Chile: Frei, Piñera y Enríquez-Ominami, a la conquista de La Moneda

Piñera, Frei y Enríquez-Ominami, los tres favoritos para ganar las elecciones presidenciales de diciembre

Infolatam
Santiago, 23 de septiembre de 2009

(Por Rogelio Núñez).- Todo esta a punto para que se celebre el primer debate televisivo que enfrenta a los tres candidatos favoritos para ganar las elecciones presidenciales de diciembre: el oficialista Eduardo Frei, el líder de centroderecha Sebastián Piñera y la sorpresa de esta campaña, el independiente ex-socialista  Marco Enríquez-Ominami.
Si mucho es lo que les diferencia, también mucho es lo que les iguala pues los tres juegan en un contexto idéntico: el del Chile moderno y desarrollado ajeno a los extremismos, caudillismos o populismos que abundan en otros lados del continente.
El tópico (que abunda sobremanera en Europa) nos muestra un nuevo y repetido duelo entre los valores democráticos (Eduardo Frei) y los vínculos con el pasado (Sebastián Piñera). 
 

Eduardo Frei es el heredero de una larga tradición familiar (su padre fue el ex presidente Eduardo Frei Montalva) encabezando una coalición de partidos cuyo acta de nacimiento fue la lucha contra la dictadura de Augusto Pinochet.

Enfrente, siguiendo el tópico, estaría Sebastián Piñera, un empresario (y para más inri multimillonario) de derecha moderada, apoyado por un partido conservador (Renovación Nacional) y por el grupo más cercano y vinculado al pinochetismo (la UDI). 

Entre ellos se ha colado un joven como Marco Enríquez-Ominami que encarnaría a las nuevas generaciones y que entronca con los deseos de cambio de muchos y con el recuerdo mitificado de Salvador Allende (el padre de ME-O fue Miguel Enríquez, jefe del MIR-partido de extrema izquierda- en los años 70).                                                             

Pero si la mirada desciende un poco y se desprende de esos tópicos, los tres candidatos no encarnan mundos tan opuestos:

La conquista de las clases medias

Chile es cada día más un país de clases medias. Se calcula que más del 50% de la población puede considerarse dentro de ese sector. Por eso, los tres candidatos persiguen un objetivo común: conquistar a la clase media.

Como afirma Patricio Navia, "la elección de 2009 será distinta a las cuatro anteriores. Precisamente porque el país ha crecido y la clase media se ha extendido, por primera vez desde el retorno de la democracia será la clase media -y no los sectores populares que seguirán siendo leales a la Concertación- los que definan el nombre del próximo Presidente de Chile". 

De este hecho son muy conscientes los candidatos y lo han expresado con claridad:

Eduardo Frei: "Los ejes centrales van a estar en la educación, en las políticas para la clase media, en cómo vamos a ampliar el sistema de protección social para la clase media".

Sebastián Piñera: "Nuestra candidatura tiene un compromiso de alma y corazón con la clase media y con los más pobres de nuestro país…dejaremos de darle la espalda, para tender nuestros brazos abiertos y solidarios, a nuestra muchas veces abandonada clase media".

Marco Enríquez Ominami, de clase media acomodada él mismo, es fuerte donde predomina el voto urbano de clase media y media baja, precisamente. Una de sus propuestas es reducir a US$5 millones los actuales US$14 millones de capital que exige la ley para la creación de un banco. De esta forma se impulsaría la creación de bancos segmentados hacia las pequeñas y medianas empresas (pymes).

Para Patricio Navia las clases medias están molestas "con la Concertación y están preparadas para castigarla. Marco Enríquez-Ominami no le quita votos a la Concertación en los sectores populares, se los resta (también a Piñera) en la clase media que quiere castigar a la Concertación".

Renovación, la palabra mágica

El tópico señalaría que siendo Frei continuista y Piñera conservador, el único con capacidad de renovación sería Enríquez-Ominami. Sin embargo, los tres han levantado la bandera del cambio.                          

Para Eduardo Frei esa renovación conlleva una nueva carta magna que sustituya a la de 1980 elaborada durante la dictadura de Pinochet: "seguimos con una Constitución que fue hecha en la época del miedo, hace 30 años, y necesitamos una Constitución para las libertades, para terminar con la exclusión y la discriminación".

