El consenso y la confrontación
La Segunda
Santiago, 11 de diciembre de 2009
Por Jorge Edwards
“La Concertación fue una fórmula muy buena para salir de la dictadura: le dio a la transición chilena un sello original, propio, quizá único, pero no hay fórmula política que dure veinte años, así como no hay ideología que dure un siglo y medio. En los últimos años, los independientes, los ciudadanos de a pie, hemos tenido la constante impresión de que el conglomerado empezaba a sentirse propietario del Estado y de la administración…”. (La Segunda. Chile)
"La Concertación fue una fórmula muy buena para salir de la dictadura: le dio a la transición chilena un sello original, propio, quizá único, pero no hay fórmula política que dure veinte años, así como no hay ideología que dure un siglo y medio. Hacer la crítica de la Concertación en su forma actual, en su existencia real de estos días, sería un ejercicio de largo aliento. Me limito a señalar un aspecto especialmente desagradable para alguien que siempre ha votado por esta coalición, pero que nunca ha militado en sus partidos. En los últimos años, los independientes, los ciudadanos de a pie, hemos tenido la constante impresión de que el conglomerado empezaba a sentirse propietario del Estado y de la administración…
…una de las prioridades de hoy es la reforma y la modernización del Estado. Lo dicen todos, tirios y troyanos, pero no sé si alguien quiere darse el trabajo de llevarlo a la práctica.
Uno de los cambios fundamentales que ha tenido la Concertación, a lo largo de estos veinte años, como lo advirtió con su habitual lucidez Edgardo Boeninger poco antes de su muerte, ha consistido en que el centro democratacristiano se ha debilitado y ha crecido el peso relativo del ala izquierda de la coalición. De ahí que la candidatura de Eduardo Frei se escore hacia ese lado y haga toda clase de gestos, incluyendo pactos «instrumentales», dirigidos al mundo comunista. Soy decidido partidario de terminar con la exclusión de sectores, de que haya una representación parlamentaria verdaderamente proporcional, pero esto tiene que lograrse a través de la reforma del sistema binominal. Y me parece que la centroderecha comete un error serio al no permitirlo. ¿Por qué? Porque al proceder en esa forma demuestra intolerancia, rigidez, un reaccionarismo muy poco moderno, y lo único que consigue con eso, a mediano o a largo plazo, es excluirse a sí misma.
…En la polémica política del Chile de ahora, encendida, como es lógico, por el ambiente electoral, hemos vuelto a escuchar tonos confrontacionales, polarizados, de gran hostilidad y aspereza, que habían dejado de escucharse, para suerte nuestra, hacía bastante rato. Parece que el objetivo principal de la izquierda y de la centroizquierda consiste en atajar a toda costa a la derecha, en impedirle por cualquier medio, incluso en sus alianzas con sectores moderados, su llegada al gobierno, por muy breve que sea el período presidencial. Pues bien, en una democracia moderna, el discurso de la izquierda debería consistir, en su filosofía esencial, en tratar de convencernos de que son capaces de hacer las cosas mejor, con más eficacia, con mayor sentido de la equidad y de la justicia, con más llegada a las mayorías del país, que sus adversarios.
…compruebo que hay mucha irritación, que algunos discursos odiosos, además de anticuados, están de regreso, y que la discusión de ideas, de programas, de proyectos nacionales, más bien, con una que otra excepción, brilla por su ausencia. A mí no me ha parecido mal que Sebastián Piñera hable de llamar a su gobierno a personas destacadas de otras tiendas políticas. Son medidas de cajón, obvias, que se practican en las democracias contemporáneas, en Francia, en Inglaterra, en los Estados Unidos, y que a nosotros nos producen una sorpresa y una molestia de provincianos. Puede que sea una maniobra electoral, pero indica también una orientación, una visión determinada, y si hay algún candidato que no haga en este momento maniobras electorales o electoralistas, les ruego que me lo señalen. Tampoco me parece mal que hable de gobierno de unidad nacional, concepto olvidado, pero que podría adquirir nueva vigencia en cualquier momento. No niego, por lo demás, que la candidatura de Enríquez-Ominami trajo un aire moderadamente refrescante, un espíritu de renovación algo escaso de contenido, a la vida chilena. A mis años, claro está, no considero que la juventud sea un valor por sí sola, como parecen creer los seguidores de ME-O…
Para que Chile llegue a ser una democracia moderna, desarrollada, equitativa, tenemos una tarea por delante que compromete a la derecha, al centro y a la izquierda: liberarnos de los integrismos, de los fanatismos, de los lenguajes de la confrontación y de la guerrilla social. No es tarea fácil…".


























