América Latina y el Caribe: Los marcos de política económica favorecieron la capacidad de resistencia
FMI
Perspectivas de la Economía Mundial. Octubre 2009
“…Existen indicios de que la recuperación se puso en marcha durante el segundo trimestre de 2009; encabezada por Brasil, debería cobrar una velocidad moderada en el segundo semestre del año. Se reanudaron los flujos de capitales hacia la región y se redujeron los diferenciales de la deuda soberana. La producción industrial repuntó en muchas economías, particularmente en Brasil, y la contracción mexicana se está moderando.
La reciente recuperación del precio de las materias primas también está mejorando el panorama global de la región, dada la importancia de la exportación de materias primas. La confianza de los consumidores y de las empresas mejoró, y las ventas minoristas repuntaron.” (Fuente: FMI)
"La región de América Latina y el Caribe muestra señales de estabilización y recuperación. Estas economías se ven favorecidas por la mejora de la situación internacional del mercado financiero y el de materias primas, y por el fortalecimiento de los marcos de política económica que favorecieron la capacidad de resistencia y permitieron adoptar medidas oportunas para apuntalar la actividad.
La actividad se contrajo en el cuarto trimestre de 2008 y el primero de 2009, mientras que el consumo, la inversión y la exportación cayeron con fuerza como resultado de condiciones financieras externas más restrictivas, el deterioro de la demanda externa en la región y un volumen menor de remesas de los trabajadores. El deterioro de la actividad varió por países y dependió en gran medida de la naturaleza y la intensidad de los shocks externos y de las características propias de cada país. Por ejemplo, la merma en las remesas de los trabajadores y de los ingresos por turismo afectó gravemente a varias economías de América Central y el Caribe. Los exportadores netos de materias primas, incluidas las principales economías de la región (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela), sufrieron perjuicios en su relación de intercambio. Las economías con un fuerte componente de recursos energéticos, como Bolivia, Ecuador y Trinidad y Tobago, registraron pérdidas especialmente importantes en sus ingresos de exportación. Para muchas economías de la región, la intensidad de estos shocks se vio mitigada por el aumento de la capacidad de instrumentar políticas monetarias y fiscales anticíclicas, la mayor resistencia del sector financiero y la buena disposición para utilizar el tipo de cambio como amortiguador de shocks.
Existen indicios de que la recuperación se puso en marcha durante el segundo trimestre de 2009; encabezada por Brasil, debería cobrar una velocidad moderada en el segundo semestre del año. Se reanudaron los flujos de capitales hacia la región y se redujeron los diferenciales de la deuda soberana. La producción industrial repuntó en muchas economías, particularmente en Brasil, y la contracción mexicana se está moderando.
La reciente recuperación del precio de las materias primas también está mejorando el panorama global de la región, dada la importancia de la exportación de materias primas. La confianza de los consumidores y de las empresas mejoró, y las ventas minoristas repuntaron.
A pesar de estas señales positivas, aún se proyecta que en 2009 el PIB real de la región se contraiga un 2,5% (cuadro 2.6), debido al bajo nivel de actividad registrado en el primer semestre del año, antes de crecer un 2,9% en 2010.
El ritmo de la recuperación, sin embargo, no es uniforme en todas las economías. Brasil tomará la delantera, en parte debido a su gran mercado interno y la diversificación de su producción y sus mercados de exportación, en especial sus crecientes vínculos con Asia. La economía peruana, tras varios años de crecimiento rápido, prácticamente se estancó en el primer semestre de 2009, pero retomará un fuerte crecimiento en el segundo semestre del año. En cambio, México, el país más afectado de América se recuperará en forma más lenta porque su economía ha sufrido una caída más aguda debida a su fuerte integración comercial y su gran dependencia de Estados Unidos y de la exportación manufacturera.
Las presiones inflacionarias en la región disminuyeron, como reflejo de la persistente falta de dinamismo de la actividad económica y las grandes brechas del producto. En particular, se proyecta una caída de la inflación de su nivel del orden del 8% en 2008 al 6,1% en 2009 y al 5,2% en 2010. A pesar de la posible repercusión de la depreciación de la moneda, los regímenes de metas de inflación contribuyeron a contener las expectativas en materia de precios y se proyecta que la infl ación de estas economías oscilará entre el 2% y el 5%. Venezuela seguirá registrando la tasa de inflación más elevada de América, debido a su fuerte gasto público y su política monetaria expansiva; en cuanto a Argentina, los datos sobre la tasa de inflación registrada aún son un aspecto controvertidos. Se proyecta que en 2009 el actual déficit en cuenta corriente de la región se ampliará levemente, aunque seguirá siendo moderado, impulsado por la fuerte caída del superávit en cuenta corriente de Venezuela y otros países exportadores de energía. Sin embargo para 2009 se prevé una reducción del déficit en cuenta corriente de varias economías de la región, incluida la mayoría de los países de América Central, a medida que la importante contracción de la importación vaya compensando la disminución de la exportación.
