Iberoamérica y el casino de Estoril
Infolatam
Salamanca, 16 diciembre 2009
Por Manuel Alcántara
(Especial para Infolatam).- “… La lógica de la integración y de la diplomacia de Cumbres ha terminado por convertirse en un mantra que se articula bajo la idea políticamente correcta de que es “lo que toca”, el único casino donde se puede jugar.
Estoril devino así un lugar perfecto. Incorporado en una rueda de encuentros que se repiten con una periodicidad cada vez más frenética, se arriesgó a caer en una rutina preñada de escasos contenidos.
Este miedo al vacío, que pueden producir las reuniones a alto nivel y el proceloso camino integrador, parece no contemplar que, mientras tanto, la fragmentación avanza como amenaza”.
Es un lugar común en la literatura sobre las democracias establecer que éstas se encuentran consolidadas cuando son concebidas como "el único casino en la ciudad". Esta metáfora, que vincula la perdurabilidad de la democracia al hecho de que sea la única vía posible para organizar la política, apoya una visión de la existencia de democracias por defecto. Se diría que los sistemas políticos democráticos se expanden porque no hay otra alternativa. Es tal el influjo del entorno que resulta imposible escaparse a sus designios. Esa fuerza inercial ha contribuido en gran medida al éxito de la democracia en América Latina durante el último cuarto de siglo.
Con los asuntos iberoamericanos, cuando se abordan de una manera holística, ocurre algo similar. Los diferentes proyectos de integración en las Américas y las fórmulas definidas en clave comunitaria parecen quedar también asumidas por defecto. La integración, el camino hacia el establecimiento de comunidades de países es un horizonte normativo, cargado de enormes dosis de retórica, que oculta un escenario donde predomina lo conflictivo y lo contradictorio. Un panorama, en fin, no lineal.
La cita iberoamericana de Estoril ha venido a recordar la imagen del único casino que, no obstante, da pié a señalar novedades y continuidades.
Una novedad destacable, si se mira con la perspectiva de casi dos décadas del inicio de las Cumbres Iberoamericanas es la proliferación de encuentros de todo tipo. Cuando los Jefes de Estado y de Gobierno iberoamericanos se reunieron por primera vez en Guadalajara (México) en 1991 fue un verdadero hito. Sin embargo, en fechas previas a la cita portuguesa los presidentes latinoamericanos se han encontrado en cumbres, en las que si bien no estaban todos, concernían a la Cuenca del Pacífico, América del Sur, la Amazonía, y, en mayo, volverán a verse todos esta vez con sus pares caribeños y europeos en Madrid; en la primavera pasada ya coincidieron latinoamericanos y caribeños en la cumbre de las Américas en Trinidad, ahora con Canadá y Estados Unidos.
Hoy también es novedad el ascenso neto de Brasil como líder regional y el correlativo descenso de México. Es asimismo novedad la gestación de un eje, inexistente hace una década, de corte bolivariano cuya premisa es el antiimperialismo norteamericano y el alineamiento en torno al oro negro venezolano que supone la apertura de un discurso diferente con un potencial relevante aunque incierto.
Las dos principales continuidades se centran, la primera, en las dificultades de los países latinoamericanos para lograr frenar un golpe de Estado y de reinvertir la situación mostrando una preocupante incapacidad a la hora de restituir en la presidencia de Honduras a Mel Zelaya. La segunda radica en el furibundo nacionalismo vecinal que se atiza fácilmente con cualquier asunto de carácter diferente: sea el bloqueo de un puente fronterizo entre Argentina y Uruguay, sea ahora la tensión militar entre Venezuela y Colombia y el escándalo del espionaje entre Chile y Perú. Aspectos que salpican la actualidad y que se suman a una buena media docena de contenciosos binacionales latentes.
Los países de América Latina gozan de una razonable estabilidad democrática con gobiernos que se ven revalidados periódicamente en el poder mediante las urnas como lo ponen de relieve los comicios que se están llevando a cabo estos días. La crisis económico financiera no les ha golpeado como en otras regiones y épocas, incluso algunos países han mantenido un ritmo de crecimiento sostenido.
Sin embargo, la lógica de la integración y de la diplomacia de cumbres ha terminado por convertirse en un mantra que se articula bajo la idea políticamente correcta de que es "lo que toca", el único casino donde se puede jugar. Estoril devino así un lugar perfecto. Incorporado en una rueda de encuentros que se repiten con una periodicidad cada vez más frenética, se arriesgó a caer en una rutina preñada de escasos contenidos. Este miedo al vacío, que pueden producir las reuniones a alto nivel y el proceloso camino integrador, parece no contemplar que, mientras tanto, la fragmentación avanza como amenaza.


























