Una alianza “rosada” asoma entre los partidos tradicionales

La Nación (Argentina)
Montevideo, 29 noviembre 2009
Por Nelson Fernández Salvidio

“… Si hoy triunfa José Mujica, será la segunda elección consecutiva que el FA les gana a los dos tradicionales partidos sumados. Si gana Luis Alberto Lacalle, blancos y colorados podrán aliarse en el gobierno y, desde el Estado, reconstruir sus fuerzas.
El viejo bipartidismo colorado-blanco ha sido sustituido por un esquema bipolar: por un lado, una coalición de centroizquierda fuerte y de enorme apoyo popular, y, por el otro, una alianza de centroderecha, pero que no es visualizada como tal por no asumir esa condición”. (La nación. Argentina)

Doble triunfo

El análisis
Teodoro Petkoff

Teodoro Petkoff

La culminación del proceso de primarias arrojó dos espléndidos resultados, de un lado le dio al país el candidato, Henrique Capriles Radonski, que tendrá la enorme responsabilidad de conducir la campaña electoral contra Hugo Chávez y derrotarlo y, del otro lado, la descomunal participación popular en el proceso de primarias, que no tiene ningún precedente en Venezuela. (Tal Cual. Venezuela)

Las urnas no sólo definirán hoy al nuevo presidente de Uruguay. También serán claves en el futuro de los partidos, fundamentalmente en los tradicionales Colorado y Nacional, de los más viejos del mundo.

Emergentes de la fundación institucional de este país, que nació como acuerdo de países vecinos y una potencia extranjera, colorados y blancos se alternaron en el gobierno o compartieron poder durante varias décadas, pero esa hegemonía bipartidista fue quebrada en 1971, cuando la izquierda construyó una alianza llamada Frente Amplio (FA), que con el tiempo se quedó con la mitad del electorado.

Si hoy triunfa José Mujica, será la segunda elección consecutiva que el FA les gana a los dos tradicionales partidos sumados. Si gana Luis Alberto Lacalle, blancos y colorados podrán aliarse en el gobierno y, desde el Estado, reconstruir sus fuerzas.

El viejo bipartidismo colorado-blanco ha sido sustituido por un esquema bipolar: por un lado, una coalición de centroizquierda fuerte y de enorme apoyo popular, y, por el otro, una alianza de centroderecha, pero que no es visualizada como tal por no asumir esa condición.

Si gana Mujica, algunos buscarán responsabilidad en tropiezos de Lacalle durante la campaña, sin detenerse en que Mujica cometió tantos o más errores que su adversario. Pero, en ese caso, el fracaso de los partidos tradicionales tiene una explicación más profunda.

El sociólogo César Aguiar, experto en historia electoral, sostiene que la única vía de recuperación para los partidos tradicionales es una coalición de centroderecha como en Chile. "Pueden estar dadas las condiciones para la aparición de un sistema bipartidista: un «partido por la república» con colorados y blancos no es un horizonte descartable", dijo Aguiar.

¿Habrá sido la última vez que votan por separado colorados y blancos, como lo hacen desde 1830? Desde aquel primer gobierno de Fructuoso Rivera, los colorados gobernaron durante 133 años, los blancos casi 22, mientras que hubo ocho de gobiernos de fusión de las agrupaciones tradicionales, 12 años de régimen militar y cinco del FA.

La coalición de izquierda, que está a punto de estirar ese quinquenio a una década, no es simplemente una alianza electoral, sino que sobrevivió a la persecución durante la dictadura (1973-1985), con prisión, muertes y exilio, y a una fractura interna en 1989. Los sectores que se fueron en aquella crisis no tuvieron éxito fuera del alero frentista y retornaron o perdieron influencia política. Fue una lección para erigir un dique y evitar posibles escindidos.

En su fundación, el FA unió a socialistas, comunistas, democrata-cristianos, militantes de izquierda nacionalista, así como a dirigentes que se fueron de los partidos Colorado y Nacional. Debutó en el 71 con 18% de los votos y fue en ascenso hasta que en 1999, con un 40%, se convirtió en el más votado, aunque Tabaré Vázquez perdió el ballottage ante Jorge Batlle. Cinco años después, ganó en primera vuelta con 51,7%, y este año el FA logró el 49,6%, con Mujica como candidato.

Esa evolución tiene como contrapartida un deterioro de los partidos tradicionales en caudal electoral, transmisión partidaria a nuevas generaciones, estructura militante y capacidad de movilización.

Antes que los dirigentes avancen hacia una posible alianza "rosada", son los votantes los que ya no sienten los límites partidarios. En 1999, los blancos votaron por Batlle y hoy los colorados y batllistas votan por un Herrera. Lacalle es nieto del caudillo blanco y eterno rival de José Batlle y Ordóñez, bisabuelo de Jorge Batlle. En las encuestas de identificación partidaria hay una franja importante que se considera tanto blanca como colorada.

 

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