El acuerdo de Brasil

El Tiempo
Bogotá, 12 abril 2010
Por Asdrúbal Aguiar

“…  El aporte más sólido que este convenio militar ofrecerá a América Latina es una adecuada dosis de realismo político a la seguridad continental. Realismo para develar lo vacías y retóricas que son las posiciones ideologizadas de Venezuela, Bolivia y demás países… Ahora que Brasil, líder de Unasur, intercambiará tropas, tecnología y arsenal con el Pentágono, se espera que el debate diplomático sobre el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos quede finalmente zanjado”. (Editorial de El Tiempo. Colombia)

En el día de hoy, los gobiernos de Brasil y Estados Unidos firmarán un convenio de cooperación militar, el primero de este tipo entre ambas potencias americanas desde 1977. El pacto binacional tiene el mismo espíritu y naturaleza que el rubricado por el gobierno colombiano con Washington hace ocho meses y que despertó una polémica continental tan agria que resquebrajó las aún hoy maltrechas relaciones entre Bogotá y Caracas.
Los brasileños y el Pentágono crean así un poderoso instrumento jurídico para estrechar sus lazos en el área de defensa. Los dos países profundizarán contactos en materia de cooperación en investigación y desarrollo de seguridad e intercambio de información militar, así como en proyectos y programas tecnológicos e iniciativas comerciales. En otras palabras, el "gran paraguas", como lo calificó Brasilia, contemplaría desde compraventa de arsenales hasta entrenamientos militares conjuntos en el Atlántico Sur.

La noticia de la firma de este acuerdo no generaría tanta expectativa si Brasil, junto con otro puñado de naciones suramericanas, no hubiera liderado hace pocos meses la carga de críticas a Colombia por haber pactado con Estados Unidos un marco similar de cooperación. El gigante regional ha sido enfático en aclarar las "diferencias" con el acuerdo entre Bogotá y Washington: no habrá acceso de militares estadounidenses a bases brasileñas; su presencia no será permanente, ni tampoco estarán cubiertos por inmunidad como protección ante la justicia local.

El mensaje del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva sería entonces que, mientras no haya bases incluidas, cualquier acercamiento con Estados Unidos sobre asuntos de seguridad es válido. Postura muy diferente de la de aquellos países como Venezuela, que acompañaron su rechazo al convenio de nuestra nación con específicas retaliaciones comerciales. Por eso, con ironía, el ministro colombiano de Comercio, Luis Guillermo Plata, afirmó: "Ahora que Brasil tiene un acuerdo de defensa con E.U., me imagino que se cerrará el comercio con ese país". Si bien por su tamaño e influencia, el coloso suramericano seguramente no teme duras reacciones de nadie en el vecindario, en términos diplomáticos la cancillería brasileña tendrá mucho que explicar en los próximos meses.
Pero no se trata de crucificar a esa nación como la gavilla subcontinental lo hizo con Colombia.

El mismo derecho que le asistió a Bogotá en el diseño del convenio de las bases hoy le asiste a Brasilia en sus tratos con el Pentágono. Mientras que para la primera la lucha contra el narcotráfico es un aspecto esencial de su política de seguridad doméstica, para la segunda un acuerdo militar con la superpotencia le asegura espacios para desplegar su papel de líder regional. Tras varios meses de "rebeldía" al apoyar el programa nuclear iraní y estimular al bloque "antiyanqui" de Venezuela, Lula hace un gesto de acercamiento a Washington y le ofrece un instrumento diplomático que ambos países buscaban desde hace más de tres décadas.

El aporte más sólido que este convenio militar ofrecerá a América Latina es una adecuada dosis de realismo político a la seguridad continental. Realismo para develar lo vacías y retóricas que son las posiciones ideologizadas de Venezuela, Bolivia y demás países, que quedarán convenientemente silenciadas cuando el más poderoso gobierno de izquierda de la región pacta con el "demonio" yanqui en asuntos militares. Ahora que Brasil, líder de Unasur, intercambiará tropas, tecnología y arsenal con el Pentágono, se espera que el debate diplomático sobre el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos quede finalmente zanjado.

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