Sebastián Piñera mantiene la primera opción
Infolatam
Santiago, 14 de enero de 2010
Por Héctor Soto
(Especial para Infolatam).- “… La Concertación -la coalición política más exitosa de la historia chilena- ha elegido a cuatro gobiernos sucesivos y los analistas dicen que Chile es genéticamente un país de centro-izquierda. Eso ahora podría estar cambiando. Es ahora la primera vez que la centroderecha compite desde la ventaja. Y es también ahora la primera vez que el país está a punto de elegir como presidente a un empresario. La chilena es una democracia que está rompiendo mitos. El año 2000 cayó el mito que impedía a un socialista llegar a La Moneda. El 2006, con la investidura de la presidente Michelle Bachelet, cayó el que bloqueaba el acceso a las mujeres. Ahora un magnate de perfil muy singular, un político pragmático, moderado y optimista, es el que pregunta si en la creciente apertura del país no hay un espacio también para él. Mañana domingo en la noche se sabrá la respuesta”.
Mucho más que las espectaculares carreteras concesionadas que cruzan el país, mucho más que el sostenido crecimiento del ingreso per capita, tal vez el mayor síntoma de modernidad en la sociedad chilena sea la creciente gasificación de las antiguas adhesiones políticas en el electorado. Hoy, a pocos días de la elección de segunda vuelta que pone a los chilenos frente al dilema de si Frei o Piñera, este rasgo pone nerviosos a los comandos y cautelosos a los analistas.
No obstante que casi todas las encuestas siguen dándole un ventaja estrecha pero importante al candidato de la centroderecha, Sebastián Piñera, los vaticinios están muy complicados por la facilidad con que votos suyos a ultima hora se den vuelta y por la teórica posibilidad de que los adherentes de Marco Enríquez Ominami puedan emigrar en masa hacia Eduardo Frei. En tiempos normales estas hipótesis no merecerían consideración alguna, pero en el contexto de la política gasificada -con electores cada vez más autónomos y muy dispuestos a cruzar los muros y las fronteras de lealtad ideológica del pasado- mucho recomiendan tomarlas en serio.
Sebastián Piñera, que tiene la primera opción de quedarse con la presidencia si consigue aumentar en 6 puntos el 44% de los votos que obtuvo el 13 de diciembre pasado, hizo una buena campaña. Piñera es probablemente el más atípico de los líderes de la centroderecha chilena. Tiene una faceta muy dura, porque es uno de los mayores magnates de la región, y tiene otra muy blanda, porque fue adversario del régimen militar y su programa de gobierno está lejos de ser la apoteosis del neoliberalismo. Piñera no es Mrs. Thatcher. Tampoco es autoritarismo pinochetista. Todo lo contrario: el de Piñera será un gobierno pragmático, en muchos sentidos continuista, donde tan importante como el qué será el cómo hacer las cosas. El candidato ha dicho que quiere encarnar "una forma distinta de gobernar" y ha puesto entre sus prioridades la recuperación de la dinámica del crecimiento del país, la generación de 200 mil nuevos empleos anuales y la guerra contra la delincuencia, la pobreza, el narcotráfico y la educación de mala calidad.
Su contrincante, Eduardo Frei, el candidato oficialista que consiguió algo menos que el 30% de la votación en diciembre, es un político moderado que decidió izquierdizar su campaña para atraer al partido comunista y al sector que llegó en tercer lugar en la primera vuelta. Frei nunca logró poner orden en sus filas, tuvo momentos extremadamente complicados en la campaña a raíz de las divisiones internas de la Concertación y jamás consiguió capitalizar el apoyo ciudadano que la presidenta Bachelet (80% de aprobación) se obstinó en endosarle sin mayor éxito. Así y todo, no obstante ser una coalición política dividida y gastada, el oficialismo en Chile todavía tiene gran capacidad de movilización gracias a los partidos del bloque y al intervencionismo del gobierno.
Si bien el miércoles pasado Marco Enríquez, el candidato independiente que desafió a la Concertación, anunció que él en lo personal iba votar por el oficialismo, porque prefería esta opción a un gobierno de derecha, no está en absoluto claro que esta tibia expresión de apoyo favorezca a Eduardo Frei. De una manera u otra sus huestes ya habían tomado sus propias opciones, apoyando a una u otra de las candidaturas del balotaje o decidiendo por último abstenerse. Lo que sí parece claro es que el anuncio perjudicó al propio Enríquez, puesto que fueron muchos los partidarios suyos que repudiaron la negociación entre cuatro paredes que precedió a su decisión.
La Concertación -la coalición política más exitosa de la historia chilena- ha elegido a cuatro gobiernos sucesivos y los analistas dicen que Chile es genéticamente un país de centro-izquierda. Eso ahora podría estar cambiando. Es ahora la primera vez que la centroderecha compite desde la ventaja. Y es también ahora la primera vez que el país está a punto de elegir como presidente a un empresario. La chilena es una democracia que está rompiendo mitos. El año 2000 cayó el mito que impedía a un socialista llegar a La Moneda. El 2006, con la investidura de la presidente Michelle Bachelet, cayó el que bloqueaba el acceso a las mujeres. Ahora un magnate de perfil muy singular, un político pragmático, moderado y optimista, es el que pregunta si en la creciente apertura del país no hay un espacio también para él.
El domingo en la noche se sabrá la respuesta.


























