SORPRESAS ELECTORALES EN BOLIVIA


Por Horst Grebe

HORST GREBE LÓPEZLas recientes elecciones generales para el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa Plurinacional, así como los referendos autonómicos han tenido algunos resultados inesperados; pero antes de examinarlos es obligatorio poner de relieve la ejemplaridad de la conducta ciudadana que alcanzó un nivel de 95% de participación, a pesar de todas las dificultades que se presentaron en los meses anteriores en materia de empadronamiento. Los cómputos finales otorgan una votación de 64% a la fórmula del Movimiento al Socialismo (MAS) con Evo Morales, seguida de lejos por un 27% para Plan Progreso Bolivia (PPB-Convergencia Nacional) de Manfred Reyes Villa, y magros 6% para Unidad Nacional (UN) de Samuel Doria Medina y 2.3% para Alianza Social (AS) de René Joaquino. Dichas fórmulas son las únicas cuatro que alcanzaron los votos necesarios para conformar la Asamblea Legislativa Plurinacional, y únicamente las dos primeras estarán representadas en el Senado. Las encuestas mostraron una vez más cifras y tendencias equivocadas, y en su mayoría estuvieron muy lejos de los resultados finales. De acá sería sin embargo arbitrario deducir la existencia de fraude; y si lo hubo en pequeña escala, no alteró sustancialmente las distancias entre las cuatro candidaturas, las que han sido en general admitidas por las propias fuerzas que salieron derrotadas. Veamos ahora las sorpresas con mayor detalle. En primer lugar llama la atención que la combinación del voto de Reyes Villa y Doria Medina parece confinado en lo que analíticamente se había anticipado como el segmento de electores que bajo ninguna circunstancia votaría por el MAS (alrededor de un tercio del electorado, ubicado preponderantemente en los Departamentos del oriente). Por su parte, si el MAS contaba con un electorado cautivo equivalente a un tercio de los electores (concentrados en el Departamento de La Paz), los actuales resultados hacen evidente que el despliegue de su campaña le permitió no sólo sumar a su favor a las capas medias urbanas que se mantenían todavía indecisas, sino también a un importante contingente de votantes en los Departamentos de la llamada "media luna" (Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija), superando ampliamente la votación que obtuvo en anteriores elecciones en dichas plazas. Tales resultados deben atribuirse en mayor medida a la incompetencia de las fuerzas opositoras, y en menor medida a la abrumadora campaña del MAS. Parece claro que los graves errores y carencias de las fuerzas opositoras empujaron a votar por el MAS a un potencial electorado de oposición. En efecto, ante la falta de liderazgos idóneos y propuestas programáticas alternativas, la gente prefirió dar su respaldo al esquema político instalado. Para cualquier fin práctico, ahora el campo político boliviano ha quedado ocupado por una sola fuerza. También es verdad que la situación económica excepcional de ingresos crecientes en amplios sectores de la población, la estabilidad monetaria y una percepción de que el país sorteó la crisis económica global de mejor manera que sus vecinos, reforzó la preferencia de voto por el MAS. En esta misma cuenta se debe incluir además el clima permisivo imperante respecto de las actividades económicas informales o claramente delictivas en torno del narcotráfico. En segundo lugar, sorprende el cambio en la conducta general de los electores. En efecto, contrariamente a lo ocurrido en el pasado, esta vez la ciudadanía ha preferido reforzar el poder de Evo Morales. Esto no había ocurrido en diciembre de 2005, cuando junto con el voto mayoritario nacional para el MAS, también se eligieron seis Prefectos opositores. Como consecuencia de tal conducta, el oficialismo ha logrado su objetivo de contar con más de dos tercios en ambas cámaras de la Asamblea Legislativa. Esto le permitirá designar cómodamente a todas las autoridades del sector público y facilitará su influencia determinante en las elecciones del Poder Judicial hacia fines de 2010. Con el impulso de los resultados recientes, nada le impide a Evo Morales mantener activa la campaña para asegurar a su favor los resultados de las próximas elecciones de autoridades departamentales y municipales en abril próximo. Vistas las cosas en conjunto, las elecciones del 6 de diciembre conducen a un sistema político de partido único y a una imbricación creciente entre el MAS y el Estado. Y como el MAS es en realidad un articulador de diversos movimientos sociales, la conclusión más próxima dice que las formas partidarias de mediación entre la sociedad y el Estado están desapareciendo. Los contrapesos institucionales del régimen republicano han sido seriamente debilitados. En el futuro la oposición de opinión será la única vigente, lo que determina que las tensiones que se han presentado entre Evo Morales y los medios de comunicación serán exacerbadas hasta niveles extremos. La sorpresa mayor de estas elecciones consiste por tanto en el inusitado trasiego de la lucha política al campo de la opinión pública.  

