La imagen no es todo

Infolatam
Coquimbo, 13 de julio de 2010
Por Consuelo Ysart

Ultimamente el debate instaurado en Chile es si el gobierno de Sebastián Piñera está llevando bien o no su imagen, si el papel de la vocera de gobierno está disminuido por este presidente hiperactivo que aparece hasta debajo de las piedras, si es un error o no que aparezca de chaqueta roja, que Bielsa le salude o no, que hagan una parodia en televisión, que en las encuestas su imagen sea inferior o superior a la del gobierno… temas trascendentales para un país en que según la encuesta Casen dada a conocer hoy, aumentó la pobreza en los últimos años y la educación es cada vez más un desastre.

La política comunicacional de los gobiernos de la Concertación siempre fue sustancial, sus voceros de gobierno o portavoces pesos pesados de la fauna política nacional. Si bien ningún gobierno se permite el lujo de ignorar las encuestas de imagen, los de Aylwin, Frei y Lagos no parecieron estar dirigidos a captar las simpatías de las masas. La imagen de los presidentes fue buena, muy buena y a veces mala. Hasta la mediática presidenta Michelle Bachelet tuvo momentos malos, muy malos, con índices mucho peores que los tan “preocupantes” que tiene Piñera.

Gobernar para la imagen implica de alguna forma poner el ojo en la inmediatez, dejando para un segundo plano políticas de más largo plazo que no brillan, que no encantan a la audiencia, que no son puntos directos en las encuestas y que a veces suponen un importante costo político. Medidas con buenos réditos de imagen como bonos de marzo, invierno, hijos o maletines literarios, no han dado los mismos buenos frutos en la solución de los problemas que pretenden atajar como la pobreza o la calidad de educación.

Vivimos en una época en que la imagen es un valor absoluto, de la capacidad comunicacional del gobierno de turno para mantener encantada a una población voluble depende quien gobernará el próximo periodo (a estas alturas las diferencias ideológicas son pocas y los programas de gobierno no se los lee nadie) pero obsesionarse tras sólo cuatro meses de gobierno con las cifras de aprobación, que además no son malas, con la chaquetita roja y la omipresencia del presidente, lo menos que indica es que las prioridades están mal.

La presidenta Bachelet y sus cercanos se preocuparon mucho de cultivar y mantener la excelente imagen que logró alcanzar. Su nivel de aprobación al salir del gobierno no tenía precedentes y la pérdida del gobierno por parte de la Concertación se achacó a la incapacidad de traspasar este capital a Frei, que no logró hacer suya la imagen de la presidenta. Se dijo que la Concertación no logró transmitir sus logros, que la campaña de Frei era mala. Imagen, imagen, imagen. Al final puede que el aumento de la pobreza, hoy medido en la encuesta Casen, y la baja de la calidad de la educación hayan sido los reales causantes del descalabro de la Concertación.

Hay que centrarse, hacer bien las cosas y después comunicarlas bien, no primero comunicarlas bien y hacerlas ahí no más. El tema es si estamos tomando el camino correcto, si el gobierno va a lograr reconstruir el país, que la pobreza disminuya o va a mejorar la educación y cómo lo va a hacer. Si Piñera quiere seguir apareciendo hasta en la sopa con su chaqueta roja, si le saluda el técnico de turno y si le deja espacio a la vocera o la risa de un ministro en un momento poco adecuado y sus disculpas no deben centrar el debate. No perdamos la perspectiva.

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