Los candidatos presidenciales frente a frente: el debate de las oportunidades perdidas
Infolatam
Santiago, 24 septiembre 2009
Por Héctor Soto
(Especial para Infolatam).- “… ¿Logró Piñera validar en el debate el liderazgo que le conceden las encuestas? No, aunque es posible que tampoco lo haya erosionado…¿Estuvo Frei por sobre las expectativas que existían sobre su desempeño? Sí, las superó: como Frei es poco elocuente, las respuestas cortas lo favorecen y aunque su embestida contra Piñera se haya sustentado en una mentira… ¿Logró instalarse Marco Enríquez Ominami como la mejor alternativa para enfrentar a Piñera? No, porque por un lado lo perjudicó el buen desempeño de Arrate y por el otro le quitó a él piso político la agresividad que mostró Frei contra Piñera”.
Algo no cuadra mucho, algo está desencajado, si es cierto, como dicen muchos chilenos, que el candidato más convincente en el debate del miércoles en la noche fue Jorge Arrate, el abanderado de la izquierda menos renovada y el Partido Comunista, que en las encuesta marca apenas un punto y era quien tenía más que ganar y menos que perder. Y si es así, significa entonces que los dos contendientes con mejores perspectivas de llegar a La Moneda -el continuista Eduardo Frei y Sebastián Piñera, líder de la centroderecha- no lograron calificar en términos de convicción en esta primera confrontación pública de sus ideas y caracteres frente al país.
Tampoco le fue mucho mejor a Marco Enríquez-Ominami, figura salida de las filas díscolas de la Concertación, porque si bien su tono pudo ser fresco y desafiante en varios momentos, parece un poco narcisista y todavía demasiado joven para el cargo al que está aspirando. Es complicado en Chile ser el tercero en discordia y si en algo Frei fue exitoso en el debate de ayer fue en polarizar la discusión entre él y Piñera. Después de eso, Enríquez-Ominami comenzó a pesar poco.
Siendo ya parte de la tradición del discurso de los analistas políticos chilenos lamentar la rigidez del formato que tienen estos debates -que al final siempre terminan empaquetados en un protocolo de movimientos congelados y tiempos inflexibles- hay que conceder que 60 segundos para responder son una miseria aquí y en cualquier parte. Pero, así y todo, estos debates son la única instancia que los candidatos tienen para llegar a millones de ciudadanos (la transmisión de anoche marcó 26 puntos de sintonía) y, por mucho que sea imposible desarrollar un argumento en 60 segundos, la oportunidad sigue siendo privilegiada para que ellos al menos marquen diferencias de carácter.
En esto solamente a Jorge Arrate, con su retórica antigua, con su allendismo estatista, con sus énfasis en redistributivo, le fue bien. En Piñera las cámaras mostraron a un político nervioso y poco articulado, en Frei a un candidato cuyas respuestas tenían escasa conexión con las preguntas y en Enríquez a un retador que dejó caer observaciones provocativas pero no pudo desplegar con aplomo el relato o la épica de su campaña.
¿Logró Piñera validar en el debate el liderazgo que le conceden las encuestas? No, aunque es posible que tampoco lo haya erosionado; lo que sí es un hecho es que perdió la oportunidad de fortalecer la delantera que lleva.
¿Estuvo Frei por sobre las expectativas que existían sobre su desempeño? Sí, las superó: como Frei es poco elocuente, las respuestas cortas lo favorecen y aunque su embestida contra Piñera se haya sustentado en una mentira -lo acusó de usar información privilegiada en una transacción bursátil- la maniobra le permitió tender el eje de la discusión entre él y el candidato de la centroderecha. Piñera fue multado en Chile no por uso de información privilegiada sino por no haberse abstenido de comprar acciones en un momento en que tenía embargo para hacerlo.
¿Logró instalarse Marco Enríquez Ominami como la mejor alternativa para enfrentar a Piñera? No, porque por un lado lo perjudicó el buen desempeño de Arrate y por el otro le quitó a él piso político la agresividad que mostró Frei contra Piñera.
Respecto de los temas de fondo, aun cuando todo se redujo a brochazos muy generales, más de algo quedó flotando en el ambiente. Los bancos y los negocios financieros fueron satanizados por todos. No obstante que el hundimiento y la inoperancia del estado es una evidencia diaria en el Chile de hoy, Frei pidió con insistencia más estado. Piñera fue duro en materia de delincuencia y en algún momento habló de mejor estado. Marco Enríquez Ominami dijo que subiría impuestos y recordó que en Chile también hay delincuentes de cuello y corbata. Arrate arremetió contra la desigualdad y dejó en claro que su discurso se articulaba al margen de las dinámicas del nuevo Chile y desde las viejas soluciones de la izquierda socialista.
¿Cambian los debates el escenario electoral? Sí, pero sólo cuando los candidatos saben aprovechar las oportunidades. La sospecha, en este caso, sin embargo, es que ninguno de los tres más competitivos consiguió capitalizar. Las perdieron y nada garantiza que vuelvan a tener oportunidades parecidas a esta en el futuro.


























