Confianza es la llave de la misión Lula


Por Clovis Rossi

“… “tiempos” significa encontrar una fórmula que permita superar el recelo iraní de no recibir su material de vuelta. “Cantidades” es obvio: cuanto uranio iraní será enviado al exterior. No puede ser tanto que vacíe los stocks completamente, ni tan poco que deje la P6 con la desconfianza de que Irán todavía guarde la cantidad suficiente para hacer una bomba. Es seguramente esa fórmula la que Lula esté llevando a Irán. ¿Por qué Lula tiene oportunidades donde otros fracasaron?.” (Folha de Sao Paulo. Brasil)

Venezuela amplía capacidad de endeudamiento con China

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La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó el martes una enmienda al acuerdo que rige un multimillonario endeudamiento entre Caracas y Pekín, lo que permite al país sudamericano incrementar el monto de los créditos recibidos, que son pagados con petróleo y derivados.

Como la diplomacia no es una ciencia exacta, no es un riesgo afirmar que hay un 99% de oportunidad de que la visita del presidente Luiz Inácio Lula da Silva logre un acuerdo de Irán. Es una apuesta también el pálpito del presidente ruso, Dmitri Medvedev, que apuesta sólo un 30%.

Números a la parte, hay un elemento intangible, llamado confianza, que es la llave para un acuerdo. Por ello la misión Lula tiene realmente oportunidades razonables de tener éxito.

Para entender todo el escenario, hay que volver al inicio de las negociaciones en su fase actual.

En octubre, Irán volvió a reunirse con la P6 (Alemania más los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido).

En esa reunión, fueron los propios técnicos iraníes los que surgieron con la propuesta que sigue siendo la base de la negociación y la única hipótesis para que salga bien: cambiar uranio pobremente enriquecido iraní por uranio enriquecido en otro país (la propuesta hablaba en Francia y/o Rusia), pero de modo que no permitiese el uso para fines militares.

La propuesta fue bien recibida por la P6, que, sin embargo, pidió precisiones y discutió números. Los iraníes quedaron en consultar a Teherán (es decir, el ámbito político, que es quien decide) y dar una respuesta. Nunca la dieron.

El canciller Celso Amorim descubrió la razón después en sus contactos con un lado y otro: cuestión de confianza o, más exactamente, de falta de ella. Los iraníes temían que si cedían su uranio, jamás lo recibirían de vuelta.

Querían una fórmula tipo toma-allá-da-aquí instantánea, lo que es impracticable: no hay barrotes de uranio enriquecido en las especificaciones necesarias a los reactores iraníes que puedan ser encontradas en el supermercado de la esquina.

En enero, en Davos, Amorim escuchó de su colega iraní Manoucher Mottaki "nuevas ideias" para el cambio de combustible nuclear, conforme la versión de Mottaki a los periodistas brasileños.

Después, Amorim diría que lo que se había discutido fueron "tiempos y cantidades" de implementar la propuesta. 

De vuelta a la cuestión central de la confianza: "tiempos" significa encontrar una fórmula que permita superar el recelo iraní de no recibir su material de vuelta. "Cantidades" es obvio: cuanto uranio iraní será enviado al exterior.

No puede ser tanto que vacíe los stocks completamente, ni tan poco que deje la P6 con la desconfianza de que Irán todavía guarde la cantidad suficiente para hacer una bomba.

Es seguramente esa fórmula la que Lula esté llevando a Irán.

¿Por qué Lula tiene oportunidades donde otros fracasaron? Exactamente por la cuestión de la confianza: Brasil merece la confianza tanto de Irán como de Estados Unidos. Junto con Turquía, conegociadora, son dos raros países, quizás únicos, en esa condición.

Lo que no quiere decir que, habiendo concordancia de Irán con la propuesta que Lula lleva, este todo resuelto. La P6 y el Organismo Internacional de Energía Atómica  necesitan todavía ser convencidos de que Irán merece la confianza que Lula deposita en este oaís. Es en esos ámbitos que se golpeará efectivamente el martillo (o no).