Para muchos analistas "Frei difícilmente representa el cambio sino el continuismo. Por eso, en estas elecciones la clave  está en Continuidad (Frei) o cambio (Piñera y Enríquez-Ominami). Eso es lo que se debate". 

En Sebastián Piñera, renovación quiere decir poner punto punto y final a 20 años de gobiernos de la Concertación. De hecho, la coalición que agrupa a los partidos que apoyan a Piñera lleva un nombre muy significativo, Coalición por el Cambio: "he visto en los ojos de los chilenos que hay una fuerza, una esperanza y una voluntad de cambiar a nuestro país para mejor, y esa fuerza es la que impulsa nuestra candidatura".

Piñera tiene en mente impulsar una renovación generacional en su gobierno lo que viene en llamarse un gabinete de sub-40, ministros de menos de 40 años.

ME-O encarna en su figura el deseo de renovación y cambio como político joven que corre de forma independiente al margen de los partidos tradicionales: "los jóvenes son los únicos capaces de impregnar aires de renovación a la política chilena".  Marco Enríquez-Ominami ha recordado la figura de su padre, el fallecido ex guerrillero Miguel Enríquez, fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR): "aunque no lo conocí, estoy seguro de que hoy estaría lleno de emoción al ver cómo se sigue desafiando la inercia para cambiar Chile".

Patricio Navia considera que "Marco Enríquez-Ominami posee algunos atributos necesarios para llenar, parcialmente, el vacío de liderazgos renovadores y responder a la demanda popular por caras nuevas y líderes de recambio".

Para algunos analistas "ME-O es lo novedoso porque representa lo irreverente, pero nada más, sin sustancia, es la atracción del rebelde. Inteligente, por cierto, más atractivo que Frei, quien lo duda, pero carente de propuestas concretas que no sea lo de un discurso contestario. Que evidentemente a muchos les gusta, porque tiene eso de ir a la contra, pero que al mismo tiempo que saben no ganará".

El legado de la Concertación

Ninguno reniega de la labor de la Concertación. Eduardo Frei lógicamente es el encargado de continuar la obra concertacionista y de profundizarla. Para el candidato oficialista la Concertación "está más viva que nunca" y "el país sabe qué es gobernar con la Concertación, y qué es gobernar con la derecha y eso hace una gran diferencia".

Sebatián Piñera es el más crítico con la labor de gobierno de la Concertación: "nuestro desafío es mucho más grande y noble que derrotar a la Concertación. Es cambiar la forma de gobernar, sacar lo mejor que todos nosotros tenemos dentro y no olvidar pero sí superar el pasado".

Tampoco tiene reparos en reconocer que "no partimos de cero. La Concertación hizo cosas muy buenas en el pasado. Nosotros siempre las hemos reconocido y apoyado. Pero todos sabemos, en lo más profundo de nuestros corazones, que su tiempo ya pasó".

Además,Sebastián Piñera tiene más que ver con la tradición antipinochetista de la Concertación que con el antiguo pinochetismo de la UDI. Piñera votó contra Augusto Pinochet y por el No en el referendum de 1988 y en su comando está Fernando Flores, quien fuera ex ministro de Salvador Allende, encarcelado durante la dictadura.

Marco Enríquez-Ominami busca las raíces reformistas de la Concertación que el paso del tiempo ha ido dejando en el camino: "hoy comienza una nueva página de la historia. Sigue el cambio de Bachelet, aquí está el progresismo…vamos a pasar a segunda vuelta con lo mejor que inspiró a Bachelet cuando fue candidata, con lo mejor de lo que ella representa y no con lo peor".  

La apuesta por el reformismo moderado

Los tres candidatos encarnan al Chile moderno, abierto al mundo y de clases medias. Los tres están alejados de la polarización que abunda en otra partes del continente. Abominan del chavismo o el "socialismo del siglo XXI" y apuestan por la reforma moderada,

Piñera ha mostrado su admiración por las políticas de Álvaro Uribe en Colombia o de Mauricio Macri al frente de la alcaldía de Buenos Aires; Marco Enríquez-Ominami tiene como referente a Lula da Silva y ha dejado claro que "no soy chavista" y Eduardo Frei defiende la continuidad de los gobiernos de la Concertación, que sin romper con el legado económico de Pinochet fueron capaces de introducir trascendentales reformas.

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