Diálogo para la paz
La Prensa
Tegucigalpa, 22 de septiembre 2009
Por La Prensa (Honduras)
“… El desafío es titánico, pues la heridas abiertas necesitan sanar, pero desde adentro. Será mayor el daño si por atender las exigencias de la comunidad internacional se realizan formalismos exigidos y nos zambullimos nuevamente en los mismos… Pero esta tarea es de todos, ningún sector debe ser excluido o sentirse relegado por políticas sectarias y grupistas. Ojalá haya plena inclusión para que por medio de las palabras, no de las armas, de las piedras o los palos se diriman las diferencias en pro del bien común y de los intereses nacionales”.(Editorial de La Prensa. Honduras)
“Dialogar y diseñar un camino para retornar a la paz y la tranquilidad” fue la promesa del presidente depuesto Manuel Zelaya, quien se halla en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde fue captado por las cámaras y dio declaraciones a los medios de comunicación.
Desde tempranas horas de la mañana trascendió que Zelaya había ingresado a Honduras. Cuando más se fortalecía la versión, el Gobierno desmentía declaraciones y el presidente Roberto Micheletti aseguraba que el mandatario “está tranquilo en una suite de un hotel de Nicaragua”.
Los acontecimientos se fueron precipitando y en distintas capitales del continente se confirmó el hecho. Desde Brasil, el canciller Celso Amorím expresó su deseo de que el respaldo proporcionado a Manuel Zelaya facilite una “solución rápida” al problema político en Honduras.
El portavoz del Departamento de Estado de EUA, Ian Kelly, tras confirmar el regreso de Zelaya, reiteró el llamamiento para que “las dos partes hagan un ejercicio de comedimiento y eviten cualquier acción que pueda derivar en un brote de violencia”. “Creo que, en este momento, todo lo que puede decir es reiterar nuestro pedido casi diario a ambas partes para abstenerse de cualquier acción que tenga algún desenlace violento”, expresó Kelly.
Pese a las inquietudes y suspicacias, el diálogo, en todos los sectores, debe prevalecer. Los hondureños necesitamos llamados serenos, voces tranquilizadoras e iniciativas creativas. Es fácil, pero irresponsable, alentar a la violencia, sinónimo de revancha, que una vez desatada no sabemos cuándo termina ni el altísimo costo humano que exigirá.
“El diálogo de frente” anunciado por Mel Zelaya es un buen principio que si se lleva a cabo, cara a cara, sin cartas bajo la mesa y en pro de los intereses del país y de la convivencia de todos los hondureños, habremos dado el paso correcto para hacer prevalecer la ley, asegurar las libertades y terminar con las confrontaciones que han abierto fisuras, algunas muy hondas, en la convivencia cívica y armónica.
El desafío es titánico, pues la heridas abiertas necesitan sanar, pero desde adentro. Será mayor el daño si por atender las exigencias de la comunidad internacional se realizan formalismos exigidos y nos zambullimos nuevamente en los mismos. Honduras debe ser diferente desde esta reciente experiencia no sólo para evitar nuevas caídas, sino, sobre todo, para trazar una ruta, marcar el ritmo y vencer el rezago en que nos hemos mantenido.
Pero esta tarea es de todos, ningún sector debe ser excluido o sentirse relegado por políticas sectarias y grupistas. Ojalá haya plena inclusión para que por medio de las palabras, no de las armas, de las piedras o los palos se diriman las diferencias en pro del bien común y de los intereses nacionales.
“Dialogar y diseñar un camino para retornar a la paz y la tranquilidad ” es la promesa de Zelaya a su regreso a Honduras. Que estas palabras nos unan a todos para fortalecer la democracia y respetar la alternabilidad en el poder.


