HORST GREBE LÓPEZ
Las recientes elecciones generales para el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa Plurinacional, así como los referendos autonómicos han tenido algunos resultados inesperados; pero antes de examinarlos es obligatorio poner de relieve la ejemplaridad de la conducta ciudadana que alcanzó un nivel de 95% de participación, a pesar de todas las dificultades que se presentaron en los meses anteriores en materia de empadronamiento.
Los cómputos finales otorgan una votación de 64% a la fórmula del Movimiento al Socialismo (MAS) con Evo Morales, seguida de lejos por un 27% para Plan Progreso Bolivia (PPB-Convergencia Nacional) de Manfred Reyes Villa, y magros 6% para Unidad Nacional (UN) de Samuel Doria Medina y 2.3% para Alianza Social (AS) de René Joaquino. Dichas fórmulas son las únicas cuatro que alcanzaron los votos necesarios para conformar la Asamblea Legislativa Plurinacional, y únicamente las dos primeras estarán representadas en el Senado.
Las encuestas mostraron una vez más cifras y tendencias equivocadas, y en su mayoría estuvieron muy lejos de los resultados finales. De acá sería sin embargo arbitrario deducir la existencia de fraude; y si lo hubo en pequeña escala, no alteró sustancialmente las distancias entre las cuatro candidaturas, las que han sido en general admitidas por las propias fuerzas que salieron derrotadas.
Veamos ahora las sorpresas con mayor detalle.
En primer lugar llama la atención que la combinación del voto de Reyes Villa y Doria Medina parece confinado en lo que analíticamente se había anticipado como el segmento de electores que bajo ninguna circunstancia votaría por el MAS (alrededor de un tercio del electorado, ubicado preponderantemente en los Departamentos del oriente). Por su parte, si el MAS contaba con un electorado cautivo equivalente a un tercio de los electores (concentrados en el Departamento de La Paz), los actuales resultados hacen evidente que el despliegue de su campaña le permitió no sólo sumar a su favor a las capas medias urbanas que se mantenían todavía indecisas, sino también a un importante contingente de votantes en los Departamentos de la llamada "media luna" (Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija), superando ampliamente la votación que obtuvo en anteriores elecciones en dichas plazas.
Tales resultados deben atribuirse en mayor medida a la incompetencia de las fuerzas opositoras, y en menor medida a la abrumadora campaña del MAS. Parece claro que los graves errores y carencias de las fuerzas opositoras empujaron a votar por el MAS a un potencial electorado de oposición. En efecto, ante la falta de liderazgos idóneos y propuestas programáticas alternativas, la gente prefirió dar su respaldo al esquema político instalado. Para cualquier fin práctico, ahora el campo político boliviano ha quedado ocupado por una sola fuerza.
También es verdad que la situación económica excepcional de ingresos crecientes en amplios sectores de la población, la estabilidad monetaria y una percepción de que el país sorteó la crisis económica global de mejor manera que sus vecinos, reforzó la preferencia de voto por el MAS. En esta misma cuenta se debe incluir además el clima permisivo imperante respecto de las actividades económicas informales o claramente delictivas en torno del narcotráfico.
En segundo lugar, sorprende el cambio en la conducta general de los electores. En efecto, contrariamente a lo ocurrido en el pasado, esta vez la ciudadanía ha preferido reforzar el poder de Evo Morales. Esto no había ocurrido en diciembre de 2005, cuando junto con el voto mayoritario nacional para el MAS, también se eligieron seis Prefectos opositores.
Como consecuencia de tal conducta, el oficialismo ha logrado su objetivo de contar con más de dos tercios en ambas cámaras de la Asamblea Legislativa. Esto le permitirá designar cómodamente a todas las autoridades del sector público y facilitará su influencia determinante en las elecciones del Poder Judicial hacia fines de 2010.
Con el impulso de los resultados recientes, nada le impide a Evo Morales mantener activa la campaña para asegurar a su favor los resultados de las próximas elecciones de autoridades departamentales y municipales en abril próximo.
Vistas las cosas en conjunto, las elecciones del 6 de diciembre conducen a un sistema político de partido único y a una imbricación creciente entre el MAS y el Estado. Y como el MAS es en realidad un articulador de diversos movimientos sociales, la conclusión más próxima dice que las formas partidarias de mediación entre la sociedad y el Estado están desapareciendo.
Los contrapesos institucionales del régimen republicano han sido seriamente debilitados. En el futuro la oposición de opinión será la única vigente, lo que determina que las tensiones que se han presentado entre Evo Morales y los medios de comunicación serán exacerbadas hasta niveles extremos. La sorpresa mayor de estas elecciones consiste por tanto en el inusitado trasiego de la lucha política al campo de la opinión pública.

 

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