Cero a la izquierda

El Universo (Ecuador)
Quito, 4 enero 2009
Por Simon Pachano

“.. Históricamente, la izquierda fue la impulsora de la democracia, pero su expresión criolla parece no solamente haber olvidado esos orígenes sino que quiere tomar la mayor distancia posible de ellos. Al llenarla de calificativos (burguesa, liberal, formal) y al establecer formas no democráticas de organización del Estado y la sociedad (como el Consejo de Participación Ciudadana), lo único que hace es regalarle a la derecha un mérito que históricamente no le corresponde”. (El Universo. Ecuador) 

Uno de los aspectos que debe ser destacado en un balance de los tres años de revolución ciudadana es su ubicación política. El aspecto ideológico es uno de los dos patos feos en este tipo de ejercicio (el otro es la cultura, que ocupa espacios marginales, y de eso no se salva este artículo). El hecho es que tanto el Presidente como sus seguidores se han ubicado en ese lado del espectro. Además, en uno u otro momento, por las oficinas gubernamentales han pasado prácticamente todas las organizaciones de izquierda del país. Por consiguiente, habría razones para considerarlo como un gobierno de ese signo.

Pero, como decía el viejo Marx (no el joven, porque desde Althusser en adelante a ese le acusan de no ser marxista) los hombres no son lo que ellos dicen que son sino lo que demuestran sus acciones. Entonces, para comprobar si es un gobierno de izquierda, habría que evaluar esas acciones. Pero previamente hay que tener algún criterio acerca de lo que significa ser de izquierda y de las tareas que se esperarían de ella en el ejercicio gubernamental.

Dado que el tema es complejo y el espacio corto, la mejor manera de hacerlo es por comparación. Esto significa poner a la revolución ciudadana frente a sus antecesores, a los de la banana república y de la no república para tratar de encontrar las diferencias. El resultado que se obtiene es que predominan las semejanzas, e incluso que en muchos casos se han profundizado y sofisticado las prácticas de quienes campearon en aquellas largas y oscuras noches. Pero más allá de eso, que ha sido destacado por muchas personas a lo largo de estos tres años, es en el aspecto ideológico en donde no se encuentra un mínimo asomo de pensamiento de izquierda en las filas altivas y soberanas.

Históricamente, la izquierda fue la impulsora de la democracia, pero su expresión criolla parece no solamente haber olvidado esos orígenes sino que quiere tomar la mayor distancia posible de ellos. Al llenarla de calificativos (burguesa, liberal, formal) y al establecer formas no democráticas de organización del Estado y la sociedad (como el Consejo de Participación Ciudadana), lo único que hace es regalarle a la derecha un mérito que históricamente no le corresponde. Por todo ello ha sido incapaz de ponerse a la altura de los tiempos y de sustentar principios como la tolerancia y el pluralismo, que son atropellados cada sábado y en cada intervención presidencial a vista y paciencia de sus seguidores. Los atropellan también los canales estatales, que muy sueltos de palabra vetan a quienes consideran críticos u opositores.

Finalmente, al dejar todo el proceso sujeto a la voluntad de un caudillo que se aferra a valores conservadores -como dejó claro en el tratamiento de temas como el aborto y la opción sexual, y como lo reafirmó en Oxford-, la izquierda se convierte en responsable del retroceso en la consolidación del Estado laico.

Como para un cero a la izquierda en el balance final.

Artículo publicado en El Universo. Ecuador

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