El beneficio de las situaciones extremas
Infolatam
Quito, 21 dici8embre 2009
Por Simon Pachano
(Especial para Infolatam).- “… Resulta insólito y genera muchas dudas la supuesta rebelión que se ha producido en torno al proyecto de ley de comunicación enviado por el Ejecutivo. Aparentemente existirían algunos asambleístas de Alianza País que no están de acuerdo con la creación de un Consejo encargado de regular y controlar a los medios, así como con otras disposiciones contenidas en el proyecto. Esa discrepancia explicaría el aplazamiento del debate del proyecto dispuesto por el presidente de la Asamblea Nacional”.
Doble triunfo
La culminación del proceso de primarias arrojó dos espléndidos resultados, de un lado le dio al país el candidato, Henrique Capriles Radonski, que tendrá la enorme responsabilidad de conducir la campaña electoral contra Hugo Chávez y derrotarlo y, del otro lado, la descomunal participación popular en el proceso de primarias, que no tiene ningún precedente en Venezuela. (Tal Cual. Venezuela)
Doble triunfo
La culminación del proceso de primarias arrojó dos espléndidos resultados, de un lado le dio al país el candidato, Henrique Capriles Radonski, que tendrá la enorme responsabilidad de conducir la campaña electoral contra Hugo Chávez y derrotarlo y, del otro lado, la descomunal participación popular en el proceso de primarias, que no tiene ningún precedente en Venezuela. (Tal Cual. Venezuela)
Llevar a sus partidarios a situaciones extremas, en las que se juega al todo o nada, ha sido uno de los recursos más efectivos que ha tenido hasta ahora Rafael Correa. Haciendo uso de una constante exposición mediática y apoyado en su fuerte liderazgo, ha sido capaz de imponer los puntos de la agenda y marcar el rumbo a seguir. Los legisladores de su partido entendieron cada una de sus propuestas como órdenes inapelables y las acogieron sin discusión. La Asamblea Constituyente trabajó de esa manera y lo mismo venía ocurriendo en el actual órgano legislativo. De esa manera pudo sacar adelante todos sus puntos de vista, incluso en temas -como la minería o los recursos hídricos- que para la mayoría de sus seguidores eran los cimientos del nuevo ordenamiento económico y social.
Por ello, resulta insólito y genera muchas dudas la supuesta rebelión que se ha producido en torno al proyecto de ley de comunicación enviado por el Ejecutivo. Aparentemente existirían algunos asambleístas de Alianza País que no están de acuerdo con la creación de un Consejo encargado de regular y controlar a los medios, así como con otras disposiciones contenidas en el proyecto. Esa discrepancia explicaría el aplazamiento del debate del proyecto dispuesto por el presidente de la Asamblea Nacional.
Si esto es así, sería la primera vez que el Correa encuentra resistencia en sus propias filas y constituiría una alarma para el tratamiento de otros temas. Pero, hay tres elementos que ponen en duda la existencia de esa discrepancia o por lo menos la magnitud que le han dado algunas interpretaciones que ven en ella signos de quiebra interna.
En primer lugar, la historia previa, esa sumisión silenciosa a los dictados presidenciales, es algo más que el encantamiento con la palabra del líder. Constituye básicamente una expresión del utilitarismo (hay quien preferiría llamarlo oportunismo) con que la mayor parte de sus seguidores evalúan la situación actual. La ven como una circunstancia única, que difícilmente podrá repetirse en el futuro inmediato y que depende casi en su totalidad del fuerte liderazgo personal. No están, no han estado hasta ahora, dispuestos a sacrificarla por uno u otro tema específico, aunque estos formen parte del arsenal de sus valores más preciados.
En segundo lugar, ningún asambleísta de las filas del gobierno ha salido a dar la cara frontalmente en el tema. Ninguno de ellos ha sostenido en público la supuesta oposición al proyecto de ley. Han sostenido, eso sí, su apoyo a los valores básicos de la libertad de expresión, pero en el momento de abordar los aspectos concretos han eludido cualquier definición clara. Todo ellos, además, han defendido la creación del Consejo y muchos han sostenido que ese órgano deberá contar con la atribución de clausurar medios en nombre de la seguridad nacional o de argumentos similares. Si existe, se trataría entonces de una rebelión extremadamente silenciosa, y por tanto condenada a morir calladamente frente a un personaje que ha hecho de la palabra su mejor arma.
En tercer lugar, no deja de llamar la atención que el presidente de la Asamblea haya establecido la víspera de la Navidad como la mejor fecha para debatir el proyecto. En las últimas horas de funciones de la Asamblea puede aprobarse de manera expedita cualquier cosa que se presente, como ya se hizo en la Constituyente con excelentes resultados para el proyecto del gobierno. La posibilidad de debate queda anulada de hecho por el imperio de los plazos y, como consuelo, no faltará quien repita que después se podrá reformar lo que sea necesario, como lo han dicho en ocasiones anteriores.
El presidente Correa es quien mejor conoce todo esto y precisamente es ese conocimiento el que le ha impulsado a utilizar nuevamente el recurso tan efectivo de llevar las cosas hasta la situación extrema. Reiteradamente, durante las dos últimas semanas les ha recordado a sus asambleístas que la disyuntiva se mueve entre el apoyo y la traición. Ese fue el único mensaje que emanó de la larga reunión que mantuvo este el lunes de esta semana, en la que el proyecto de ley de comunicación apenas fue mencionado y no hubo una sola voz discrepante.
Ante todo esto, hay que dar credibilidad a quienes sostienen que la explicación más fiable del desconocido ejercicio del libre albedrío de los asambleístas es que se trata de la reacción a la presión de la opinión pública y de los organismos internacionales. Por tanto, no sería el resultado de convicciones profundas sobre la libertad de expresión, sino un efecto de la conveniencia política. Así, no habrá razón para sorprenderse cuando el Presidente llegue a contar con su ley de control de los medios y los asambleístas sostengan -siempre en voz baja- que lo debatieron.

























