Brasil como donante emergente

Infolatam
Madrid, 29 de julio de 2010
Por Javier Santiso

Signos de los tiempos que cambian: los países emergentes se están convirtiendo también en donantes globales. En la década de los 2000, los países OCDE y sus tecnócratas en los pasillos parisinos de la organización, asistieron atónitos a la irrupción de China en África, no sólo como inversor sino también como donante. Es posible que en esta nueva década, veamos más actores de la ayuda internacional asomarse desde los países en desarrollo y seguir sorprendiendo a lo que seguimos llamando mundo desarrollado.

No deja de ser una paradoja más del rebalanceo mundial al cual estamos asistiendo: países como China pero también India, África del Sur o los países árabes, están desplegando su ayuda, aún cuando todavía muchos de ellos tengan que encarar el reto de la pobreza y la desigualdad dentro de sus propias fronteras. A los mecanismos tradicionales de ayuda al desarrollo estos países, en muchas ocasiones, suman también cooperación e inversión internacional sur-sur vía sus vehículos financieros, los llamados fondos soberanos. Es por lo tanto muy probable que estemos infra valorando lo que está ocurriendo, aplicando métricas obsoletas.

En la década de los 2010 es también probable que no sólo China llame la atención, sino también una de las mayores democracias emergentes: Brasil. Este país desarrolló una agencia de cooperación internacional (ABC) que tiene todavía un presupuesto modesto (30 millones de dólares anuales). Dilma Rousseff, candidata a la elección presidencial de octubre 2010, indicó que, de ser elegida, la reformaría para potenciarla todavía más. Pero, esta agencia no agota el despliegue en términos de cooperación internacional de Brasil. Varios estudios del Overseas Development Institute (ODI), un think tank inglés, y del International Development Research Centre (IDRC) de Canadá, dos donantes tradicionales, estiman que el conjunto de la ayuda brasileña, más allá de la cooperación técnica de la agencia ABC, podría ser hasta 15 veces más importante que el presupuesto de la agencia. En realidad es muy probable que ambas instituciones se queden cortas.

De hecho si sumamos la contribución de Brasil al PNUD (25 millones de dólares cada año), la contribución al Programa Mundial contra el Hambre (300 millones), la ayuda en concepto de cooperación técnica (440 millones), lo comprometido con Haití y Gaza (más de 350 millones) y los créditos comerciales que el banco de desarrollo brasileño (BNDES) está ahora otrogando hacia países en desarrollo desde 2008 (3,3 mil millones de dólares), los montos sumados superan con creces los 4 mil millones de dólares. Esto colocaría a Brasil a niveles de países OCDE como Canadá o Suecia en términos de ayuda al desarollo. Pero la tendencia también llama la atención. Los montos desembolsados se están acelerando, en particular vía el BNDES: de los 3,3 mil millones desembolsados desde 2008, 50% lo fueron en el sólo primer trimestre del 2010.

Lo que exporta Brasil no es sin embargo sólo dinero, sino también tecnología e innovación. El país es uno de los mayores productores del mundo de bioetanol, algo que otros países en desarrollo, energéticamente dependientes, están buscando replicar, con ayuda y tecnología brasileña. Brasil es también un exportador de innovación social: el esquema de un programa como Bolsa Familia es hoy en día replicado o inspirando muchos gobiernos o municipalidades en todos los continentes (incluso países desarrollados como EEUU dónde Nueva York se inspiró de este tipo de programa).

A este activismo del Estado, se suma ahora el de las propias empresas brasileñas en fase de expansión internacional. La constructora Odebrecht está  poniendo en marcha el sistema de saneamiento y abastecimiento de agua de Angola y se ha convertido en uno de los mayores contratadores de todo el continente africano. Vale y Petrobras, por su parte, al mismo tiempo que despliegan sus inversiones, en todo el contiente africano, también las acompañan de programas sociales, para comnsolidar la viabilidad de sus inversiones y aceptabilidad por parte de las comunidades locales. Su activimos no sólo se limita al continente africano, también en los demás países más pobres de América latina dónde operan, sigue estrategias similares.

En un muy completo informe, publicado hace un par de años, de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), un organismo con sede en Madrid, se buscó mapear el activimos de la cooperación sur sur, en particular en y desde América latina. Brasil no es obviamente el único país que entró en este nuevo espacio de vinculación con el mundo. Es sin embargo probable que en la década del 2010 sea uno de los más activos y se sume así a China para sorprender también a los tecnócratas del llamado club de los donantes tradicionales.

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