Lula podría convertirse en el agente clave del cambio climático en 2010

Infolatam
Madrid, 4 de enero de 2009
Por Paul Isbell

(Especial para Infolatam).- “…de todos los dirigentes del mundo en desarrollo y emergentes, el que tiene más capital político entre los países de la OCDE – para no hablar de los BRIC o de los pobres del mundo – es Lula. En Copenhague, Brasil se comprometió a reducir sus niveles de CO2 en un 38 a 42 por ciento en 2020, y goza al mismo tiempo de una posición de liderazgo en el impulso de las energías renovables y una posición privilegiada como crucial mediador con la industria del petróleo y el mundo en desarrollo.”

De todos los acontecimientos dignos de mención que podrían desarrollarse en la escena energética de América Latina en 2010, el más interesante será la posible transformación de presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en el agente clave en el mundo sobre el tema climático durante su último año de gobierno.

Durante la reciente cumbre de Copenhague, Lula insistió en la sustitución del Protocolo de Kioto con un tratado internacional vinculante y en el cumplimiento de los objetivos del plan de trabajo establecidos en Bali. Defendió los derechos de clima de los que viven en el mundo en desarrollo, y exigió mucha más asistencia para los pobres del mundo, en los esfuerzos tanto de mitigación como de adaptación.

Lula estaba reunido con los chinos y los indios cuando el presidente de EE.UU., Barack Obama, irrumpió en una sesión de negociación en Copenhague que tenía lugar entre los grandes países emergentes (pero sin los EE.UU.). Lula y su equipo brasileño fueron fundamentales en la lubricación de las negociaciones que produjeron el un tanto injusta, pero ciertamente muy difamado "Acuerdo de Copenhague." Cuando Lula insistió en mayores compromisos de financiación de los países desarrollados en Copenhague, puntualizó la demanda con el anuncio de que Brasil no buscaría financiación para sus propios esfuerzos y que podría incluso contribuir a la financiación del proyecto global.

De hecho, de todos los dirigentes del mundo en desarrollo y emergentes, el que tiene más capital político entre los países de la OCDE – para no hablar de los BRIC o de los pobres del mundo – es Lula. En Copenhague, Brasil se comprometió a reducir sus niveles de CO2 en un 38 a 42 por ciento en 2020 (cuando se mide en la tendencia "business as usual"), y goza al mismo tiempo de una posición de liderazgo en el impulso de las energías renovables y una posición privilegiada como crucial mediador con la industria del petróleo y el mundo en desarrollo. No sería sorprendente en absoluto si los esfuerzos de negociación de Lula y Brasil demuestran ser cruciales en el intento de lograr un tratado internacional de cambio climático a finales de 2010.

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