Brasil, ¿Puede más?

Infolatam
Sao Paulo, 28 de abril de 2010
Por Lourdes Sola

(Especial para Infolatam).-  “… Hay una actitud poco frecuente hasta hace poco entre los analistas de los mercados financieros o electorales. Está relacionada con la incertidumbre de un marco sin precedentes, no sólo por la ausencia de Lula como candidato, sino porque el riesgo electoral es relativamente bajo y con una relativa continuidad de la política económica”.

El lema de la campaña de José Serra – "Brasil puede más" – ha provocado intensas reacciones. Contrasta con la falta de análisis coherente de su discurso, dado en la misma ocasión, durante el lanzamiento de su candidatura presidencial por el PSDB. El contraste es comprensible. Es más fácil posicionarse frente a un lema con atractivo electoral, necesariamente abstracto, en contra o a favor del cual cada uno moviliza sus propias razones, valores y emociones. Pero hay más.

Comienzo con una observación. Los comentarios sobre el discurso de Serra se agrupan en dos vertientes. Por un lado, la crítica, explícita o velada, de la supuesta falta de propuestas de fondo, que algunos también extienden al discurso de lanzamiento de la ministra Roussef. Por otro, el énfasis en los puntos de convergencia entre ambos, con énfasis en la "política industrial", con una supuesta "inspiración cepalista", para el "desarrollismo".

Común a ambas vertientes, hay una actitud poco frecuente hasta hace poco entre los analistas de los mercados financieros o electorales. Está relacionada con la incertidumbre de un marco sin precedentes, no sólo por la ausencia de Lula como candidato, sino porque el riesgo electoral es relativamente bajo y con una relativa continuidad de la política económica.

En este contexto, es racional señalar las similitudes, aun a costa de diluir las diferencias. Por otra parte, está la fuerza de la costumbre. El foco en el activismo estatal, inseparable de la buena performance de la economía y la justicia distributiva, siempre ha permanecido en nuestras disputas políticas. Lo que intriga es que esta ecuación sea sacada del fondo del baúl y expuesta como tal, ajena a los cambios en la geografía económica y política internacional y a las nuevas formas en que el país se inserta en este nuevo escenario – que incluye también nuevas responsabilidades políticas.

El discurso de Serra, rompió con esta y otras formas habituales, y trastornó la escena intelectual esperada, allí, acá y acullá. Obliga a unos y a otros a hacer diversos ajustes. Una de las razones es que no se presta a simplemente a un "acuse de recibo", al contrario, obliga a la reflexión e invita al debate. Por eso desconcierta a las mentes y los corazones habituados a utilizar las etiquetas como sustitutos de los análisis.

Aunque son esenciales en cualquier tipo de marketing, no hay cómo negar el peso de la costumbre: los matasellos habían sido erigidos en el recurso retórico más elevado de la disputa política, con funciones de poderoso anestésico intelectual.

Otra razón, de fondo, es que el discurso del precandidato representa un punto de inflexión pertinente. Es muy asequible, despojado de la retórica técnico-económica a que estábamos acostumbrados cuando se trata de legitimar una filosofía de gobierno. Al mismo tiempo, tiene atractivo programático porque se basa en un sistema de valores, que sirve de eje a una visión integral y de largo plazo de nuestra democracia: como un proceso de construcción social – sin dueño, por lo tanto, pero bajo la batuta de los líderes citados desde Tancredo Neves, sobre todo FHC.

Se esté de acuerdo o no, este relato apunta a un cambio histórico doble: el estilo de hacer política de oposición, y como corrección de rumbos en los patrones de competencia electoral.  Pero, ¿en qué sentido "Brasil puede más"?

Hay varios, y abordaré aquí sólo uno de ellos. Antes, sin embargo, es bueno reconocer que la respuesta no se agota en el cobro de un programa a los precandidatos y a los partidos. Es necesario hacer un mapa de los avances y desafíos, concebido como actividad cívica, es decir, como la construcción de una agenda pública, con la participación de analistas, consultores, académicos y líderes del tercer sector, con capacidad de propuestas en sus respectivas áreas.

En este sentido, vale la pena volver a la noción de Estado en otro registro, además de su papel como agente de transformación económica y como principal protagonista de la justicia distributiva. Es el registro del Estado como poder público, cuya forma más elevada es el Estado como Ley por lo tanto inseparable del constitucionalismo liberal.

Es el que mejor pone de manifiesto la vocación democrática de un país. Es en esta dimensión que se encuentran los logros que nos distinguen de una parte de América Latina a las que el presidente Lula hizo su contribución, entre otros. Es desde esta perspectiva, desde la que mejor se observan los brotes de tentación autoritaria, típica de la cultura política de la región.

Tres tendencias características nos acechan , en contraste con los regímenes democráticos plenamente institucionalizados. En éstos, los conflictos se resuelven con las decisiones de las cortes más altas, aceptadas como finales por los intereses contrariados, porque tienen arraigados los procedimientos pre-establecidos como un valor, es decir, como un principio y se ajustan a esa ley, internalizada. En la trayectoria de los países donde prevalece la tentación autoritaria, al contrario, los perdedores se empeñan en rediscutir, a cada vez, los fundamentos de la Ley, y a redefinirla. Por otro lado, en su forma más extrema, los vencedores, se empeñan en re-constitucionalizar el país, desde la perspectiva de sus intereses.

De ahí la inestabilidad intrínseca de esos regímenes y también el segundo elemento. La posibilidad de ejercer influencia efectiva fuera de los canales procesales establecidos, permite que el espacio y los escenarios decisorios en que se da la formación de las políticas públicas sean recreados en cada oportunidad, en cada decisión. La eficacia del proceso decisorio y la continuidad de las políticas públicas quedan comprometidas y afectan la "capacidad de gestión".

La tercera característica es la resistencia de los propios gobernantes a hacer valer la Ley cuando contraría sus objetivos políticos. Si eso ocurre, se ven obligados a justificar sus acciones en términos de sus consecuencias políticas (presuntamente benignas) y abdican de la condición de autoridad constituida. Lo que abre espacio para un nuevo ciclo de "Estado Politizado " típico de América Latina.  

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