Rafael Correa y sus invitados. La visita de Hillary Clinton a Ecuador
Infolatam
México, 7 junio 2010
Por Sonia Alda
La inminente visita de Hillary Clinton a Ecuador es un ejemplo más para poner en evidencia la heterogeneidad y diferencias existentes dentro del grupo de países integrantes de la Alternativa para los Pueblos de nuestra América (ALBA). De hecho con esta entrevista se marcarían aún más los gestos de distanciamiento del gobierno de Rafael Correa con Venezuela.
Aprovechando la participación de Clinton en la reunión de la 40 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Lima, la Secretaria de Estado realizará una gira por América Latina. En relación a esta visita a Ecuador ha declarado que ésta es bienvenida y que existe una amplia agenda de cuestiones a tratar, no sólo en relación a la UNASUR, sino también a las relaciones bilaterales de ambos países. De hecho son muchos los intereses e intensas las relaciones establecidas con Estados Unidos y en este caso la actuación de Correa va a estar determinada por el pragmatismo. Al margen de la opinión de Venezuela y sus aliados.
Entre las diferentes simplificaciones empleadas para caracterizar a los países miembros del ALBA se encuentran fundamentalmente dos. La primera su homogeneidad y la segunda que dicha característica está determinada por las imposiciones del Presidente Hugo Chávez, quien ejerce el liderazgo del grupo y de hecho fue su principal impulsor.
No cabe duda que existen importantes puntos comunes en los planteamientos y en las políticas económicas, políticas y sociales que en alguna medida puedan explicarse por la influencia o incluso, según algunos, por imposición chavista. Sin embargo éste no es el principal, ni el único factor que explica el surgimiento de determinados gobiernos que comparten una visión política y determinadas propuestas de cambio, enmarcadas dentro del populismo nacionalista. Por convincente que fuera la llamada política del petrodólar desplegada por Chávez en la región en estos últimos años; el análisis de las profundas crisis de gobernabilidad sufrida por estos países y la búsqueda de alternativas por una ciudadanía frustrada tiene más peso para explicar dichos aspectos comunes.
El nacionalismo es un componente central del discurso que legitiman numerosas decisiones políticas y económicas tanto en la esfera interna como externa. Ciertamente éste es un sentimiento muy presente en la región, si bien en el caso populista la diferencia radica en que la mayoría de los planteamientos están legitimados por un exacerbado nacionalismo. El gobierno ecuatoriano de Rafael no es una excepción. Su decisión de no renovar el uso de las instalaciones de la base de Manta a las tropas norteamericanas, en diciembre de 2009, se justificó por su negativa a aceptar la presencia de tropas extranjeras en suelo ecuatoriano.
Con la frase “Soberanía es no tener soldados extranjeros”, el Presidente quiso afirmar su nacionalismo, pero al mismo tiempo fue bastante cauto en declarar un sentimiento y justificación antiimperialista en esta decisión. De hecho realizó declaraciones explícitas negando que la decisión dependiera de que dichas bases fueran norteamericanas, sino extranjeras. La búsqueda de autonomía nacional y regional, así como de alternativas de desarrollo propios, como plantea Correa, no necesariamente han de traducirse como un sentimiento antiimperialista. De hecho los argumentos y el discurso que justifican este objetivo no son muy distintos a los de otros gobiernos latinoamericanos no alineados con el populismo nacionalista, dentro del cual si está clasificado el ecuatoriano.
Esta postura contrasta con el visceral antimperialismo de los gobiernos venezolanos y bolivianos. Es difícil imaginar un encuentro de la Sra. Clinton con Hugo Chávez o Evo Morales, aún por el hecho de ser Presidentes Pro-tempore de UNASUR, como es en este momento el caso de Correa. No es la primera vez, en cualquier caso que el gobierno ecuatoriano muestra diferencias o distanciamientos con las posiciones de estos gobiernos “hermanos”, ni es en el ámbito de política exterior, el único donde pueden encontrarse diferencias.


























