Brasil: el gigante comercial de América Latina
Infolatam
Madrid, 17 de marzo de 2010
Por Federico Steinberg
(Especial para Infolatam).- “…Brasil es uno de los países más importantes de la OMC. Su liderazgo en las exportaciones agrícolas, su compromiso con las instituciones multilaterales y el prestigio de su servicio diplomático lo han convertido en uno de los países clave en las negociaciones de la Ronda de Doha, por encima de China y Japón y al mismo nivel que la India, Estados Unidos y la Unión Europea. Por todo ello, Brasil continuará jugando un papel internacional cada vez más relevante tanto en el comercio mundial como en el sistema político internacional.”
Parece que el comercio mundial podría estar recuperándose a mayor velocidad que la producción. Si estas buenas noticias se confirman el conjunto de América Latina podría salir beneficiada. Sin embargo, Brasil podría obtener ganancias muy por encima de la media de la región. Este breve artículo explica por qué.
Brasil es uno de los miembros más activos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y uno de los países que más rápidamente ha abierto su economía en los últimos años (su tasa de apertura – importaciones más exportaciones sobre el PIB — ha pasado del 18% en los años noventa a cerca del 30% en la actualidad). A pesar de que sólo es responsable del 1,2% de las exportaciones mundiales es el mayor exportador agrícola del mundo y una de las potencias emergentes que más inversiones directas recibe. Los productos agrícolas suponen casi el 50% de sus ventas al exterior y es el primer exportador mundial de café, azúcar, tabaco, soja y zumo de naranja.
Sus principales socios comerciales son Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, pero en los últimos años ha reformado sus lazos comerciales con las economías emergentes de Asia, África y Oriente Medio, así como con sus vecinos del MERCOSUR. También, ha hecho un importante esfuerzo por diversificar sus exportaciones más allá de los productos primarios y aumentar su valor añadido, lo que le ha permitido tener empresas multinacionales líderes en sectores como la aeronáutica o la energía, que tienen una creciente presencia internacional.
Pero en términos de política comercial Brasil es mucho más que eso. Fue uno de los principales artífices de la creación de la OMC en 1995 y es, junto a India la potencia emergente que utiliza de forma más activa y astuta el marco regulatorio que fija la organización (ha llevado y ganado casos al tribunal de resolución de conflictos de la OMC y conoce como ningún otro país emergente los detalles técnicos de los procedimientos anti-dumping). Además, es junto a India y China el líder del grupo de países emergentes de la OMC.
El principal interés comercial de Brasil es acceder plenamente a los mercados agrícolas de los países ricos, lo que requiere de la eliminación de los aranceles y los subsidios (tanto a la producción como a la exportación) en todos ellos. Además, al igual que los demás países emergentes, Brasil reivindica que los países ricos reduzcan o eliminen tanto sus aranceles pico como sus aranceles progresivos. Los primeros son aquellos que se encuentran muy por encima de la media porque están destinados a proteger "productos sensibles", es decir, productos en los que un poderoso sector ha tenido éxito reclamando protección a su gobierno (suele tratarse de productos agrícolas y textiles). Los segundos son aranceles que se incrementan en función del nivel de valor añadido que incorporan las importaciones que entran en los países avanzados. Esto significa que las materias primas y los productos poco elaborados provenientes de países como Brasil tienen bajos aranceles, pero que éstos se incrementan rápidamente en cuanto se vuelven bienes más sofisticados, por ejemplo alimentos procesados. Este tipo de protección es perjudicial para el crecimiento porque, al introducir un desincentivo a la innovación para aumentar el valor añadido de las exportaciones, dificulta la diversificación de la oferta productiva.
Además, Brasil está especialmente interesado en que la OMC le permita realizar una política industrial activa, concediéndole libertad para promover sus industrias nacientes. Por ello, se opone a reducir sus aranceles en productos manufactureros hasta que sus industrias estén preparadas para competir en los mercados internacionales, algo que ya ha ocurrido en algunos sectores aunque no en todos. Esto supone que su perfil de proteccionismo en manufacturas todavía sea elevado, especialmente cuando se lo compara con los de los países avanzados (el arancel manufacturero promedio de Brasil está algo por encima del 10%, unos ocho puntos por encima que el de los países ricos). Asimismo, aunque durante la última década ha abierto su sector servicios a las inversiones extranjeras es reacio en avanzar más en esta dirección porque está consolidando algunas empresas punteras en distintos servicios de alto valor añadido y prefiere mantenerlos protegidos de la competencia extranjera.
En definitiva, Brasil es uno de los países más importantes de la OMC. Su liderazgo en las exportaciones agrícolas, su compromiso con las instituciones multilaterales y el prestigio de su servicio diplomático lo han convertido en uno de los países clave en las negociaciones de la Ronda de Doha, por encima de China y Japón y al mismo nivel que la India, Estados Unidos y la Unión Europea. Por todo ello, Brasil continuará jugando un papel internacional cada vez más relevante tanto en el comercio mundial como en el sistema político internacional. Nada asegura que vaya a conseguir un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero es prácticamente seguro que tendrá una agricultura cada vez más productiva, que exportará cada vez más materias primas y alimentos (y a mayores precios) a los países emergentes de Asia, que tendrá empresas punteras en la exportación de bioetanol y que será percibido por la comunidad internacional como un actor mucho más cooperativo que China o India, lo que le permitirá ganar influencia mediante su poder blando.

























