La señal que no llega
Infolatam
Bogotá, de enero de 2010
Por Salud Hernández-Mora
(Especial para Infolatam).- “… Su dictamen, que enviará a la Corte Constitucional, no es vinculante, pero sí ejercerá presión sobre los nueve magistrados que deben valorar la constitucionalidad del citado procedimiento. Tendrán noventa días hábiles para sentenciar, pero no se tomarán tanto tiempo dada la presión social por conocer cuanto antes si Uribe estará en el tarjetón del 30 de mayo.
… es imposible realizar la consulta popular sin hacer más trampas de las normales porque las fechas electorales se cruzan. Aún así, son tantas las ganas de tripitir que no se puede descartar nada. Pese a la evidencia de su deseo, el Jefe de Estado sigue empeñado en no despejar la incógnita pero envía innumerables señales”.
El martes, una vez finalizadas las vacaciones navideñas en Colombia, arranca la última etapa del gobierno de Álvaro Uribe, si no consigue prolongarlo. Y comienza con un dictamen crucial para las ansias reeleccionistas del mandatario.
El Procurador General, Alejandro Ordóñez, emitirá su concepto sobre el trámite del referendo para cambiar la Constitución y permitir que el Presidente se suceda a sí mismo. Si bien pocos dudan de que el proceso estuvo plagado de irregularidades, otra cosa es que un funcionario escogido por las bancadas uribistas esté dispuesto a ir contra ellas.
Su dictamen, que enviará a la Corte Constitucional, no es vinculante, pero sí ejercerá presión sobre los nueve magistrados que deben valorar la constitucionalidad del citado procedimiento. Tendrán noventa días hábiles para sentenciar, pero no se tomarán tanto tiempo dada la presión social por conocer cuanto antes si Uribe estará en el tarjetón del 30 de mayo.
Incluso si baten récord de rapidez y dan su luz verde a mediados de febrero, como algunos apuntan, es imposible realizar la consulta popular sin hacer más trampas de las normales porque las fechas electorales se cruzan. Aún así, son tantas las ganas de tripitir que no se puede descartar nada. Pese a la evidencia de su deseo, el Jefe de Estado sigue empeñado en no despejar la incógnita pero envía innumerables señales. La última, hace unos días, cuando le preguntaron qué pensaba de editoriales en The Economist, Washington Post o El País que le aconsejaban retirarse.
Respondió que había recibido en su Blackberry, a las cuatro de la mañana, demostrando de paso que es el trabajador incansable que tanto gusta al pueblo, un mensaje que le conmovió: "Presidente, hoy hablan del tema del referendo y no dijeron nada cuando Colombia se desangraba por la violencia". En fin, que ningún obstáculo que no sea infranqueable le desviará de su camino.
Entretanto, sus potenciales sucesores hacen juegos malabares para que los votantes les tomen en serio. Son conscientes de que sus campañas parecen de mentira hasta que Uribe resuelva su famosa "encrucijada del alma" puesto que en todas las encuestas contra el Presidente son liliputienses. Y encima, en su afán por contrarrestar el poderío presidencial, cometieron errores de libro. El liberal Rafael Pardo, el socialdemócrata Gustavo Petro y el derechista Germán Vargas se pasaron meses hablando de unas primarias entre ellos para terminar descartándolas por falta de entendimiento.
Pardo ahora confía en la fuerza de su partido, uno de los dos tradicionales, pero su carisma es nulo y el prestigio de su formación política está en franca decadencia. Petro lucha contra los elementos porque la vieja guardia de su partido, el Polo, aún no digiere que el senador le derrotara en las primarias internas, y en Colombia las opciones de un ex guerrillero son mínimas. Vargas hace lo que puede pero suena poco convincente. Era uribista y sigue jurando fidelidad a la causa, pero al ser contrario a la reelección pierde apoyos de los sectores gubernamentales y su mejor posibilidad, la de disputar con Pardo el apoyo liberal, se desvaneció.
Noemí Sanin recorre el país como los demás, sin pena ni gloria, y sólo hasta el 14 de marzo, la misma fecha de las legislativas, sabrá si gana la consulta conservadora. Si vence se jugará la partida definitiva contra el ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, en el banquillo de suplentes porque apostó por aspirar sólo si su ex jefe no lo hacía. Y cuando lo haga, si es que no va, tendrá poco tiempo para recordar que existe.
Queda el independiente Sergio Fajardo, que arrancó con fuerza pero perdió gas con el paso del tiempo. Dejó al descubierto sus miserias al ser incapaz de armar una buena lista para Senado y Congreso.
Todos, incluidos los ex alcaldes de Bogotá Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, bautizados como los tres tenores y que han cometido cuanta torpeza estratégica imaginarse pueda, empiezan el 2010 como terminaron el 2009: mirando al palacio presidencial en espera de una respuesta.

























