¿Puestos en libertad?

Infolatam
Buenos Aires, 7 de julio 2010
Por Federico Ysart

La Secretaría de Estado vaticana dispone de la diplomacia quizá más consistente de la tierra. Nadie ha visto las divisiones del Papa por las que Stalin preguntaba hace más de medio siglo y sin embargo en pocas batallas se ha metido el Vaticano que no haya podido contabilizar como triunfos. Más allá del talante de su titular, podría acabar sucediendo que este papa acabe asistiendo al cuarteamiento de la dictadura caribeña como el muro de Berlín saltó en mil pedazos hace veinte años.

Es obvio que la Iglesia Católica quiere estar ese día en primera fila, tomar la delantera a otras peqeñas organizaciones, generalmente impulsadas por dineros de origen norteamericano, y contar en el futuro de la isla. El monopolio ideológico del partido comunista ha impedido a la Iglesia romana tener la influencia que ejerce en otras sociedades latinas. El terreno está virgen para ello. Cuba es desde hace medio diglo un país sin medios de información, sólo de propaganda oficial; sin líderes de opinión más allá de una disidencia diezmada por las detenciones, y sin otros medios de asociación que no sean los comités de un partido único sin referentes en el resto del mundo.

La diplomacia vaticana no tiene por qué jugar un papel auxiliar de los intereses norteamericanos, aunque serían lógicos los intercambios de información, como lo fueron en tiempos de Juan Pablo II y Ronald Reagan, o con Bill Clinton años después.

En este contexto, la visita del canciller español a la isla en auxilio de quienes han conseguido una parcial salida de las cárceles de los presos políticos sólo es explicable por el afán del gobierno Zapatero de torcer la posición común de la UE sobre Cuba.  De conseguirlo dentro de tres meses, plazo que se dieron para tomar una decisión tras de reposar las acometidas del ministro Moratinos, el jefe del ejecutivo español habría conseguido su primer logro en la confusa política internacional que viene siguiendo desde hace seis años. En estos momentos parece convencido de conseguirlo. El gobierno español ha tratado de poner una dimensión política sobre el perfil humanitario con que podría interpretarse el movimiento de la Iglesia romana. 

Pero los partidarios de no cambiar las presiones sobre el régimen de los hermanos Castro tienen fácil la respuesta al empeño del gobierno español por cambiar la presión europea contra el secuestro de los derechos humanos que sufren los cubanos: aún no ha cambiado nada en la isla; hablar de que la dictadura ha puesto en libertad a unas decenas de presos políticos no pasa de ser un sarcasmo cuando no existe la libertad. Las puertas de las cárceles que hoy se abren para salir mañana pueden volver a abrirse para entrar.

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