Acuerdos y desacuerdos

La egunda (Chile)
Santiago, 7 febtrero 2010
Por Jorge Edwards

“… Tiene que haber un gobierno y una oposición, en eso estoy perfectamente de acuerdo, pero la posibilidad de que algunos miembros de la Concertación, en razón de sus competencias, de su capacidad, colaboren con el nuevo gobierno en cargos públicos, es algo propio de una democracia del siglo XXI. No es para andarse rasgando por ahí las vestiduras, denunciando maniobras ocultas, torcidas, maquiavélicas·… (La Segunda. Chile)

"… Nosotros llegamos a nuestra crisis de hace ya treinta años precisamente por la polarización extrema, por la división tajante, sin concesiones de ninguna clase, que se había producido en la vida chilena. Basta recordar el lenguaje de aquellos años. La violencia comenzaba en las palabras, en los desfiles, en las consignas que se gritaban a voz en cuello, en los pasquines, y no se sabía hasta dónde podía llegar. Eso nos debería indicar, más allá de toda crisis momentánea, de boinazos y esas cosas, que una atmósfera de convivencia civilizada, de consenso mínimo, es siempre, antes y ahora, necesaria y útil.

… Tiene que haber un gobierno y una oposición, en eso estoy perfectamente de acuerdo, pero la posibilidad de que algunos miembros de la Concertación, en razón de sus competencias, de su capacidad, colaboren con el nuevo gobierno en cargos públicos, es algo propio de una democracia del siglo XXI. No es para andarse rasgando por ahí las vestiduras, denunciando maniobras ocultas, torcidas, maquiavélicas. Sucede en Estados Unidos, donde el Partido Republicano no se extraña y no deja de ser oposición porque Obama haya mantenido en el gobierno a importantes personajes de sus filas, y sucede en Francia, donde los socialistas, que andan hace un rato con el paso cambiado, expulsan a Bernard Kouchner por aceptar la tarea de ministro de Asuntos Exteriores, y no sé qué hacen con Jack Lang. En un país como Chile, que tuvo hace una generación una guerra interna tan virulenta, esos signos transversales, por nombrarlos de alguna manera, deberían ser tranquilizadores y bienvenidos. Lo demás me parece una majadería.

El tema de los acuerdos políticos es diferente del tema de los nombramientos de personas ajenas a los sectores de gobierno. Ahora bien, ¿puede haber una democracia moderna sin tratos entre gobierno y oposición, sin consensos mínimos, sin uno que otro acuerdo esencial? La expresión democracia de los acuerdos puede ser un nombre y puede transformarse en un eslogan, en una consigna, pero si hubo un ambiente así que ayudó a salir de la dictadura, también es posible que un ambiente parecido, equivalente, actualizado, nos ayude a salir del subdesarrollo. Si ustedes creen que lo importante hoy día es la identidad (palabra mágica) de la Concertación, de la Coalición, de todas esas entidades, mi impresión es de que se van por las ramas. Lo que importa de verdad es que Chile, que vive en la crisis permanente del atraso, de la pobreza, de la educación de mala calidad, de la incultura, no pierda la oportunidad del desarrollo, de convertirse en una sociedad más moderna, mas culta, más equitativa, posibilidad que parecería estar a la vuelta de la esquina, pero que se nos podría escapar y esfumar.

Las reacciones de la gente de la Concertación, frente a los pedidos de colaboración y de acuerdos del Presidente electo, más allá de las apariencias, de las formas, han sido claramente diferentes. Unos han levantado muros de contención, defensas casi numantinas, y otros, con reservas, con precauciones, con distingos sutiles, han exhibido un evidente ánimo de colaborar. Se ha ido desde la noción de negar la sal y el agua, propia de nuestra historia pequeña, a la noción contraria. ¿Cuál será la concepción moderna, actual, de progreso auténtico, no de progresismo en las puras palabras? En alguna crónica próxima voy a hablar del Chile que me imagino, de una utopía posible, y por el momento me callo…."

Extracto del artículo publicado en: (La Segunda. Chile)

 

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