Los riesgos de deterioro de estas perspectivas se alejan, pero aún son preocupantes. Una recuperación mundial más débil de la esperada podría dar lugar a una caída simultánea de la exportación y las remesas, atenuando las posibilidades de recuperación en algunas economías.
Una mayor restricción de las condiciones financieras mundiales podría incrementar el costo del financiamiento externo y reducir los flujos de capitales, afectando a algunas de las empresas y gobiernos más vulnerables de la región.
La respuesta de política económica ante los shocks externos ha sido veloz y, en algunos casos, decidida. Las economías con metas de inflación (Brasil, Colombia, Chile, México, Perú y Uruguay) presentaban mayor margen de acción para aplicar políticas que otras, lo que denota el fortalecimiento del marco de política económica y de los fundamentos macroeconómicos en el momento de comenzar la recesión mundial. En particular, desde septiembre de 2008 estas economías redujeron sus tasas de interés de intervención entre 375 y 775 puntos básicos, al tiempo que dejaron flotar sus monedas. Otros bancos centrales de la región (incluidos los de la República Dominicana y Venezuela) también distendieron sus condiciones monetarias. Varios países complementaron dichas políticas con medidas para suministrar liquidez, incluso a través de la reducción de los encajes (Argentina, Brasil,Colombia y Perú) y la ampliación del conjunto de instrumentos utilizables en la ventanilla de descuento. Estos bancos centrales deberían mantener sus tasas de interés en un nivel bajo hasta que la recuperación esté fi rmemente en marcha y las presiones infl acionarias alcistas se tornen relevantes. En caso de que el crecimiento sea menor de lo esperado, es posible que algunas economías tengan margen de maniobra para reducir aún más sus tasas de interés.
Por primera vez en décadas, la política fiscal de muchas economías de la región fue anticíclica. Esto obedece a la mejora del marco macroeconómico, el menor nivel de deuda y el aumento de las reservas. Varios países de la región anunciaron programas de estímulo fiscal que oscilan entre el ½% del PIB, en Brasil, y alrededor del 3% del PIB, en Chile. La instrumentación oportuna de estos programas resultó útil para apuntalar la recuperación, en tanto que el aumento de la cobertura de los programas sociales mitigó el costo social de la desaceleración.
La caída del ingreso petrolero y de la actividad económica dio lugar a un marcado deterioro del saldo fiscal de algunas economías (Venezuela), reduciendo considerablemente la posibilidad de aplicar nuevos estímulos fiscales. Además, en muchos países caribeños el margen para implementar políticas fiscales anticíclicas es limitado, debido a la aguda caída de su ingreso presupuestario, el alto nivel de endeudamiento y el acceso limitado al financiamiento externo.
Los sistemas financieros nacionales de América Latina sobrellevaron la crisis financiera mundial en forma bastante satisfactoria. En particular, los sistemas bancarios mantuvieron su solidez en general, lo que obedece en parte a los importantes cambios normativos y en materia de supervisión adoptados antes de la crisis mundial. Al desacelerarse el crecimiento del crédito al sector privado, se alentó a los bancos públicos a aumentar sus operaciones de crédito a las empresas privadas (en particular en Brasil). Este hecho debe seguirse de cerca para evitar el crecimiento de la deuda pública contingente.
La región afronta importantes retos de mediano plazo. La continuidad de los avances es fundamental para fortalecer los marcos de gestión fiscal y financiera, incluida la adopción de una estrategia a largo plazo en materia de política fiscal. En algunos países también se deben realizar reformas del sistema tributario y de jubilaciones, concretamente en aquellos donde el ingreso fiscal depende en gran medida de la venta de energía.
A fin de aumentar su resistencia ante futuros shocks externos, los países exportadores de petróleo y materias primas deberían contemplar la posibilidad de crear o mejorar marcos de política económica anticíclica vinculada al precio del petróleo y de las materias primas, teniendo en cuenta la experiencia exitosa de Chile. Estos países también deben garantizar que los regímenes de inversión ofrezcan incentivos suficientes para dirigir la inversión a nuevas instalaciones e impedir que se reduzca la capacidad de producción."
(Extracto del informe sobre América Latina, fuente: FMI)

























