El éxito del modelo uruguayo
Ayer Uruguay votó para elegir al sucesor de Tabaré Vázquez
Infolatam
Montevideo, 25 de octubre de 2009
(Especial para Infolatam, por Rogelio Núñez).- El modelo uruguayo es el gran olvidado de América Latina. Se habla mucho del modelo chileno, Brasil asombra como economía emergente, Perú por su crecimiento a tasas chinas y Colombia por haber derrotado el estigma que le perseguía. Pero pocos reparan en Uruguay, “el paisito”, modelo de estabilidad y convivencia política, crecimiento económico y mejora de los índices sociales.
Su gran problema: ser una pequeña nación entre dos gigantes (Argentina y Brasil) de los que su economía depende. Uruguay fue conocido durante muchos años, hasta los años 70, como la “Suiza de América” por su sólido sistema financiero y por su estabilidad política. En la actualidad, sigue siendo así: un informe del Banco Mundial de 2006 afirmaba que Chile, Costa Rica y Uruguay lideraban el índice de estabilidad política de la región.
Como aseguraba la politóloga Liliana de Riz en la revista Historia Política, “la moderación y la búsqueda de consensos sobre las reformas, generalmente graduales, es un rasgo distintivo de la política uruguaya que sobrevivió a la mayor polarización social de las últimas décadas, a la última crisis y al realineamiento partidario”.
Uruguay no ha padecido el mal de los enfrentamientos civiles desde el final de la última guerra civil a comienzos del siglo XX y tampoco ha conocido el caudillismo militar. Las libertades, las elecciones y el sistema democrático imperaron casi sin interrupción (salvo entre 1933 y 1941 y entre 1973 y 1985).
Las claves
- Entre 1984 y 2008, Uruguay logró reducir la pobreza del 45% al 20%.
- Uruguay lleva 6 años creciendo ininterrumpidamente y en 2009 lo hará a más del 4%.
- En los últimos 100 años sólo ha habido 20 de gobiernos no democráticos.
Esa estabilidad estuvo marcada por la hegemonía de un partido, el colorado que ha gobernado ininterrumpidamente Uruguay desde 1864 hasta 2005 salvo en tres periodos (1958-64, 1990-95 y entre 2005 y 2010).
La crisis de los partidos tradicionales
Los partidos tradicionales (blancos y colorados) controlaron el sistema político desde 1904 hasta los años 70, pero ahora su peso ha ido disminuyendo.
Suponían en 1984 el 76% de los votos frente al 21% del Frente Amplio. En 1993 las tres fuerzas tenían cada una un tercio de los votos (32% los colorados, 31% los blancos y 30% el Frente Amplio). En 1999 por primera vez ganó unas elecciones el Frente Amplio (38%) pero la unión en segunda vuelta de colorados (31) y blancos (21) dio la victoria a los primeros.
Julio María Sanguinetti (presidente colorado 1985-90 y 1995-2000)
En 2004 el panorama partidario cambió: el Frente Amplio ganó en primera vuelta con el 50% de los votos, el Partido Nacional se convirtió en el principal de la oposición (34%) y el Colorado se hundió en una profunda crisis (10%).
En Uruguay hay un sólido voto tradicional, un área no frenteamplista cuyo suelo no es menor al 40%, que se reparten ahora blancos y colorados. El Partido Colorado afronta el desafío de no desaparecer ya que fue el más golpeado en 2005 pues en las elecciones nacionales cayó hasta el 10%.
Los colorados suponían el 70% del total de votos en 1938, bajaron del 50% en los años 60, para ya en los 90 encarnar el 30% del electorado El Partido Blanco, historicamente en la oposición al coloradismo, sigue siendo la principal fuerza de la oposición desde 2005, esta vez ante el Frente Amplio.
Luis Alberto Lacalle (presidente blanco entre 1990 y 1995)
Los resultados conseguidos por los blancos se han caracterizado por la sucesión de picos y valles. La victoria de 1989 llevó a los blancos hasta el 38%. Luego cayó en 1994 hasta el 28% y al 22% en 1999. En 2004 repuntó hasta el 34%.
Pese a su actual recuperación, los blancos no son capaces de alcanzar sus máximos históricos (el 40% de 1970 o el 38% del año 89) y su techo electoral ha ido disminuyendo con los años.
