¿Se viene el buen tiempo?
La Segunda
Santiago, 4 octubre 2009
Por Juan Andrés Fontaine
“…. Es temprano para cantar victoria. Los mercados bursátiles y financieros han superado el pánico, pero están lejos aún de recuperar el optimismo previo a la crisis. Tienen razón. La recesión mundial fue fuerte -el FMI estima que el PIB global caería en 1,1% en 2009- y ha causado estragos en los balances de los hogares, las empresas, los bancos y los gobiernos. Tomará mucho tiempo y gran esfuerzo reparar los daños”. (La Segunda. Chile)
"Por fin ha llegado la primavera. Proliferan los brotes verdes en la economía mundial y nacional. Pero el ciclo económico no tiene la regularidad de las cuatro estaciones. Asistiremos más bien a un gradual restablecimiento de la salud económica global, gravemente quebrantada por una epidemia de desconfianza. La convalecencia será larga y dificultosa. En Chile tenemos una buena oportunidad de salir adelante pronto, pero mucho dependerá de cómo los médicos gradúen el retiro de la medicina administrada durante la crisis.
Lo que explica la alegría que se ha apoderado de los inversionistas es que la economía mundial tocó fondo. Maniobrando hábilmente al borde del despeñadero, las autoridades monetarias y fiscales conjuraron el riesgo de otra Gran Depresión, recortaron intereses e impuestos, inyectaron abundante liquidez, salvaron a los grandes bancos del naufragio y apuntalaron la desfalleciente demanda agregada. El resultado es que la economía global ya topó fondo en el segundo trimestre y está dando muestras de haber comenzado una paulatina reactivación.
Pero es temprano para cantar victoria. Los mercados bursátiles y financieros han superado el pánico, pero están lejos aún de recuperar el optimismo previo a la crisis. Tienen razón. La recesión mundial fue fuerte —el FMI estima que el PIB global caería en 1,1% en 2009— y ha causado estragos en los balances de los hogares, las empresas, los bancos y los gobiernos. Tomará mucho tiempo y gran esfuerzo reparar los daños. El FMI prevé un crecimiento de sólo 3,1% para la economía mundial el 2010 y de tan sólo 1,3% para las economías industrializadas.
Aunque sea leve la brisa reactivadora que sopla desde el mundo, Chile está bien situado para sacarle provecho. La recuperación mundial está siendo liderada por Asia, que representa el 36% de nuestras exportaciones. Es cierto que China, cuyo impresionante dinamismo ha devuelto la confianza en el mundo emergente, por sí sola no será capaz de remolcar a toda la economía mundial. Pero es gran consumidora de cobre, celulosa y otras materias primas en las que Chile se especializa. Sus precios ya vuelven a empinarse por sobre los valores históricos. Mientras tanto, las condiciones de financiamiento externo se tornan cada vez más favorables. Las economías emergentes de Asia y de América Latina vuelven a atraer el interés de los inversionistas internacionales.
Cuando en las proximidades de nuestra celebración de las Fiestas Patrias el Banco Central de Chile proclamó el fin de la recesión y vaticinó un crecimiento de entre 4,5 y 5,5% para la economía nacional durante el próximo año, pareció empapado de ánimo dieciochero. Pero, desde entonces, diversos analistas han elevado sus pronósticos —el consenso se acerca al límite inferior del rango— y el gobierno ha anunciado que el proyecto de Ley de Presupuestos contempla un crecimiento del PIB de 5% para el 2010.
En verdad, no se ve ningún impedimento para que la reactivación en Chile cobre la velocidad prevista por el Banco Central. El punto de partida es de una recesión inesperadamente intensa —con una caída del PIB cercana al 2%—, cuya causa habría sido el derrumbe de las expectativas. Pero las condiciones actuales son propicias para una recuperación vigorosa: hay abundante capacidad productiva ociosa, la inflación está por los suelos y las cuentas externas vuelven a ser extremadamente holgadas. A diferencia de las atribuladas economías del norte, nuestro sistema financiero está incólume, los vastos ahorros depositados en los fondos de pensiones proporcionan atractivas condiciones para el financiamiento de las inversiones productivas requeridas y, gracias al prudente manejo fiscal durante la bonanza, los estímulos fiscales aplicados este año no comprometen la solvencia fiscal. ¿Cómo hacer realidad estas auspiciosas perspectivas?
… La pregunta es hasta qué punto la estrategia fiscal delineada es compatible con una reactivación vigorosa de la economía nacional. Hay que destacar que si bien las últimas cifras sugieren que la recesión ha terminado, todavía la recuperación es muy frágil. Parte de la mejoría proviene de la normalización de la producción minera, independiente del ciclo económico. La construcción y la industria siguen muy deprimidas. El desempleo afecta a casi 800.000 chilenos y, en relación a la fuerza laboral, su tasa está entre las siete más altas de entre los 40 países desarrollados o emergentes que semanalmente reporta el prestigioso semanario The Economist. No hay justificación, entonces, para la complacencia ni tampoco tiempo que perder.
… En el debate parlamentario que se inicia, sería conveniente conferir a la política fiscal la flexibilidad necesaria para que si la cesantía se prolonga, se pudiesen reforzar oportunamente los programas de empleo y prorrogar las rebajas tributarias hoy vigentes. La propuesta efectuada días atrás por el abanderado de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, persigue precisamente dejar desde ya instituida la flexibilidad presupuestaria necesaria para auxiliar a una reactivación económica que recién da sus primeros y vacilantes pasos"

























