Paranoia mutua
Infolatam
Bogotá, 13 de agosto de 2009
Por Rodrigo Pardo
<strong>”Uribe y Chávez están convencidos de que el otro está aliado con su enemigo. La falta de confianza es recíproca… Una nueva guerra fría entre Estados Unidos y Venezuela podría volver a hacer metástasis en los vínculos entre Chávez y el presidente Uribe. Y la falta de confianza mutua es una limitante muy severa para superar el impasse reciente, para evitar incidentes futuros y para buscar una diversificación de la agenda bilateral. Mientras persista el delirio recíproco, no hay escenario posible al de más de lo mismo”</strong> (<a href=”http://www.cambio.com.co/opinioncambio/post.php?id_blog=3814754&id_nota=450018363″ target=”_blank” title=”Análisis Rodrigo Pardo”>Cambio, Colombia)</a>
Hacía varios años no me encontraba con el presidente Chávez, con quien me reuní dos o tres veces a comienzos de su gobierno, siempre por razones periodísticas. El sábado pasado lo acompañé en una jornada de trabajo en el interior de su país -Guyana- para hacerle una entrevista para El Tiempo. Ha cambiado mucho. Se ha radicalizado y él mismo reconoce que ha depurado su equipo y que ya no cree que pueda trabajar con sectores de “la oligarquía”. Ya no habla de revolución bolivariana sino de socialismo abierto y puro.
Pero el tema en el que se ha polarizado más es el de las relaciones exteriores. Chávez está convencido de que Estados Unidos lo quiere invadir y tiene pretensiones de apoderarse del petróleo. Paranoico, desenfocado o manipulador, me dejó la sensación de que está convencido de esa hipótesis. Para Chávez, el cambio de Bush a Obama no es más que un reemplazo ‘gatopardeano’ de nombres.
No va a ser fácil mejorar las relaciones con semejante idea tan fijada en la mente del gobernante. Y además cuando en este lado de la frontera el presidente Uribe también está convencido de que Chávez apoya a las Farc. Los argumento de Chávez de que los cuatro lanza-cohetes suecos que les encontraron a los guerrilleros son muy poca cosa y demasiado obsoletos, pueden ser válidos pero, para efectos prácticos, lo que importa es lo que piensa Uribe. Cada uno de los dos mandatarios considera a su vecino un aliado de su enemigo más acérrimo. Y algo peor: ambos tienen aleccionados a sus respectivos pueblos. ¡Antes las relaciones no son peores!
Y poco ayuda el incipiente deterioro de la comunicación entre Washington y Caracas. Aunque hace poco regresaron los embajadores que se habían retirado en la era Bush, en los últimos días Obama y Chávez se han lanzado golpes relacionados con la crisis hondureña, que vaticinan lo peor. Chávez dice que Estados Unidos ha sido ambiguo cuando critica, a la vez, al golpe y a Zelaya. Y Obama, desde México, respondió sin mencionar nombres, que son hipócritas los que critican la intervención estadounidense en América Latina y a la vez piden que resuelva el lío hondureño. Obama está muy lejos de caer en la guerra verbal que aceptó su antecesor con Chávez, pero deja la sensación de que está mordiéndose la lengua.
Una nueva guerra fría entre Estados Unidos y Venezuela podría volver a hacer metástasis en los vínculos entre Chávez y el presidente Uribe. Y la falta de confianza mutua es una limitante muy severa para superar el impasse reciente, para evitar incidentes futuros y para buscar una diversificación de la agenda bilateral. Mientras persista el delirio recíproco, no hay escenario posible al de más de lo mismo.
Extracto del análisis publicado en Cambio


























