Una visita indeseable

Folha de Sao Paulo
Sao Paulo, 23 de noviembre de 2009
Por José Serra

“…¿Cómo reaccionaríamos si apenas una décima parte de eso estuviese ocurriendo en el Paraguay o, por ejemplo, en Honduras, donde nos mostramos tan indignados al condenar la destitución de un presidente? Mientras que en Tegucigalpa, nos negamos a aceptar el mínimo contacto con el gobierno de facto, ¿tiene sentido recibir con los brazos abiertos al hombre cuyo ministro de Defensa es buscado por la Interpol por el ataque contra el centro comunitario judío en Buenos Aires en 1994, que causó la muerte de 85 personas?” (Folha de Sao Paulo, Brasil)

Se reactiva el proceso para liberaciones donde intervendrá Brasil

En aproximadamente un mes o un mes y medio regresarían a la libertad los seis uniformados secuestrados, cuya liberación anunciaron las Farc a finales de diciembre.

El mismo país que trató de proporcionar seguridad y consuelo a las víctimas del Holocausto ¿rinde homenaje a quien trivializa el mal absoluto?

Es incómodo recibir en  Brasil a la cabeza de un régimen dictatorial y represivo. Después de todo, tenemos un pasado reciente de lucha contra la dictadura y hemos firmado en la Constitución de 1988 los ideales de la democracia y los derechos humanos. Una cosa son las relaciones diplomáticas con las dictaduras, otra es hospedar en casa a sus jefes.

El Presidente Ahmadinejad, de Irán, acaba de ser reelegido al poder por unas elecciones notoriamente fraudulentas. El fraude fue tan evidente que dura hasta hoy en el país la ola de rechazo desencadenada. Después de varios meses, los participantes en protestas pacíficas son brutalmente atacados por matones que no dudan en asesinar a manifestantes indefensos, como el joven estudiante que se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia iraní. Detenidos, torturados, víctimas de abusos sexuales en las cárceles, los opositores están condenados, algunos a muerte en juicios monstruosos que se parecen a los de Moscú estalinista.

¿Cómo reaccionaríamos si apenas una décima parte de eso estuviese ocurriendo en el Paraguay o, por ejemplo, en Honduras, donde nos mostramos tan indignados al condenar la destitución de un presidente? Mientras que en Tegucigalpa, nos negamos a aceptar el mínimo contacto con el gobierno de facto, ¿tiene sentido recibir con los brazos abiertos al hombre cuyo ministro de Defensa es buscado por la Interpol por el ataque contra el centro comunitario judío en Buenos Aires en 1994, que causó la muerte de 85 personas?

La acusación en este caso no es de estadounidenses o israelíes. Fue iniciativa del gobierno argentino que ese nombre fue incluido en la lista de terroristas buscados por la Justicia. Si Brasilia tiene dudas, ¿por qué no preguntar  a nuestra amiga, la presidenta Cristina Kirchner?

La democracia y los derechos humanos son indivisibles y deben ser garantizados en cualquier parte del mundo. Es incoherente proceder como si estos valores perdiesen importancia en proporción directa a la lejanía geográfica. Tampoco es admisible homenajear a quienes dieron la vida para luchar contra la dictadura en Brasil, Argentina, Chile y confratenizar con quienes torturan y condenan a muerte a los opositores en Irán ¿Con qué autoridad celebraremos en marzo de 2010 los 25 años del fin de la dictadura y del comienzo de la Nueva República?

El extremismo y el gusto por la provocación de Ahmadinejad lo convirtieron en el más trístemente célebre negador del Holocausto, el diabólico exterminio de millones de seres humanos, niños, mujeres, ancianos, por el mero hecho de ser judíos. Miles fueron asesinados porque eran gitanos, homosexuales y personas con discapacidad. Brasil se enorgullece de haber recibido muchos de los sobrevivientes de este crimen abominable, que no puede ser olvidado ni perdonado, y mucho menos negado. ¿El mismo país que intentó ofrecer cierta seguridad y consuelo a víctimas como Stefan Zweig y Anatol Rosenfeld, ahora se extiende honores a alguien que utiliza su posición para trivializar el mal absoluto?

Las contradicciones no terminan ahí. Brasil ha aceptado el Tratado de No Proliferación Nuclear y, junto con Argentina, firmó con la Agencia Internacional de Energía Atómica un acuerdo de salvaguardias que abre nuestras instalaciones nucleares al escrutinio de la ONU. Consolidó así sus credenciales de aspirante responsable al Consejo de Seguridad y es exponente en el mundo de una cultura de paz ininterrumpida desde hace 140 años con todos los vecinos. ¿Por qué despreciar ese patrimonio para abrazar la cabeza de un gobierno contra el cual el Consejo de Seguridad se cansó de aprobar resoluciones que no se siguen, instándoles a que dejen sus actividades de proliferación?

Por último, esta visita no deseada es un símbolo de la negación de todo lo que explica la proyección de Brasil en el mundo. Esa proyección no proviene de las amenazas de bombas o de coerción económica, que no practicamos, si no  del ejemplo del pacifismo y la moderación, los valores de la democracia, los derechos humanos y tolerancia consagrados en nuestra Constitución como la más auténtica expresión de la forma del pueblo brasileño.

(Artículo publicado en Folha de Sao Paulo, traducido por Infolatam)

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