El Tijeretazo
El Tiempo
Bogotá, 3 de febrero de 2010
Por El Tiempo (Colombia)
“…En todo caso, la política exterior tiene que asumir el cambio en el clima de las relaciones bilaterales. Es indispensable buscar otros aliados, retomar el discurso multilateral de lucha contra las drogas y evaluar hasta dónde el famoso acuerdo de cooperación militar -el de las llamadas 'bases'- sustituirá a largo plazo la ayuda que ha llegado en la última década dentro del Plan Colombia.” (El Tiempo, Colombia)
Todo indica que la ayuda de Estados Unidos contemplada en el Plan Colombia tendrá un nuevo recorte, cercano a los 55 millones de dólares. Así lo establece el proyecto de presupuesto enviado por el gobierno de Barack Obama al Congreso, que ahora enfrentará el largo trámite legislativo.
Las reacciones han sido negativas por el nada despreciable tamaño del tijeretazo, y en medio de la campaña electoral varios candidatos y congresistas concluyeron, en forma prematura, que la disminución de la ayuda es un fracaso de la diplomacia colombiana, un castigo a los malos resultados de la política antidrogas y hasta una expresión de disgusto por la posibilidad de que haya una segunda reelección de Álvaro Uribe.
En realidad, el ajuste se veía venir. Forma parte de una tendencia de largo plazo y responde a varios factores, como la propia naturaleza del Plan Colombia, que siempre fue concebido como una ayuda temporal: su versión inicial tenía una vigencia de cinco años, que después se prolongó a diez.
No menos importante es la situación actual de las finanzas gubernamentales en Estados Unidos -Obama acaba de anunciar un fuerte apretón- y el surgimiento de otras prioridades en el frente externo, como la guerra contra las drogas en México y el incremento de la presencia estadounidense en Afganistán.
También ha sido determinante la visión del Partido Demócrata, que en los últimos años ha abogado por una reducción de la cuantía militar y de su proporción frente a rubros de índole social. No por coincidencia, un grupo de senadores influyentes -con el presidente del Comité de Apropiaciones, Patrick Leahy, a la cabeza- acaba de solicitarle al presidente Obama una reducción de la ayuda. El Gobierno colombiano y la sociedad en general tienen que asumir esta tendencia de largo plazo como una realidad que obligará al país a continuar la 'colombianización' de algunos de los programas hasta ahora financiados por Estados Unidos.
Desde luego, el que la reducción sea inminente y explicable no significa que sea deseable ni justa. El propio presidente Obama acaba de reiterar que las relaciones con Colombia corresponden a las de un aliado clave. Esa visión debería reflejarse en una estrategia efectiva de la Casa Blanca para superar el momento político difícil y evitar que el pulso entre demócratas y republicanos siga manteniendo en el congelador el TLC con Colombia y alimentando las presiones por mayores reducciones en la ayuda.
Sobre todo cuando algunos de los rubros que van a salir más afectados tienen que ver con la lucha antidrogas y con la fumigación, campo en el que no se han cumplido las metas de erradicación, aunque los resultados mejoraron en el último año.
Será oportuna la visita programada para la próxima semana del ministro de Defensa, Gabriel Silva, a Washington para argumentar que hay una relación entre el recorte de la ayuda y los resultados, que tanto interesan a Washington, en reducción de cultivos ilícitos.
En todo caso, la política exterior tiene que asumir el cambio en el clima de las relaciones bilaterales. Es indispensable buscar otros aliados, retomar el discurso multilateral de lucha contra las drogas y evaluar hasta dónde el famoso acuerdo de cooperación militar -el de las llamadas 'bases'- sustituirá a largo plazo la ayuda que ha llegado en la última década dentro del Plan Colombia.
(Editorial de El Tiempo, Colombia)


























