Proteccionismo a raya

Infolatam
Madrid, 25 agosto 2009
Por Federico Steinberg

(Especial para Infolatam).-<strong> “… La importancia de la disciplina que impone la OMC es enorme en la medida en la que actúa como un (imperfecto) seguro ante la tentación proteccionista, algo que no se suele valorar en periodos de crecimiento. <br /><br />Por ello, el valor de concluir la Ronda de Doha en un momento de crisis como este no estriba tanto en crear nuevas oportunidades de comercio como en consolidar el nivel de apertura que el sistema tiene en la actualidad, que es bastante elevado en términos históricos”.</strong>

Desacoplamiento (entre las economías avanzadas y las emergentes) fue la palabra de moda antes del estallido de la crisis. Parecía que la vieja periferia ya no necesitaba del centro para crecer. Pero durante el último año se abandonó el término porque la brutal contracción de la demanda en Estados Unidos y Europa supuso un severo varapalo para el sector exterior de las economías de Asia y América Latina. Sin embargo, los últimos datos conocidos apuntan a que los países en desarrollo (primero Asia y después América Latina) podrían comenzar a crecer antes de lo previsto, e incluso podrían alcanzar su crecimiento potencial antes que los países ricos. El desacoplamiento ha vuelto.

Más allá del debate sobre la existencia y la intensidad del grado de sincronización de la economía mundial, la indudable dependencia recíproca entre países ricos y emergentes tiene como correa de transmisión el comercio y las inversiones internacionales. Por eso, mantener a raya la tentación proteccionista es clave para que los intercambios internacionales contribuyan a la recuperación en vez de ser un lastre para el crecimiento y un caldo de cultivo para el nacionalismo y la xenofobia, como sucedió en los años treinta (entre 1929 y 1932 la caída del comercio internacional fue del 33% en términos reales e indujo una caída del 14% en el PIB de cada país). Para la mayoría de los países de América Latina, que están cada vez más integrados en la economía mundial y que ha invertido en mejorar la competitividad de sus sectores exportadores, el mantenimiento de un sistema comercial abierto es esencial.

Por eso, resulta muy alentador que, según la Organización Mundial de Comercio (OMC), la comunidad internacional este consiguiendo mantener el proteccionismo a raya. Indudablemente, el comercio internacional está sufriendo una importante contracción (en 2009 caerá alrededor de un 10%), pero ello se debe fundamentalmente a la caída de la demanda y a la escasez del crédito (que son pasajeras) y no al auge del proteccionismo (que resulta difícil de revertir una vez que se produce). Aunque algunos países han utilizado instrumentos para discriminar contra las importaciones y dar preferencia a la producción y al empleo nacional, la OMC califica la mayoría de estas medidas como proteccionismo de baja intensidad porque casi todas son compatibles con los acuerdos internacionales.

Es precisamente la regulación de la OMC — que en los años treinta no existían — la que está conteniendo las presiones proteccionistas. Está permitiendo que los aranceles suban solamente hasta los límites máximos establecidos y no por encima. Además está dando a los gobiernos la posibilidad de recurrir a distintas cláusulas de salvaguardia, que fueron diseñadas como válvulas de escape para situaciones como la actual y que permiten a los países relajar sus políticas de forma temporal sin verse obligadas a abandonar la institución (algunos países latinoamericanos incluso han reducido sus aranceles para algunos productos para evitar un aumento del coste de los bienes importados intermedios necesarios para la producción nacional).

Otra manifestación de la importancia y efectividad del marco institucional multilateral es que justamente los países que no son miembros de la OMC (como Rusia o Argelia) son los que más están obstruyendo el libre movimiento internacional de bienes, servicios e inversiones. Asimismo, también se observa que en las áreas en las que la cobertura de la normativa OMC es limitada o inexistente (rescates al sistema financiero, programas de compras públicas, subsidios a las exportaciones para determinados bienes o restricciones a la entrada de trabajadores) se están dando más medidas contra el libre comercio.

Todo ello sugiere que la importancia de la disciplina que impone la OMC es enorme en la medida en la que actúa como un (imperfecto) seguro ante la tentación proteccionista, algo que no se suele valorar en periodos de crecimiento. Por ello, el valor de concluir la Ronda de Doha en un momento de crisis como este no estriba tanto en crear nuevas oportunidades de comercio como en consolidar el nivel de apertura que el sistema tiene en la actualidad, que es bastante elevado en términos históricos.

La cumbre del G-20 que se celebrará en Pittsburg a finales de septiembre es una nueva oportunidad para que las principales potencias den el empujón definitivo a la Ronda, de forma que la OMC pueda empezar a trabajar en algunas de las zonas grises de la regulación, que son por las que se han introducido las barreras no arancelarias más peligrosas.

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