El avance del Frente Amplio
Surgido en los años 70 a semejanza del proyecto de Salvador Allende en Chile, el Frente Amplio ha experimentado un vertiginoso crecimiento: pasó del 21% en 1984 al 40 % de los sufragios en 1999 y al 50% en 2005.
Esta coalición se ha transformado en un partido "atrapa todo" y ha tenido éxito a la hora de unificar a los diversos grupos de la izquierda moderada y radical que lo componen gracias a su creciente pragmatismo. Además, ha contado con el liderazgo carismático de Tabaré Vázquez para mantenerse cohesionado.
Tabaré Vázquez, primer presidente socialista en Uruguay
Sin embargo, conviven dos almas en el FA. Un alma socialdemócrata y de izquierda reformista (Danilo Astori y el propio Vázquez) frente al alma más radical de los extupamaros y su líder José Mujica, y el Partido Comunista.
El éxito económico
El gran problema de Uruguay es que es un país muy pequeño y muy dependiente de las dos grandes economías que le rodean (Argentina y Brasil). Por eso, las crisis brasileña de 1998 y argentina de 2001 arrastraron a la economía uruguaya cuyo PIB se hundió un 11% en 2002. La apuesta uruguaya ha sido abrirse al mundo, integrarse al Mercosur e incluso defender la profundización de los nexos con Estados Unidos.
A partir de 2003 comenzó la recuperación: 2.2% en 2003 y un excepcional 11.8% en 2004. Con Tabaré Vázquez esa senda ha continuado y en cinco años, el PBI acumuló un auge de 55%. Uruguay encadenó cinco años de bonanza y de estabilidad económica: en 2005 creció al 6,6%, en 2006 al 7%, en 2007 al 7,6% y en 2008 al 8,9%.
Incluso, en plena crisis económica mundial, Uruguay puede crecer un 4% en este año 2009, mientras que la media regional de América Latina y el Caribe para 2009 se ubicaría en 1,9%.
El éxito social
Uruguay posee los niveles de desigualdad de ingreso más bajos de la región. Entre 1984 y 1999 logró reducir la pobreza del 45% a sólo el 15%. Los índices repuntaron debido a la crisis que se extendió entre 1999 y 2002 (la pobreza se dobló hasta el 33% en 2003 y la indigencia pasó del 1,5% en 2000 al 3,5% en 2005)
Tras la crisis, la pobreza en Uruguay pasó de representar el 26% en 2007, al 20,5% en 2008, es decir 5,5 puntos porcentuales menos. Así, la pobreza y la indigencia continuaron la tendencia descendente que empezó en 2006.
En el tema social el gobierno de Tabaré Vázquez ha incrementado el papel del Estado, aumentando la intervención pública en el control, diseño y regulación de estas políticas sociales y ha centrado su labor en las áreas de la educación, la salud y la seguridad social.
Durante el gobierno de Tabaré Vázquez la sensación de inseguridad pública se ha extendido y se ha convertido en uno de los ejes de las campañas de los tres candidatos, aunque las cifras uruguayas en comparación con el resto de la región siguen siendo menores. Solo el 5% de los uruguayos cree que la seguridad pública está bien y un 75% considera que está mal.
La cultura política uruguaya
La cultura política uruguaya se ha caracterizado por la ausencia de grandes divisiones sociales y por ser una sociedad de clases medias urbanas de temprana influencia europea. Además, el Estado ha cumplido una importante función de protección social durante la mayor parte del siglo XX y los partidos políticos han sido actores muy involucrados en la construcción estatal.
Este Uruguay es hijo de la obra de José Batlle y Ordoñez el político uruguayo más importante del siglo XX: presidente en dos ocasiones (1903-07/1911-15), con una gran influencia en la historia del país pues sus ideas (el batllismo) impregnaron al partido colorado, que gobernó casi de forma ininterrumpida desde 1903 a 1973.
La población uruguaya se caracteriza por ser muy urbanizada, moderna y envejecida, con influencia europea, y defensora de la idea de un Estado benefactor. Sin embargo, ese modelo batllista, aún fuerte y muy presente, ha empezado a entrar en decadencia.
El candidato colorado Pedro Bordaberry no se considera heredero del batllismo. El Partido Blanco de Lacalle opta por el liberalismo económico y el Frente Amplio es quien mejor encarna el intervencionismo en economía y la defensa del papel del Estado.



























