Bicentenario a la Argentina


Por Manuel Mora y Araujo

(Especial para Infolatam).- “…La Argentina del bicentenario no es modelo de nada para nadie. No es exitosa, es una nación que declina desde hace más de medio siglo en casi cualquier indicador concebible, económico, social, cultural o educativo. Está muy bien celebrar dos siglos de vida.  Pero no hay mucho lugar para el regocijo. Seriamente considerado, el bicentenario debe ser aprovechado como un momento para la reflexión crítica y constructiva.
Un brindis posible es un brindis por un futuro distinto, que conlleva un compromiso para actuar de otra manera…”.

Cumplir doscientos años es para tomarlo en serio. En ese ánimo, el sentido común aconseja ignorar por un momento la coyuntura, el presente, el corto plazo; colocarse más bien en la perspectiva de lo que se celebra, el cumplimiento de un siglo, no un evento circunstancial. Por cierto, la Argentina lo hace difícil. La política irrumpió, sin necesidad, como para recordarnos a todos en que clima vivimos.

El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la presidenta empañaron un acto emblemático, la inauguración del teatro Colón; la presidenta omitió invitar al vicepresidente Cobos a la ceremonia protocolar; tampoco asistirá al tradicional tedeum en la Catedral metropolitana, para evitar la compañía de dirigentes opositores y para no escuchar al arzobispo.

La lista sigue: política pequeña cubriéndolo todo. La armonía entre el gobierno nacional y algunos gobiernos locales es la misma que prevalecia hace 130 años, cuando las tropas nacionales y las provinciales se enfrentaban en las calles. Mientras tanto, los festejos atraen multitudes, y los argentinos hasta disfrutaron de un triunfo de su seleccionado ante Canada, por 5 a 0; no hace falta decir que Argentina no le ganó a un rival digno de temer, pero el gusto ha sido grande.

Las apariencias sirven para taparlo todo, para producir suficientes hechos de los ya conocidos que hacen difícil concentrarse en planos menos superficiales.

¿Qué celebra la Argentina este 25 de mayo? La proclamación de la libertad, el derrocamiento del virrey y la conformación del primer gobierno criollo elegido por criollos, el primer gobierno “patrio”. Es, propiamente dicho, el día del nacimiento del país. Como en todos los cumpleaños, se celebra ante todo contar con un año más de vida; como en todo centenario, un siglo más. Cada uno sabe, en su fuero íntimo, qué más tiene para celebrar y regocijarse, o para meditar y proponerse enmendar, o para lamentar y sufrir las consecuencias. Cada ser humano suele repasar lo que ha vivido en ese día especial en el que, además, uno suele brindar con otros, soplar velas, a veces recibir regalos y bendiciones.

La libertad de las naciones americanas fue un hecho relevante en la historia de la humanidad y la Argentina es acreedora, con razón, a un reconocimiento especial en esa historia; su protagonismo fue singular. El primer siglo de vida independiente transcurrió como una sucesión de etapas diversas, en general conflictivas, en las que corrió sangre y que, en el balance, durante unas cuantas décadas no dieron mayores frutos.

Costó mucho que lo que hoy es la Argentina acabase identificándose a si misma como un país, con una identidad definida. Pero, finalmente, ocurrió, hacia la mitad de ese primer siglo, y a partir de entonces comenzó una transformación notable. Al cumplirse el primer centenario, la Argentina celebraba no solamente el cumplimiento de un siglo de vida sino también el logro, extraordinario, de un país que no solo se había organizado sino que además crecía con un gran ímpetu y se convertía, literalmente, en una tierra de promisión para millones de inmigrantes. Entre los criollos, los inmigrantes, los dirigentes, los trabajadores y los chacareros, las maestras que Sarmiento trajo de Estados Unidos y los miles de maestros que se formaron aquí, entre todos ellos, construyeron el país que celebraba el centenario.

Aquel país del centenario no era un dechado de virtudes, sufría conflictos, luchaba consigo misma en muchos planos; pero era, y se sentía, algo así como un modelo que el mundo podía aceptar, apreciar y valorar. Era una nación exitosa, con futuro.

La Argentina del bicentenario no es modelo de nada para nadie. No es exitosa, es una nación que declina desde hace más de medio siglo en casi cualquier indicador concebible, económico, social, cultural o educativo. Está muy bien celebrar dos siglos de vida. Pero no hay mucho lugar para el regocijo. Seriamente considerado, el bicentenario debe ser aprovechado como un momento para la reflexión crítica y constructiva.

Un brindis posible es un brindis por un futuro distinto, que conlleva un compromiso para actuar de otra manera. El protagonismo, cuando se conmemoran días patrios, deben asumirlo ante todo de los políticos, los que se ofertan como responsables de lo público.

El brindis por un país distinto, el llamado al compromiso, debe ante todo ser compartido con los dirigentes de la vida pública del país, quienes tienen en sus manos proponer a la sociedad enfoques y estrategias conducentes, quienes deben buscar afanosamente consensos básicos, quienes deben sentirse dirigentes imbuidos de algún mandato de sus dirigidos, conductores de organizaciones de participación ciudadana -partidos, esa palabra tan desprestigiada- que son los ámbitos naturales para la formación de los consensos y para el ejercicio de la representación democrática.

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