Piñera obtiene la primera mayoría y Chile podría entrar a nuevo ciclo político
Infolatam
Santiago, 13 de diciembre de 2009
Por Héctor Soto
(Especial para Infolatam).- Los resultados de la elección presidencial chilena no constituyeron un golpe a la cátedra. Todo discurrió tal como estaba previsto en el libreto de las encuestas. Sebastián Piñera, sin embargo, terminó anoche con una ventaja más cómoda que la anticipada por los sondeos, que lo deja a unos 6 puntos porcentuales del triunfo en segunda vuelta. (sigue)
El 17 de enero Piñera deberá competir con el senador Eduardo Frei y, por mucho que la definición se perfile estrecha, la ventaja que ya tiene es apreciable. A Frei le faltan prácticamente 20 puntos porcentuales para derrotar a su contendor y esa brecha es demasiado grande para un candidato que hasta ahora tuvo un desempeño de regular a malo.
Aunque no haya sido suficiente para que su nombre figurara en la papeleta de enero, la votación cercana al 20% conseguida por Marco Enríquez Ominami tiene mucho de proeza histórica. El candidato independiente, salido del riñón fundador de la Concertación y dueño de una biografía donde el extremismo político de los años 60 se cruza con la renovación socialista de los años 80, puso contra las cuerdas a los dos grandes bloques políticos chilenos.
Hoy todos los analistas reconocen que él es un político joven y con futuro, pero su proyección en gran medida depende de la habilidad con que se maneje en las próximas semanas. Un apoyo no bien fundamentado a cualquiera de los dos candidatos que siguen en competencia podría terminar echando por la borda su capital político.
El triunfo de Sebastián Piñera en esta elección es singular por varios motivos. En primer lugar, porque rompe el sostenido y contundente predominio que el bloque oficialista -la Concertación- ha tenido sobre el gobierno y el sistema político en las últimas dos décadas. Si se tiene en cuenta que tres de los cuatro candidatos que disputaron la elección ayer provenían de la Concertación, no es necesario entrar en profundidades mayores para comprobar que el bloque se está desangrando. Si Piñera logró imponerse es porque, junto con saber aprovechar con cautela esta debilidad del oficialismo, también evitó la tentación de radicalizarse, riesgo que hubiera sido peligroso en momento en que, pese a todo, la Presidenta Bachelet sigue teniendo altísimos niveles de aprobación a su desempeño.
Sebastián Piñera, por otra parte, es un fenómeno político curioso. Ni su carácter ni su trayectoria son coincidentes con el perfil clásico de los líderes de la centroderecha chilena. En efecto, combatió al gobierno militar en la época en que la mayor parte del sector lo apoyó con incondicionalidad y es un sobreviviente de sombríos operativos que, desde el propio sector, intentaron sacarlo del escenario político.
El hecho de que Piñera haya terminado ayer con la primera opción para llegar al gobierno no significa que tenga el camino libre por delante. La próxima jornada electoral será dura y la intención ya declarada del oficialismo es radicalizar al máximo la contienda. Y hay rasgos de Piñera que posiblemente complican a sus estrategas. Por de pronto, es un magnate que está entre los hombres más ricos del país y eso ayuda poco en una sociedad que no tiene las cuentas muy en paz con el éxito económico. El grueso del electorado, por otro lado, según encuestas confiables, lo percibe bastante más a la derecha de lo que indica su trayectoria, tal vez porque es un hombre de fortuna, y como candidato es un hecho que se comunica con el público bastante mejor en la relación personal o en los actos de campaña que en los foros o programas de la televisión. Si este último factor dista mucho de ser grave es porque Eduardo Frei tiene frente a las cámaras un desempeño incluso peor que el suyo.
Al desafiar a la mayoría que en 1990 unió al centro político con la izquierda, mayoría que ya le ha dado cuatro exitosos gobiernos consecutivos a Chile, Piñera ha insistido en que su propósito no es borrar las conquistas sociales y económicas logradas por la población en las últimas dos décadas. Todo lo contrario, ha dicho: su voluntad es extender la protección social a los sectores medios. Pero también ha sido enfático en señalar que su primera prioridad será volver a poner al país a caminar, luego una década de tasas de crecimiento insatisfactorio y de continuas regresiones en materia de productividad y de imaginación creadora.
En cuatro semanas más Chile elegirá al Presidente del bicentenario. Será una elección decisiva entre dos alternativas. Frei llama a la continuidad del proyecto político que comenzó en 1990 con el retorno a la democracia. Piñera llama a salir al encuentro de los desafíos no del pasado sino del presente siglo.


























