La amenaza de un virtual cierre del Congreso
La Nación (Argentina)
Buenos Aires, 28 febrero 2010
Por Eduardo Van der Kooy
“La deserción de un solo senador opositor le permite ahora al oficialismo guillotinar al Senado. La deslealtad de dos o tres diputados de la oposición le habilitaría al oficialismo la posibilidad de inmovilizar la Cámara de Diputados. La Argentina podría convertirse, así las cosas, en una República sin Congreso. El poder no está ya en poder de los Kirchner, pero tampoco está en manos de sus opositores. El poder está vacante , describió con dureza uno de los principales líderes parlamentarios”. (La Nación. Argentina)
….¿Ha ganado el kirchnerismo? El Gobierno perdería cualquier votación tanto en el Senado como en Diputados, pero tiene el recurso del quórum. De hecho, la reunión abortada en el Senado hubiera significado, aun sin Carlos Menem, la derrota del kirchnerismo por 36 a 35, pero no estaba en la oposición el senador número 37, indispensable para que el cuerpo pueda votar. Lo mismo sucedería en la otra Cámara si la oposición no sentara al diputado opositor número 129. El caso de Menem podría repetirse con otros senadores: el francotirador necesita abatir sólo a un senador opositor.
La pregunta que debe hacerse es qué solución habría para conflictos importantes si el Congreso fuera virtualmente cerrado. La Corte Suprema de Justicia debió rechazar varias presiones de los últimos días… para que el tribunal suspendiera los fallos que inmovilizaron las reservas. La Cámara en lo Contencioso Administrativo, que dejó firme esas sentencias, deslizó en su resolución que sólo el máximo tribunal de justicia podía acceder a la suspensión reclamada por el Gobierno.
El Gobierno cayó en el acto sobre la Corte como una cuadrilla de desesperados para que suspendiera temporalmente los fallos que preservaron las reservas. Ninguna de las siete puertas de la Corte se les abrió a los enviados oficiales. La Corte les dijo que no.
La oposición tiene número en el Congreso como para modificar la coparticipación del impuesto al cheque, para reformar el Indec y para cambiar la composición del Consejo de la Magistratura. Varios senadores oficialistas están, incluso, con un pie fuera del kirchnerismo; son cuatro. El cambio del impuesto al cheque sería la primera experiencia de una importante deserción de oficialistas, que no podrán oponerse a un mayor envío de recursos a sus provincias.
Los cambios en el Indec derrumbarían el paraíso artificial en el que se mueven los Kirchner y un nuevo Consejo de la Magistratura debilitaría al Gobierno ante los jueces, que son los que más temores producen entre los que mandan. El quórum es el último y más eficiente recurso que les queda para paralizar a la crucial institución que ya han perdido.
Rastros de la debilidad oficial pueden encontrarse hasta en el discurso. ¿Hubiera criticado Cristina Kirchner a Barack Obama si supiera que es una jefa de Estado considerada por Washington? No. Sabe, consciente o no, que su gobierno importa poco en el mundo. Recientemente, los gobernantes argentinos armaron un escándalo de proporciones porque un subsecretario norteamericano, Arturo Valenzuela, dijo que había escuchado quejas de algunos empresarios sobre la seguridad jurídica en la Argentina. Resulta que ahora una presidenta de la Nación destrató en público al presidente de los Estados Unidos como si esas cosas no tuvieran consecuencias. Las tendrán. Fue el propio Valenzuela el encargado de replicarle a Cristina con el suficiente énfasis como para que aquí se sepa que Washington tomó nota de sus dichos.
La Presidenta habla de un presidente al que alabó y, sin embargo, no dijo nada de la muerte de un prisionero de conciencia en Cuba, Orlando Zapata Tamayo, que perdió la vida en las cárceles del castrismo, entre denunciados tormentos y luego de una larga huelga de hambre. Cuba ni los Castro serán los mismos después de la muerte de Zapata Tamayo; los Kirchner no se notificaron de esa crucial novedad.
Los renovadores Kirchner se aferran como ningún otro al pasado. Al final de siete años de proclamados cambios, la política del peronismo la terminan definiendo Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. Con la bandera de los derechos humanos, ellos consienten indirectamente que dos ancianos sigan gobernando Cuba con los métodos de una insoportable tiranía. ¿No son ellos también, al fin y al cabo, los que plantean en su propio país la inviable y vieja posibilidad de una República sin Congreso? "
Extracto del artículo publicado en La Nación (Argentina)

























