Anuncio ambiguo
Infolatam
México D.F., 11 de septiembre de 2009
Por Fernando Escalante Gonzalbo
(Especial para Infolatam).- “… En la práctica, impulsar un programa maximalista en las actuales condiciones sólo tiene sentido como gesto, digamos, de valor testimonial: presentar al PAN como partido del cambio, al PRI como partido de la inercia, de los intereses creados, del antiguo régimen. Y afrontar así la elección presidencial de 2012. Es casi haber renunciado a gobernar.”.
Al presentar su tercer informe de gobierno, la semana pasada, el presidente Felipe Calderón anunció un golpe de timón. Hasta ahora es sólo eso, un anuncio, y demasiado ambiguo. Hizo una autocrítica bastante razonable, dijo que era necesario acometer un programa ambicioso de reformas y lo delineó en un esquema de diez puntos: algunos bastante obvios, como el combate a la pobreza o la mejora del sistema de seguridad pública, otros que parecen problemáticos porque se refieren a temas en que es evidente que no hay el mínimo acuerdo de las fuerzas políticas para imaginar una reforma: régimen fiscal, educación, energía, legislación laboral.
Ha transcurrido ya la mitad del periodo de su mandato. Es decir, tendría que concretar esa reforma general del arreglo institucional del país en los próximos tres años. Por otra parte, ha hecho el anuncio sólo dos meses después de que su partido perdiese las elecciones para renovar la cámara de diputados, donde actualmente el PRI tiene mayoría absoluta. Y todo lo que propone depende estrictamente del poder legislativo. Más preocupante: prácticamente ninguna de las reformas que ha anunciado como indispensables estaba en el programa electoral de su partido. Tampoco en los otros.
En los medios se recibió casi con entusiasmo el anuncio: se elogió mucho el discurso, el cambio de actitud y de agenda. Los diputados y senadores de la oposición han sido mucho más cautelosos, esperan a que los propósitos se traduzcan en iniciativas de ley. Y con razón, porque no está claro en qué consistiría una nueva reforma energética, sólo un año después de que se pactó y se votó en el congreso la reforma del sector. Tampoco se puede saber qué perfiles tendría la nueva legislación laboral: se entiende que estaría orientada a flexibilizar el mercado laboral, pero no es fácil imaginarse al PRI apoyando una iniciativa que minase el poder de los sindicatos. Otro tanto puede decirse de la propuesta de reforma educativa: mejor educación, educación de calidad, sin duda, pero a sólo dos años de que el gobierno firmase un gran Acuerdo Nacional para la Calidad Educativa con el sindicato magisterial, la idea resulta extraña; entre líneas puede leerse la intención de reducir la influencia del poderosísimo sindicato nacional de maestros, pero no es razonable esperar que ningún partido quiera romper hostilidades con una fuerza política capaz de decidir cualquier elección nacional.
Lo único concreto, una semana después del anuncio, es una iniciativa de reforma fiscal que es todo, menos revolucionaria. Ligero aumento de impuestos: 2% en el impuesto sobre la renta, algo más en telefonía, alcohol y tabaco, y 2% adicional de IVA, incluyendo alimentos y medicinas, que hasta hoy tienen tasa cero. Y ligeros recortes de presupuesto, con la supresión de tres secretarías de estado. Parece poca cosa, pero además parece pensada para fracasar. En primer lugar, porque todos los partidos, incluido el PAN, hicieron campaña hace apenas tres meses prometiendo que no se aumentarían los impuestos; el PRI, en particular, con una postura muy enérgica contra el IVA en alimentos y medicinas. En segundo lugar, porque se antoja una política recesiva, que no parece la más adecuada para el año que viene, después de una caída de casi 10% del PIB en 2009. Varios dirigentes del PRI, del PRD y el PT se han manifestado ya en contra de la reforma fiscal en esos términos. Si acaso, pasará muy atenuada y modificada.
No se podía esperar, sensatamente, otro resultado. Y lo lógico es que las otras iniciativas, en caso de presentarse, corran una suerte parecida. Por eso no se entiende bien el sentido de ese golpe de timón. Sin mayoría en ninguna de las cámaras, después de una fuerte derrota electoral, el presidente no está en posición de dirigir un programa así de ambicioso.
Ahora bien: podría ser que el conjunto de iniciativas vaya a presentarse con la intención de que sean todas, una por una, rechazadas por el congreso. Es decir, rechazadas por el PRI. El presidente tendría entonces tres años para hacer propaganda de una serie de reformas, en temas que la opinión considera importantes: educación, salud, pobreza, trabajo, seguridad, ofreciendo un cambio radical del orden institucional del país, y el PRI tendría que cargar con el desgaste de rechazar en el congreso todas las iniciativas, y aparecer como obstáculo para el progreso.
No tiene sentido un juicio de intención. Es muy probable que el presidente Calderón crea verdaderamente en las reformas que propone. Sin embargo, en la práctica, impulsar un programa maximalista en las actuales condiciones sólo tiene sentido como gesto, digamos, de valor testimonial: presentar al PAN como partido del cambio, al PRI como partido de la inercia, de los intereses creados, del antiguo régimen. Y afrontar así la elección presidencial de 2012. Es casi haber renunciado a gobernar.


