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Confianza es la llave de la misión Lula

Folha de Sao Paulo (Brasil)
Sao Paulo, 16 mayo 2010
Por Clovis Rossi

“… “tiempos” significa encontrar una fórmula que permita superar el recelo iraní de no recibir su material de vuelta. “Cantidades” es obvio: cuanto uranio iraní será enviado al exterior. No puede ser tanto que vacíe los stocks completamente, ni tan poco que deje la P6 con la desconfianza de que Irán todavía guarde la cantidad suficiente para hacer una bomba. Es seguramente esa fórmula la que Lula esté llevando a Irán. ¿Por qué Lula tiene oportunidades donde otros fracasaron?.” (Folha de Sao Paulo. Brasil)

Como la diplomacia no es una ciencia exacta, no es un riesgo afirmar que hay un 99% de oportunidad de que la visita del presidente Luiz Inácio Lula da Silva logre un acuerdo de Irán. Es una apuesta también el pálpito del presidente ruso, Dmitri Medvedev, que apuesta sólo un 30%.

Números a la parte, hay un elemento intangible, llamado confianza, que es la llave para un acuerdo. Por ello la misión Lula tiene realmente oportunidades razonables de tener éxito.

Para entender todo el escenario, hay que volver al inicio de las negociaciones en su fase actual.

En octubre, Irán volvió a reunirse con la P6 (Alemania más los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido).

En esa reunión, fueron los propios técnicos iraníes los que surgieron con la propuesta que sigue siendo la base de la negociación y la única hipótesis para que salga bien: cambiar uranio pobremente enriquecido iraní por uranio enriquecido en otro país (la propuesta hablaba en Francia y/o Rusia), pero de modo que no permitiese el uso para fines militares.

La propuesta fue bien recibida por la P6, que, sin embargo, pidió precisiones y discutió números. Los iraníes quedaron en consultar a Teherán (es decir, el ámbito político, que es quien decide) y dar una respuesta. Nunca la dieron.

El canciller Celso Amorim descubrió la razón después en sus contactos con un lado y otro: cuestión de confianza o, más exactamente, de falta de ella. Los iraníes temían que si cedían su uranio, jamás lo recibirían de vuelta.

Querían una fórmula tipo toma-allá-da-aquí instantánea, lo que es impracticable: no hay barrotes de uranio enriquecido en las especificaciones necesarias a los reactores iraníes que puedan ser encontradas en el supermercado de la esquina.

En enero, en Davos, Amorim escuchó de su colega iraní Manoucher Mottaki "nuevas ideias" para el cambio de combustible nuclear, conforme la versión de Mottaki a los periodistas brasileños.

Después, Amorim diría que lo que se había discutido fueron "tiempos y cantidades" de implementar la propuesta. 

De vuelta a la cuestión central de la confianza: "tiempos" significa encontrar una fórmula que permita superar el recelo iraní de no recibir su material de vuelta. "Cantidades" es obvio: cuanto uranio iraní será enviado al exterior.

No puede ser tanto que vacíe los stocks completamente, ni tan poco que deje la P6 con la desconfianza de que Irán todavía guarde la cantidad suficiente para hacer una bomba.

Es seguramente esa fórmula la que Lula esté llevando a Irán.

¿Por qué Lula tiene oportunidades donde otros fracasaron? Exactamente por la cuestión de la confianza: Brasil merece la confianza tanto de Irán como de Estados Unidos. Junto con Turquía, conegociadora, son dos raros países, quizás únicos, en esa condición.

Lo que no quiere decir que, habiendo concordancia de Irán con la propuesta que Lula lleva, este todo resuelto. La P6 y el Organismo Internacional de Energía Atómica  necesitan todavía ser convencidos de que Irán merece la confianza que Lula deposita en este oaís. Es en esos ámbitos que se golpeará efectivamente el martillo (o no).

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