Efectos Colaterales
O Globo
Rio de Janeiro, 2 de diciembre de 2009
Por O Globo (Brasil)
“…Lula ya disculpó a los petistas corruptos y ahora considera que las escenas grabadas en Brasilia tal vez no sean lo que todos entendieron. Si no quisiera parecer incoherente, permanecería callado. Pero admitir que el dinero, de origen como mínimo desconocido, escondido en los calcetines, calzoncillos, embolsado sin pudor, pueda ser algo diferente de un trato entre corruptos y corruptores llega a ser ofensivo para la capacidad de discernimiento de la nación.”(O Globo, Brasil)
El descubrimiento de un tercer sistema de corrupción, después de los construidos en el PSDB y en el PT, ahora estructurado en el DEM, en Brasilia, por el gobernador José Roberto Arruda, para obtener dinero sucio junto a empresas proveedoras del poder público y destinarlo a la compra de apoyo parlamentario, dinero para las campañas y, más probablemente, engordar el patrimonio privado, pone en discusión la capacidad del país de tener una vida pública detro de unos parámetros éticos acpetables. Hay comparaciones emblemáticas de esta tibieza.
Hace días que Suiza acordó devolver a los cofres de Rio de Janeiro los US$28 millones malversados por la cuadrilla del "propinoduto", montada dentro de la Secretaría de Hacienda del gobierno anterior. Al decidir repatriar el dinero, la Justicia suiza se declara convencida de la culpa del exsubsecretario de administración tributaria fluminense Rodrigo Silveirinha y grupo, autores denunciados del golpe.
Pero en Brasil el ritmo es otro: el dinero desembarcará de vuelta en el Galeão (aeropuerto de Rio), y Silveirnha y sus compinches continuarán libres, sin ninguna ejecución final de sentencia. Se da la paradoja de que un país extranjero se convenza de la práctica de un desfalco contra el contribuyente brasileño, mientras aquí poco o nada acontece para castigar a los culpables.
Es un hecho que la denuncia del Ministerio Público contra los 40 supuestos componentes de la "organización criminal" que operó el escándalo de corrupción petista fue aceptada por el Tribunal Supremo Federal. Lo mismo pasó en el caso del tucano de Minas Gerais, donde fue abierto el proceso, también en el TSF, contra el senador Eduardo Azeredo, beneficiario de coimas al intentar ser reelegido gobernador en 1998.
Pero la legislación y la propia ejecución de penas son un desafío en la práctica de justicia de este país. El mal de la impunidad no solamente favorece a los delicuentes de cuello blanco, ya que la gran mayoría de los homicidios ni siquiera llega a juzgarse, ni siquiera se transforma en proceso.
La impunidad es combustible infalible del cinismo y de la práctica continuada de crímenes, de ambos dos. En ese sentido es de lamentar que el presidente Lula haya demostrado su proverbial condescendencia ante las fechorías en la política.
Lula ya disculpó a los corruptos petistas y ahora considera que las escenas grabadas en Brasilia tal vez no sean lo que todos entendieron. Si no quisiera parecer incoherente, permanecería callado. Pero admitir que el dinero, de origen como mínimo desconocido, escondido en los calcetines, calzoncillos, embolsado sin pudor, pueda ser algo diferente de un trato entre corruptos y corruptores llega a ser ofensivo para la capacidad de discernimiento de la nación.
(Editorial de O Globo, Brasil, traducido por Infolatam)

























