Elección indecisa hasta el último momento

El Mercurio (Chile)
Santiago, 3 de diciembre 2010
Por El Mercurio (Chile)

“Contra lo que muchos estiman, la elección del 17 de enero no está definida. Lo prueba así el que Frei, pese a la posición desmedrada en que quedó el 13 de diciembre, ha logrado prevalecer en gran parte de la agenda pública, mientras Piñera, aparentemente, está en una tarea mucho más silenciosa, de captación del voto rural y de otros sectores en comunidades menores, pero sin protagonizar esta etapa de la segunda vuelta. Está por verse qué curso seguirá en las siguientes dos semanas claves de enero”. (sigue) (El Mercurio. Chile)

Cabe preguntarse si la sensación de triunfo que Piñera logró el 13 de diciembre pasado, al obtener 14 puntos de ventaja sobre Frei -casi 50 por ciento más que lo esperado-, es o no realmente definitoria de la próxima Presidencia. Para remontar esa situación, Frei necesitaba dar pasos audaces. Y los dio: hoy, con un equipo cuya cúpula proviene enteramente de La Moneda -Tohá, Carvajal, Aleuy-, tiene mayor libertad de movimientos y menor compromiso con los partidos que en la primera vuelta, con un equipo en el que predominaban personas que ejercían la dirección de las respectivas colectividades concertacionistas.

Pero esta semana, las renuncias de los presidentes del PR y del PPD aparecen como un problema para Frei. Para lograr el concurso de Enríquez-Ominami, cuyo blanco real es el presidente del PS, debió dejar en libertad de acción a éste y al presidente de la DC, que no creen que sus renuncias arreglen nada a estas alturas.

Y si Enríquez-Ominami persiste en su proyecto político propio, no puede entregar tal apoyo formal, que le significaría un costo quizá irreversible. No darlo, sin embargo, también lo tiene. Su dilema es dificilísimo.

Frei, de reconocida tenacidad, se impuso así parcialmente a los partidos, pero no tiene la garantía de que las bases partidistas -que representan la organización capaz de realizar el trabajo en terreno y, específicamente, de aportar los apoderados de mesas para defender cada voto- respondan con entusiasmo en la quincena determinante que ahora comienza. Es impensable que esa estructura de partidos pudiere no ser considerada en absoluto por la campaña de Frei, o estimada como algo indeseable, que encarne en sí misma la continuidad de los 20 años anteriores. El gran interrogante de la campaña freísta es ahora cómo cristalizará ese difícil equilibrio, por el cual el ex Presidente concertacionista pueda plantearse como la innovación, pese a que la suya es hoy una candidatura integralmente oficialista, conducida no por un equipo propio, sino por quienes hasta hace pocos días ocupaban los cargos más determinantes en la sede del Gobierno.

Así, quien pierda o gane será La Moneda actual, esto es, la continuidad estricta de Bachelet como tal, por intermedio de las figuras de su máxima confianza, que no personifican a los partidos concertacionistas. Éstos, entretanto, aparecen anatematizados por Frei, y Escalona -invariablemente fiel a la gestión más dura de la Presidenta Bachelet- resulta la principal víctima de todo este proceso. La señal que se proyecta para un futuro gobierno suyo es que los díscolos recibirían mayor "premio" que los disciplinadamente alineados con La Moneda.

Consenso en un Chile con cambios y mejor. ¿Cómo?

En el presente ánimo ciudadano, todos concuerdan en la necesidad de un país distinto, con cambios y mejor. Hay obras en cuya conveniencia y utilidad todos concuerdan, como -caso paradigmático- una nueva línea del Metro. Pero ésta, realizada por el siguiente gobierno y financiada con recursos generados bajo la nueva administración, ¿a quién puede adjudicarse políticamente? ¿Al candidato oficialista? ¿A la actual Presidenta y su equipo? ¿Al futuro Presidente que la inaugure?

Pareciera que la ciudadanía coincide en que las cosas sensatas pertenecen a todos. Así, en su hora, la reforma procesal penal fue votada transversalmente, como también lo fue la reforma previsional. Hoy, la población valora prioritariamente la capacidad de gestión para resolver los problemas que la agobian, a cuyo respecto en los últimos años hay progresos magros. Destacan aquí los casos de la delincuencia triunfante; de los ineficientes sectores de justicia, salud y educación; de la captura del Estado por grupos de poder -escandalosamente ejemplificada en estos días por la huelga de Chuquicamata, por la que han salido a luz sistemas privilegiados, con dinastías sindicales que se transmiten de padres a hijos beneficios fuera de toda proporción racional o ética.

El debate con que así concluyó 2009 alude a una suerte de corrupción institucionalizada y generalizada -con la Contraloría constituyéndose en el Ministerio del Interior esta misma semana, por ejemplo-, pero eso deriva a su vez de una mala gestión del Estado que no ha querido ser corregida, por los intereses creados que afirman el statu quo .

Profundamente debilitada ya la confianza pública en el funcionariado estatal, es indispensable que éste experimente un cambio de gestión enérgico y creíble. El candidato Piñera debe subrayarlo así en estas dos semanas, sin dar por sentado que la elección ya está resuelta. Ella estará abierta hasta el último día, y el porcentaje de electorado que actualmente decide una elección presidencial es hoy tan pequeño, por la estabilidad de los dos grandes bloques, que cualquier variación puede ser determinante. No parece esperable que haya grandes variaciones en tan breve lapso, pero sí puede haberlas menores -y decisivas.

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