Pensar en la frontera

El Tiempo (Colombia)
Bogotá, 15 febrero 2010
Por El Tiempo (Colombia)

“…ambas naciones (Colombia y Ecuador)  deben entender la compleja situación de una zona limítrofe que involucra tres realidades: la selvática, la andina y la del Pacífico, con comunidades y requerimientos diferentes. En todas, el común denominador es la pobreza y en la mayoría de los casos, el abandono del Estado. En consecuencia, el objetivo central de la nueva etapa debería ser el desarrollo fronterizo, que en el pasado ha tenido más expresión en los discursos que en el terreno. Esta vez, las cosas deberían ser diferentes”.(Editorial de El Tiempo. Colombia)

El abrazo que se dieron la semana pasada en Quito los presidentes Álvaro Uribe y Rafael Correa confirma que ha comenzado una nueva etapa entre Colombia y Ecuador. Atrás han quedado las miradas hostiles y las sindicaciones mutuas, con ocasión del ataque contra el campamento de 'Raúl Reyes' en el área de Sucumbíos, que llevó a la ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países. Ahora lo que hay es un proceso de tender lazos, como lo confirma la reunión que deberán sostener ambos mandatarios en pocos días, cuando tenga lugar en Cancún (México) la cumbre del Grupo de Río.

La importancia de dicho encuentro es bien grande. No solo hay que seguir trabajando en la recuperación de la confianza perdida, sino que existe una larga lista de temas pendientes, en los cuales la cooperación y la puesta en marcha de esfuerzos mutuos son indispensables. Porque una cosa es que las declaraciones públicas hayan dejado de ser ásperas y otra que exista un programa de acciones específicas, que es necesario desarrollar.

De manera que, bien harían los funcionarios colombianos en entender cuál es la lógica de Correa al aceptar una distensión con su vecino del norte, así le parezca inaceptable el ataque militar contra las Farc hace casi dos años. Aunque en Bogotá a veces se oye la tesis de que la presión ejercida con filtraciones de prensa rindió sus frutos, la verdad es que en el inquilino del Palacio de Carondelet pesa mucho más el objetivo de que la presidencia ecuatoriana de Unasur sea un éxito, para lo cual necesita a todos los países de la región sentados a una misma mesa. También hay consideraciones internas nacidas de la relativa impopularidad de mostrarle los dientes a Colombia, al igual que la necesidad de evitar más conflictos para un gobierno que sigue teniendo respaldo, pero que encuentra más dificultades que hace un año.

La crisis económica internacional, la sequía, las movilizaciones de indígenas y de maestros y la difícil labor de controlar al movimiento Alianza País forman parte de las preocupaciones principales de Correa. Por eso, prefiere tener menos roces en el frente externo, lo cual explica no solo los gestos hacia Colombia, sino también hacia Estados Unidos. Pero, al tiempo que eso ocurre, Ecuador sigue comprometido como miembro del Alba, el club de naciones bolivarianas liderado por Hugo Chávez, con quien mantiene un fuerte vínculo. En otras palabras, Quito quiere dejar claro que puede estar con todos, pero que no es de nadie.

En tal sentido, a pesar de la paulatina normalización de las relaciones, hay que reconocer que no habrá una identidad total en los planteamientos. Eso no debería impedir, por supuesto, que la designación de embajadores se pueda hacer con rapidez o que el país vecino levante con relativa prontitud el antipático requisito del certificado judicial, que tanto entorpece el turismo y los negocios.

Y, al mismo tiempo, mal haría Colombia en reducir el tema ecuatoriano a la cooperación militar en la frontera. Es cierto que alrededor de la línea divisoria operan grupos irregulares, alimentados por el dinero de la coca y la existencia de una cultura de la ilegalidad. También es verdad que para combatir a los violentos se requiere la coordinación de las autoridades, como ya ha ocurrido en semanas recientes.

No obstante, ambas naciones deben entender la compleja situación de una zona limítrofe que involucra tres realidades: la selvática, la andina y la del Pacífico, con comunidades y requerimientos diferentes. En todas, el común denominador es la pobreza y en la mayoría de los casos, el abandono del Estado. En consecuencia, el objetivo central de la nueva etapa debería ser el desarrollo fronterizo, que en el pasado ha tenido más expresión en los discursos que en el terreno. Esta vez, las cosas deberían ser diferentes.

 

- Imprimir

Comentar esta noticia