Estados Unidos no quiere y Brasil no puede
Nuevo Herald
Miami, 14 septiembre 2009
Por Carlos Alberto Montaner
“…. Estados Unidos preferiría que los países latinoamericanos fueran democráticos, prósperos y sensatos, como los de la Unión Europea, por ejemplo, pero Washington ya no siente ninguna urgencia de guiarlos en esa dirección. Le gustaría, eso sí, que Brasil lo sustituyera en ese abandonado liderazgo, y tratan de engatusar a sus líderes para que asuman ese rol, pero este deseo no pasa de ser una ingenua ilusión absolutamente irreal”. (Nuevo Herald. Estados Unidos)
Estados Unidos no tiene el menor interés en seguir siendo la potencia responsable de la estabilidad y el buen gobierno en América Latina. Esa fue una incómoda tarea del siglo XX. Todo eso se acabó. Al desaparecer la URSS, los políticos norteamericanos ya no sienten ningún peligro potencial para la seguridad nacional procedente de la región. Cuba les parece una dictadura decrépita que desaparecerá a corto o medio plazo por consunción, como les sucede a los ancianos golpeados por la caquexia. A Chávez lo ven como un loquito pintoresco, exportador de petróleo, capaz de hacerles mucho daño a los venezolanos y a sus vecinos, pero no a ellos.
Es verdad que Castro y Chávez están embarcados en una cruzada delirante encaminada a revivir la conquista del planeta para la causa del socialismo del siglo XXI, pero la consecuencia de ese disparate (por ahora) sólo afecta a las víctimas directas de sus maquinaciones. Incluso, en un conflicto como el ocurrido en Honduras, a Washington no le ha importado coincidir con los objetivos de sus enemigos, aunque el control de ese país por el chavismo eventualmente signifique otro par de millones de hondureños ilegales en Estados Unidos, huyendo de la hambruna, el cierre de la base de Palmerola, como ya ocurrió con la de Manta en Ecuador, y otra pista de despegue para los narcotraficantes. En definitiva, peccata minuta.
Naturalmente, Estados Unidos preferiría que los países latinoamericanos fueran democráticos, prósperos y sensatos, como los de la Unión Europea, por ejemplo, pero Washington ya no siente ninguna urgencia de guiarlos en esa dirección. Le gustaría, eso sí, que Brasil lo sustituyera en ese abandonado liderazgo, y tratan de engatusar a sus líderes para que asuman ese rol, pero este deseo no pasa de ser una ingenua ilusión absolutamente irreal.
Brasil es, en efecto, del tamaño de Estados Unidos, tiene 200 millones de habitantes y posee ciertas zonas parcialmente desarrolladas, como sucede en Sao Paulo, pero dista mucho de ser una potencia. Basta revisar el CIA Fact Book por internet para comprobarlo: la economía brasilera es de apenas dos billones de dólares (trillions en inglés), y en ningún campo realmente importante resulta puntera e innovadora. Más del 30% de su población es muy pobre. Tiene una de las distribuciones de ingresos más desiguales del planeta (56.7 en el índice Gini), mientras su per cápita anual, medido en paridad de poder adquisitivo, es de apenas $10,000.
…. Pero hay algo más trascendente que todo eso: Brasil no tiene la menor vocación de potencia regional. Siempre ha vivido de espaldas a Hispanoamérica (y viceversa), y, por lo menos desde el establecimiento de la república (1889), no siente el deseo de imponerse y dirigir a sus vecinos, lo que no le ha impedido despojar de algunos territorios limítrofes a Argentina, Paraguay, Bolivia, Guyana, Perú y Colombia.
Liderar cuesta dinero, a veces hay que utilizar la fuerza, y el país, que ni siquiera consigue poner orden en las favelas, lleva demasiado tiempo volcado hacia dentro para reinventarse a estas alturas como los Estados Unidos de Sudamérica. No le interesa. No lo desea. No puede. No tiene fuerzas…"
Extracto del Articulo publicado en Nuevo Herald. Estados Unidos

























