Las mujeres siguen intentando llegar al mismo nivel
Miami Herald
Miami, 15 de julio de 2010
Por Marifeli Pérez-Stable
Las mujeres de América Latina han recorrido un largo camino, pero todavía no llegan a la meta. El legado del colonialismo ibérico, el catolicismo centrado en el hombre y un pasado antidemocrático, contribuyeron a formar sociedades en que las mujeres estaban subyugadas a los hombres. El atraso económico también agrava el ambiente hostil para las mujeres en la región.
Ampliar las oportunidades para las mujeres y las niñas, especialmente en la educación, mejoran de forma dramática los resultados económicos de una sociedad y los indicadores sociales como la mortalidad infantil y la salud en general. América Latina, sin embargo, ha sido lenta en prestar atención a esta conclusión bien establecida por los científicos sociales.
Si bien las oportunidades educativas y de trabajo han aumentado espectacularmente en las últimas dos décadas, las desigualdades de género siguen profundamente arraigadas, sobre todo para las mujeres ya marginadas por raza o etnia y por la pobreza. En 2007, el Banco Mundial trazó un plan de acción de cuatro años – “La igualdad de género como política inteligente”- para aumentar el acceso de las mujeres a la tierra, al mercado de trabajo y a los servicios financieros. La reducción de la pobreza y la exclusión social depende de ayudar a las mujeres que se ayudan a sí mismas y sus familias.
Según el informe más reciente del Banco Mundial sobre la mujer y la economía formal, su participación en la fuerza de trabajo sigue siendo considerablemente inferior al del hombre: en la mayoría de los casos, menos del 50 por ciento en comparación con más de tres cuartas partes. Aunque significativamente más baja en muchos países como Honduras, Venezuela, Brasil, Colombia, Argentina y México, sólo Costa Rica ha estado cerca de cerrar la brecha salarial con los hombres.
Se mantiene la brecha salarial
En parte, las diferencias de ingresos se explican por el tipo de trabajo que hacen muchas mujeres: a tiempo parcial en el sector de servicios poco cualificados, que paga mal, no importa el género. De todos modos, la brecha salarial ha demostrado ser resistente a la magia de la educación: aunque las mujeres latinoamericanas han alcanzado niveles comparables a los de los hombres, en algunos casos sobrepasandolos, las mujeres con estudios aún tienen menores tasas de participación laboral y ganan menos que los hombres. Las mujeres en las zonas rurales se encuentran en una desventaja aún mayor.
En términos de salud, las mujeres se han beneficiado de la mejora de la atención, sobre todo en la reducción de las tasas de mortalidad materna, aunque sigue siendo un problema en Bolivia, Perú, Ecuador, El Salvador y la República Dominicana. En el Caribe, los hombres y las mujeres registran tasas similares de infección por VIH / SIDA. La violencia doméstica sigue afectando a las mujeres, especialmente si están casadas y son de bajo nivel socioeconómico. Hasta el 70 por ciento de las mujeres haitianas son maltratadas, Colombia, América Central, Ecuador, Perú y Paraguay también enfrentan a una alta incidencia de violencia contra la mujer.
En un informe de marzo 2010, el Banco Interamericano de Desarrollo señaló que las mujeres fueron el impulso del crecimiento económico actual en América Latina y el Caribe. Sin los ingresos de las mujeres, la tasa de pobreza en hogares con dos padres sería superior en más que un 50 por ciento.
Este “dividendo de género” – el impulso que la autonomía económica de las mujeres trae a las familias y la sociedad en general - amerita políticas inteligentes para atraer más mujeres al mercado laboral.
Las familias en alto
Las remesas, la microfinanciación, los programas de ayuda gubernamentales condicionados y el trabajo asalariado proporcionan a las mujeres autonomía económica. Las mujeres son más propensas que los hombres a aplicar sus ingresos para mejorar la nutrición, la salud y la educación para sus hijos. Los programas de ayuda condicionados en efectivo de Brasil (Bolsa de Familia) y México han hecho mella en la pobreza: pequeños estipendios mensuales son emitidos, siempre y cuando los niños asistan a la escuela y sean llevados a sus pediatras para chequeos regulares. Brasil, sin embargo, ha tenido más éxito que México en la reducción de la pobreza: la economía brasileña está en auge, y la de México no.
En la década de 1960, las mujeres tenían derecho a votar en toda América Latina. Pero no fue hasta que volvió la democracia o, en algunos casos, llegó por primera vez, a partir de la década de 1970 que el progreso hacia la igualdad de género se aceleró manera significativa. Libertades civiles, sociedades civiles fuertes y líderes políticos que deben (de alguna forma) rendir cuentas son imperativos para que los ciudadanos – hombres y mujeres por igual - puedan hacer reivindicaciones independientes.
Cuba es un ejemplo de ello. Si bien se han dado pasos importantes en la educación, la participación en la fuerza laboral y los indicadores de salud, las mujeres cubanas no pueden libremente o públicamente plantear cuestiones como la violencia doméstica, el embarazo adolescente, la tasa alarmante de abortos, el acoso sexual o, por lo demás, el ritmo glacial de las reformas económicas y el ser gobernadas ellas y sus familias por unos veteranos a los que nadie ha elegido.
Las mujeres sostienen la mitad del cielo, pero sólo en la libertad sus esfuerzos pueden hacer una diferencia.


























