¿Democracia de micrófono?

El Universo
Quito, 24 agosto 2009
Por Simon Pachano

“… Hay más espacio para el pesimismo cuando se considera que hasta el momento no se ha dado un solo paso en términos diplomáticos. . Es poco probable -y sería un grave error si lo hiciera- que el gobierno que patentó la diplomacia del micrófono estuviera manejando este tema por debajo de la mesa<a href=”http://www.eluniverso.com/2009/08/24/1/1363/democracia-microfono.html?p=1354&amp;m=756″ target=”_blank” title=”Pachano: Ecuadro Colombia”>”.(El Universal. Ecuador)</a>

“Cuando parecía que llegaban los huracanes bélicos que anunció el comandante Chávez, se produjo el cambio de clima más sorpresivo y sorprendente de la temporada. En lugar de repetir las palabras fuertes de los sábados, de insistir en los cinco puntos indeclinables y de volver a justificar las salvaguardias arancelarias, el Presidente comunicó su decisión de aceptar las disculpas del Mandatario colombiano. Así de sencillo, de una sola, como corresponde a la diplomacia del micrófono que es la que ahora se practica.

Por supuesto que es un hecho positivo, nadie lo duda. Puede ser el primer paso para un diálogo o, por lo menos, puede ayudar en algo a bajar las tensiones entre los dos gobiernos. Pero no está claro si se trata de una posición en firme o fue solamente uno de los exabruptos que tiene con frecuencia el Presidente. Para ver las cosas con optimismo, vale recordar las declaraciones que hizo el ministro Patiño y que las recogió el propio mandatario sobre el video del Mono Jojoy. Ambos dijeron que alguien pudo engañar a las FARC, con lo que implícitamente estaban concediéndole algún grado de veracidad a su contenido. Por lo menos, no lo calificaron como apócrifo ni dijeron que se trataba de una falsificación, como lo habían hecho con todas las acusaciones anteriores. Aunque sea en grado mínimo, en ese momento se pudo apreciar un leve viraje en la posición que mantenía el gobierno. La aceptación de las disculpas del Presidente Uribe sería entonces, no el primero, sino el segundo paso en esa dirección.

Pero también hay señales que llevan a ver la situación con algo de pesimismo. Se trata sobre todo de la reacción que tuvieron los miembros del gobierno y en general los colaboradores del Presidente, que dieron muestras de haber quedado absolutamente descolocados. Al contrario de lo que sucede con otros temas, como el de los Comités de Defensa de la Revolución, en que hubo decenas de voceros voluntarios dispuestos a explicar su validez y su contenido, en este asunto nadie abrió la boca. Con ese silencio inusual de un coro que siempre ha estado listo a repicar en la procesión, ganan terreno las sospechas del exabrupto.

Hay más espacio para el pesimismo cuando se considera que hasta el momento no se ha dado un solo paso en términos diplomáticos. La especulación de los medios sobre la posible reunión de los dos presidentes en la cita de Bariloche es solamente eso, pura especulación. Nada se ha preparado para que ello ocurra, o por lo menos no ha trascendido a la opinión pública. Es poco probable -y sería un grave error si lo hiciera- que el gobierno que patentó la diplomacia del micrófono estuviera manejando este tema por debajo de la mesa. Las encuestas demuestran que una buena parte del apoyo popular se explica por esa posición ultranacionalista, de manera que cualquier viraje o modificación, por leve que esta sea, debe ser cuidadosamente explicada por los mismos medios que se construyó la percepción de peligro y enemistad.

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