El fin de la polarización en Bolivia
Infolatam
La Paz,8 noviembre 2009
Por Fernando Molina
(Especial para Infolatam).- “… El fin de la polarización tiene un correlato electoral: las encuestas muestran que la población reelegirá al presidente Morales con casi el 60 por ciento de los votos válidos.
La oposición dura (“polar”, por lo tanto) sólo alcanzará a reunir el 45 por ciento de los votos del departamento rebelde de Santa Cruz, una cifra bastante inferior a sus expectativas. En suma, que las encuestas retratan el fin de la polarización, y a la vez ésta explica la gran previsibilidad de las elecciones que llegan”.
La polarización es un fenómeno psicosocial que se produce por una causa muy sencilla: la existencia de dos grupos abiertamente enfrentados entre sí, cada uno con un radio de influencia suficientemente grande como para atraer a un importante número de adherentes. Bolivia vivió polarizada desde 2003 hasta fines del año pasado. En ese momento, uno de los dos grupos que tensionaban a la sociedad, el formado por las élites regionales y económicas opositoras al Gobierno de Evo Morales, implosionó y comenzó un lento pero continuo derrumbe. Lo echaron abajo las presiones oficialistas, pero también sus propios errores maximalistas.
Por ejemplo, perdió su aura de invencibilidad en un enfrentamiento chapucero contra el Gobierno (en octubre de 2008), y un referendo demostró que su apoyo electoral era más exiguo de lo que todos pensaban. Para colmo, su núcleo dirigente se volvió extremadamente vulnerable por su vinculación con un grupo armado que la seguridad estatal terminó manipulando a su antojo -y finalmente eliminando.
A lo largo de su caída, el bando opositor fue perdiendo la capacidad de cohesionar a sus seguidores y, como consecuencia directa de ello, comenzó a sufrir defecciones y desprendimientos. Lo impensable, que era estar en contra del propio grupo y ver al adversario como alguien tolerable, se hizo repentinamente posible. Todos entendieron entonces el mensaje: no había necesidad de demostrar una fervorosa adhesión a quienes habían perdido los medios para imponer su disciplina, ni había por qué empeñarse en odiar a aquellos que los habían vencido; semejantes actitudes no sólo que no ofrecían ningún rédito, sino que se habían vuelto peligrosas. Justo en ese momento la polarización comenzó a ceder y a ser reemplaza por la hegemonía del polo evista.
Los hitos del camino hacia la unipolaridad fueron los siguientes: la división regional y el "sálvese quien pueda"; los gestos conciliadores de los empresarios al Presidente; el paso de algunos de los grupos de choque regionales a las huestes oficialistas; la paulatina moderación de los medios de comunicación opositores, que hoy han cambiado su programación política más bien incendiaria por otra centrada en los temas sociales y la vida cotidiana.
Estos fenómenos pueden describirse, en general, como la "normalización" del país y también han influido en la actitud del Gobierno y de Evo respecto a los demás actores políticos. En primer lugar, algunos ministerios han comenzado a actuar de forma menos sectaria, casi pluralista. Ya no es imposible, para los empresarios privados, establecer contactos y hacer negocios con ciertos sectores del Estado. En segundo lugar, el Presidente está basando toda su campaña por la reelección en la seducción de las clases medias que en el pasado se polarizaron en su contra.
Por eso los candidatos del MAS son en su mayoría políticos urbanos y la propaganda de este partido casi ha sacado de la escena a los indígenas y los pobres rurales (que por otra parte constituyen un estamento electoralmente cautivo). En suma, que tampoco el Gobierno actúa ya en la forma extremadamente polarizada en que lo hacía en el pasado: sus publicistas cambiaron el antiguo lema "Evo soy yo" (donde "yo" equivalía a un boliviano pobre) por el más incluyente de "Evo somos todos".
El fin de la polarización tiene un correlato electoral: las encuestas muestran que la población reelegirá al presidente Morales con casi el 60 por ciento de los votos válidos. La oposición dura ("polar", por lo tanto) sólo alcanzará a reunir el 45 por ciento de los votos del departamento rebelde de Santa Cruz, una cifra bastante inferior a sus expectativas. En suma, que las encuestas retratan el fin de la polarización, y a la vez ésta explica la gran previsibilidad de las elecciones que llegan.
Si ha de tomarse en cuenta la experiencia histórica del país, la unipolaridad que ha sobrevenido no se mantendrá igual para siempre, sino que tenderá a convertirse en multipolaridad. En la medida en que no haya un adversario que los unifique, los seguidores de Morales comenzarán a defender sus intereses privados, que no siempre son iguales entre sí. Para evitar esta deriva es probable que el nuevo Gobierno intente recrear la polarización que ya se acabó, aunque sólo sea en el plano simbólico -como desde hace tiempo ya ocurre en Venezuela.


























