¿Reviven las negociaciones entre la UE y MERCOSUR?

Infolatam
Madrid, 5 mayo 2010
Por Federico Steinberg

(Especial para Infolatam).- ” …. A no ser que la UE esté dispuesta a reconsiderar su oferta en materia agrícola es muy poco probable que las negociaciones lleguen a buen puerto. Y es que la UE tiene que empezar a darse cuenta de que en este nuevo mundo donde las potencias emergentes ganan peso tiene que ofrecer algo en materia agrícola si quiere mejorar el acceso de sus empresas y productos a los mercados latinoamericanos. De lo contrario estos países, sobre todo Brasil, buscarán otros aliados”.

Durante años las negociaciones del acuerdo de asociación entre la UE y MERCOSUR han estado suspendidas. Sin embargo, en las últimas semanas se han producido declaraciones tanto en Argentina como en España (que ostentan las presidencias respectivas de ambos bloques) a favor de retomar el diálogo y buscar los principios de un acuerdo que podría avanzar tras la cumbre UE-ALC que se celebrará en mayo en Madrid.

Este resurgir del posible acuerdo birregional aparece en un momento que a priori no parece propicio: la salida de la recesión está siendo difícil en ambas regiones (más en la UE que en América Latina) y las presiones proteccionistas — aunque contenidas — van en aumento. Además nada sustancial ha cambiado en ninguno de los dos bloques que pueda modificar las irreconciliables posiciones negociadoras que hemos visto hasta ahora en las principales delegaciones.

Por último, la crisis griega está centrando la atención europea en asuntos internos y MERCOSUR ha experimentado sus propios problemas domésticos, que incluyen conflictos no resueltos entre Argentina y Uruguay o barreras comerciales no arancelarias que los distintos países han levantado para suavizar el impacto de la crisis sobre el empleo nacional.

Sin embargo, existen dos razones que podrían hacer más viables las negociaciones, una económica y otra política. La primera es que ante el estancamiento de la Ronda de Doha de la OMC casi todos los países grandes se han lanzado a negociar acuerdos comerciales bilaterales que les permitan continuar con la apertura de mercados. La UE ha cerrado uno con Corea del Sur y está negociando otros con Canadá y varios países de América Latina (con Chile y México ya tiene tratados en vigor). Estados Unidos y China también están expandiendo su red de acuerdos y los propios países latinoamericanos se han sumado a esta ola de nuevos acuerdos preferenciales.

Esto significa que el acuerdo entre la UE y MERCOSUR, que sería el primero entre dos grandes bloques comerciales, debería estar en la lista de posibles alianzas futuras. La segunda razón, de índole político, tiene que ver con el interés de España en que durante su presidencia de turno de la UE se produzcan resultados en relación a América Latina. Sabe que durante las futuras presidencias de los países de Europa Central y Oriental América Latina no será una prioridad, por lo que la ventana de oportunidad que se ha abierto ahora no se repetirá en mucho tiempo.

Sin embargo, el principal escollo con el que se encontraron las negociaciones en el pasado, la resistencia de la UE a abrir sus mercados a los productos agrícolas latinoamericanos, sigue estando ahí. Y en un contexto como el actual de previsible subida en el precio de los alimentos y en el que Brasil está cada vez más cómodo aumentando sus exportaciones hacia Asia, es muy poco lo que la UE parece dispuesta a ofrecer al gigante latinoamericano. Además, los países de MERCOSUR se resisten a reducir sus aranceles manufactureros para los productos europeos más allá de lo pactado en la OMC (de hecho durante la crisis muchos de ellos los han elevado) y no quieren dar un mayor acceso a las empresas europeas ni a los servicios ni a las compras públicas de sus gobiernos.  

Por lo tanto, a no ser que la UE esté dispuesta a reconsiderar su oferta en materia agrícola es muy poco probable que las negociaciones lleguen a buen puerto. Y es que la UE tiene que empezar a darse cuenta de que en este nuevo mundo donde las potencias emergentes ganan peso tiene que ofrecer algo en materia agrícola si quiere mejorar el acceso de sus empresas y productos a los mercados latinoamericanos. De lo contrario estos países, sobre todo Brasil, buscarán otros aliados.

 

 

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