Chile entra en la OCDE

Infolatam
Madrid, 20 de enero de 2010
Por Javier Santiso

(Especial para Infolatam).- “…la magia de lo logrado por Chile está en esa gran transformación epistemológica lograda por toda una generación de líderes y policy-makers que año tras año, con empeño y pragmatismo, inventaron e implementaron reformas de manera pragmática, sin dejarse deslumbrar por los consejos y modas económicas, apostando a la vez por la apertura comercial y los encajes a los flujos de capitales (en 1991), políticas monetarias ortodoxas y fondos de pensiones privados, al mismo tiempo que políticas sociales y redistributivas imaginativas.”


A
principios de 2010, justo unos días antes de celebrar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Chile se incorporó oficialmente a la OCDE. Esta es una gran noticia para el país y un merecido reconocimiento de su espectacular trayectoria económica y democrática.

Es también una gran noticia para la OCDE que incorpora en su seno otro país emergente más, después de México y Corea del Sur, a mediados y a finales de los años noventa respectivamente. La organización se vuelve así más inclusiva, algo por lo cuál abogó con energía y talento su máximo responsable, el Secretario General Ángel Gurría, desde su llegada a mediados de los años 2000. Su nombramiento ha sido también un hito, siendo la primera vez que un representante de un país emergente, en este caso México, accedía al cargo de máxima responsabilidad en la organización.

La incorporación de Chile en la OCDE ratifica, si fuera necesario, cuánto ha sido el camino recorrido por ese país a los largo de las últimas décadas. En el ámbito económico Chile no dejó de llamar la atención por la consistencia de sus políticas económicas, un reformismo y pragmatismo que sus diferentes gobiernos y dirigentes plasmaron en las áreas tanto comerciales, monetarias, fiscales como sociales. No se cuentan las reformas que desde los ochenta, y luego a lo largo de los noventa y la década actual, el país puso en marcha. Todas ellas ejemplificando una economía política de lo posible que supo desprenderse de los corsés ideológicos, de las obsesiones por los modelos y los paradigmas que tanto daño hicieron en los años sesenta y setenta, hasta desembocar en los callejones sin salida de un golpe de estado en 1973 y luego, a principios de los ochenta, en una de las mayores crisis economías y bancarias padecidas en la región.

El aprendizaje chileno no ha sido por lo tanto sin sus accidentes. Sin embargo la magia de lo logrado por Chile está en esa gran transformación epistemológica lograda por toda una generación de líderes y policy makers que año tras año, con empeño y pragmatismo, inventaron e implementaron reformas de manera pragmática, sin dejarse deslumbrar por los consejos y modas económicas, apostando a la vez por la apertura comercial y los encajes a los flujos de capitales (en 1991), políticas monetarias ortodoxas y fondos de pensiones privados, al mismo tiempo que políticas sociales y redistributivas imaginativas.

Esta economía política de lo posible emuló sin duda otros en la región, empezando por Brasil dónde los dirigentes de la generación de Cardoso y Serra compartieron con los Foxley y Boeninger chilenos, una amistad y estima intelectual por Albert Hirschman, el gran economista asentado en Princeton que tanta influencia (positiva) tuvo sobre estos policy-makers (ver sobre esta transformación económica y cambios Javier Santiso, Latin America's Political Economy of the Possible: Beyond Good Revolutionaries and Free Marketeers, Cambridge, Mass, MIT Press, 2006).

Más allá de los logros económicos también llama la atención con Chile lo alcanzado en el ámbito político y muy particularmente democrático. También llama la atención que 80% de los chilenos estén valorando positivamente, y ello en la recta final de su mandato, a la Presidenta Bachelet, el registro más alto en toda la historia. También su ministro de finanzas, Andrés Velasco, exhibe apoyos muy elevados, y ello a pesar de que el país cierre 2009 con una ligera recesión, absorbiendo el impacto de la crisis global. En la última encuesta Latinobarómetro, realizada a nivel de toda la región, Chile era también uno de los países con mayor apoyo a la democracia (casi 60% de los chilenos piensan hoy en día que la democracia es preferible a cualquier forma de gobierno).

Chile destaca sin duda en el panorama latino-americano. Hoy en día este país incluso llama la atención de todos los países OCDE por haber logrado, por ejemplo, ostentar buenas prácticas fiscales que muchos le envidian en Europa y en los demás países desarrollados. En el período de bonanza de los años 2000 el país puso en marcha una política fiscal contra-cíclica registrando incluso un impresionante superávit con un saldo del sector público de casi 10% del PIB en el año 2007. Cuando llegó la crisis, el país tuvo la capacidad de hacer frente y poner en marcha un impulso fiscal de 3% del PIB, similar a los niveles de los países OCDE, pero ello con una gran diferencia, puesto que Chile lo hizo desde una posición virtuosa, desde niveles excedentarios.

Chile incorpora la OCDE. Se suma al club de los países que como antes México y Corea del Sur ganaron a pulso estar en la organización. Su trayectoria muestra que los países latinos también pueden lucir éxitos y buenas prácticas económicas. Con él la OCDE gana también un nuevo miembro que sin duda seguirá inspirando a sus vecinos latinos pero también ahora a sus pares de la OCDE.

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