kirchner la segunda y última oportunidad que se está reservando: demostrar que la república democrática es inviable entre nosotros y que sólo un gobernante tan despiadado y transgresor como él podría domesticar a la indomable Argentina una vez que la frustración de aquella “segunda Alianza” quedara, eventualmente, en evidencia. Nuestro futuro deseable es por lo tanto sólo uno: la democracia republicana. Nuestros futuros probables son, en cambio, dos: esa democracia que deseamos o la irrupción del chavismo en la Argentina.

(Extracto de artículo publicado en La Nación, Argentina)

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