Bolivia: elecciones autonómicas y el peso del poder.

Infolatam
La Paz, 31 de marzo de 2010
Por Jorge Lazarte

(Especial para Infolatam).- “… A corto plazo estas elecciones forman parte de la estrategia del MAS de rematar su apuesta de tener el “poder total”. Una vez que domina el poder de las instituciones fundamentales del Estado “plurinacional”, ahora su propósito es extender este dominio al ámbito de los poderes regionales, particularmente de la “media luna”, que hasta hace menos de dos años lo tuvo al gobierno acosado”.

En perspectiva, las elecciones del próximo 4 de abril serán las primeras con la nueva Constitución Política pero también serán las primeras elecciones regionales en la historia del país. Según el nuevo régimen de autonomías se elegirán principalmente gobernadores y asambleas departamentales del nuevo Estado "plurinacional" .

No deja de ser una paradoja que sea bajo el gobierno del Movimiento al Socialismo(MAS), fuertemente centralista- y que en su momento se había opuesto frontalmente a las autonomías regionales contra las que llamó a votar en un referendo- el que tenga lugar este proceso, ahora alentado por él, que se apoderó de la idea hasta buscar aparecer más autonomista que sus clásicos rivales autonomistas.

Sin embargo el diseño institucional de todo el régimen de autonomías es mucho más que las autonomías regionales o municipales, e incluye varios otros niveles de gobierno, entre ellos el más temerario que es el de las autonomías territoriales indígenas. Normalmente la elección de las nuevas autoridades autonómicas debería ser un hecho posterior a la aprobación de la ley de autonomías. Esta ley no existe, y el gobierno sigue dudando respecto a cómo armar la cuadratura. Las autonomías nacen con constitución pero sin leyes de aplicación. Es el experimento boliviano.

A corto plazo estas elecciones forman parte de la estrategia del MAS de rematar su apuesta de tener el "poder total". Una vez que domina el poder de las instituciones fundamentales del Estado "plurinacional", ahora su propósito es extender este dominio al ámbito de los poderes regionales, particularmente de la "media luna", que hasta hace menos de dos años lo tuvo al gobierno acosado.

Para ello el MAS no sólo ha continuado con el uso no controlado de los recursos del Estado, sino que ha cooptado a líderes de clase media, y a no pocos hasta hace poco adversarios del gobierno, siguiendo su estrategia de reconquistar a la clase media, en perjuicio de su base indígena, una vez más descolorida. En este empeño de ganar votos llegó hasta la frivolidad, haciendo palidecer la herencia de los partidos tradicionales cuando aún creían que el país les pertenecía.

Con el propósito de avanzar en las regiones que le fueron hostiles, el gobierno hizo campaña alegando que requiere de gobernadores de "confianza" con el "cambio", dando a entender que las inversiones dependerán de los resultados. Esta línea de acción puede entenderse como una presión indebida sobre los votantes no masistas.

Evo Morales tuvo que intervenir directamente en la campaña (y puede hacerlo porque en realidad no gobierna) presentando como "sus" candidatos a candidatos masistas de confianza pero ignorados por la población. En la propaganda electoral pareció que el candidato fuera él. Ratificando la calidad fuertemente personalizada del "proceso de cambio", desde el MAS se aseguró que votar por los candidatos oficialistas es votar por el Presidente. Este proceder vertical le ha creado problemas con su base social convencida de que el gobierno es de los "movimientos sociales", como suelen repetir como letanía desde Palacio. Más de uno terminó en sollozos.

Pero como es dudoso que se produzcan esas trasferencias automáticas de votos, la oposición tenía un buen punto de partida, que sin embargo no pudo aprovecharlo. Aplastada nacionalmente en las elecciones de diciembre del 2009, no ha tenido tiempo para recuperarse ni organizar convenientemente la campaña. Sin recursos, sin ideas, ni estrategia, se presentó en orden disperso más para hacer acto de presencia que para disputar seriamente al MAS el dominio político. Desde que por primera vez fuera golpeada hace dos años, no atina a encontrar el camino para hacer frente con cierto éxito a un adversario común.

Sin liderazgo nacional, con muchos dirigentes en estampida, el carácter de elecciones regionales y locales ha terminado por dislocarla, Sabiendo que no pueden contra el candidato oficialista, han intentado hacerlo contra el adversario del mismo campo con el fin de salvar por lo menos los muebles. Teniendo en cuenta la formula de elección de mayoría simple en todos los departamentos, excepto en la gobernación de Santa Cruz, presentar más de un candidato puede favorecer ciertamente la victoria del gobierno. Los opositores saben que es así pero no pueden impedirse hacerlo porque su desafío es existencial, que es seguir existiendo en los poderes locales. Nada dice que el resultado les sea favorable.

La oposición está tan desprovista- con alguna excepción- que aún allí donde las fuerzas del oficialismo se dividieron, abriendo un optimismo aritmético razonable, no pudo hacer un buen papel. Así pues, toda la política boliviana está contaminada de pequeñeces en medio de la borrasca.

Sin embargo, al lado de este proceso electoral desteñido, hubo otro más que hizo más impacto, que es la puesta en marcha del poder ya adquirido. Con la fidelidad de su bancada en el parlamento, el MAS pasó a la fase en la que lo que era antes arbitrario ahora puede ser legal, aprobando leyes que violan el debido proceso. En este entusiasmo guillotinezco contra opositores, muchos de ellos no santos, se envolvió al Cardenal, que es una figura moral indiscutible, pero que dado el proceso electoral las autoridades políticas se apresuraron en desmarcarse.

Estas licencias están amparadas en la nueva Constitución, y la violación de los principios del derecho como la irretroactividad de las penas ha sido defendida con el argumento que es lo que el  "pueblo soberano" ha votado. Este proceso de desmontaje del Estado de derecho, que es la política diaria y de largo aliento, ha acompañado y eclipsado el proceso electoral.

En suma, una campaña electoral desteñida a pesar de su importancia, y subalternizada por las decisiones del gobierno, muchos de cuyos miembros sólo ven en ella no la entrada a una nueva época de redistribución de poder que favorezca a las regiones, sino una oportunidad para satisfacer la gula de poder.

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