Obama y la crisis hondureña
Infolatam
Caracas, 23 de julio de 2009
Por Maria Teresa Romero
(Especial para Infolatam).- “Sin duda, la crisis política en Honduras constituye un caso- prueba fundamental para la nueva política exterior de los Estados Unidos, especialmente hacia América Latina.
El comportamiento que hasta ahora ha manifestado la administración Obama en el caso hondureño demuestra hasta qué punto está comprometida con su estrategia de Nuevo Trato, Diplomacia Inteligente, y Nuevo Multilateralismo” (sigue).
Desde el primer momento la administración Obama se involucró en la crisis siguiendo fielmente la ruta multilateral emprendida por la OEA. De tal forma, no apoyó la acción militar de sacar del poder a Manuel Zelaya -calificándola de golpe de Estado- y se ha mantenido en la posición de restituirlo como el legítimo Presidente de Honduras. Incluso, este gobierno fue el artífice de la mediación del presidente costarricense Oscar Arias en la crisis y cuando la segunda ronda de negociaciones fracasó, la secretaria de Estado Hillary Clinton hizo una llamada telefónica en términos muy duros al presidente actual Roberto Micheletti, amenazándolo con suspender la ayuda a Honduras si no se comprometía con la mediación. Aún no se sabe hasta dónde pondrá en práctica esas medidas y si tomará otras tras el fracaso de la tercera y posible última ronda de negociaciones.
Esta conducta estadounidense, que le ha valido fuertes cuestionamientos por parte del gobierno de Micheletti quien lo acusa de no entender que lo sucedido no fue un golpe de Estado clásico sino una acción apegada a la constitucionalidad, no le ha resultado -hasta ahora- tan contraproducente en términos de imagen, confianza y reputación externa. Las críticas son fundamentalmente domésticas, donde varios congresistas, empresarios y organizaciones de la sociedad civil estadounidense están presionando para que no suspenda la ayuda a los hondureños y para que apoye al gobierno de Micheletti.
Con todo, dentro de EE.UU sólo la asesora del gobierno venezolano y otros intelectuales de la izquierda radical, son los que sostienen que Obama es quién está detrás del golpe en Honduras. Por su parte, la mayoría de los países del continente ven ahora un Estados Unidos que comparte soluciones, no que las impone; un EE.UU que sigue las leyes multilaterales y que está en contra sin bemoles de las salidas de facto (recordemos que con razón o sin razón todas las democracias de la región están de acuerdo en calificar el hecho como un golpe de Estado).
A la vez, esa conducta ha ayudado a aislar la posición de los gobiernos pertenecientes al ALBA que están interviniendo abiertamente en los asuntos internos de Honduras y que quieren imponer una solución no diplomática a la crisis. Es más, la actitud estadounidense ha desnudado en forma nítida los verdaderos objetivos de expansión de Hugo Chávez y los hermanos Castro en América Latina. De allí las airadas acusaciones de estos en contra de la política de Obama-Clinton. Hugo Chávez y demás voceros de su gobierno, todos a una sola voz, aseguran que Barack Obama mantiene la política internacional de intervencionismo de su antecesor, George W. Bush; que utiliza su liderazgo y carisma para legitimar el golpe de Estado en Honduras, ya que existen muchos indicios que vinculan al gobierno estadounidense en la preparación, impulso y posterior apoyo al régimen de Micheletti; y que también es responsable del "intento de ahogar en sangre el proceso emancipatorio de los pueblos de Latinoamérica".
Durante una rueda de prensa ofrecida el pasado 11 de julio, el presidente Chávez consideró como un grave error la propuesta de la Secretaría de Estados Unidos de proponer un diálogo en Costa Rica entre el presidente depuesto Manuel Zelaya y Roberto Micheletti, lo cual calificó de "aborto de Washington". En su opinión, el diálogo con "los golpistas" lo que está logrando es la permanencia en el poder de éstos.
Pero la administración Obama no se ha quedado callada ni se ha plegado a la política del bloque chavista hacia Honduras. Si bien también sostiene que en la nación centroamericana hubo un golpe de Estado y que Zelaya debe volver, no rompió relaciones con el gobierno interino ni cerró su embajada en Tegucigalpa. Y aunque Estados Unidos anunció la suspensión de los programas de ayuda militar y de desarrollo a Honduras, las relaciones militares y los protocolos entre ambos países también se mantienen. Hillary Clinton, no recibió a Manuel Zelaya hasta varios días después de su derrocamiento y cuándo lo hizo lo presionó para que aceptara la mediación del presidente de Costa Rica, lo que dejó al ex mandatario hondureño sin posibilidad de coordinar una respuesta con sus amigos del ALBA. Inmediatamente después del encuentro, por cierto, Clinton recibió en su despacho a sectores de la oposición venezolana y días después fustigó al presidente Chávez por su injerencia en Honduras.
Por otra parte, en declaraciones ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU, el posible nuevo secretario de Estado adjunto para América Latina, Arturo Valenzuela, indicó que si bien la OEA y ahora el presidente Oscar Arias, "deben trabajar para el retorno del presidente Manuel Zelaya al poder, también debe hacerlo en otros problemas que estaban "latentes" antes del golpe, como "las acusaciones de parte de la sociedad hondureña respecto a que el propio presidente (Zelaya) no siguió necesariamente el proceso constitucional". También indirectamente se refirió a la intervención de algunos gobiernos de la región en los asuntos internos de Honduras.
Estas y otras declaraciones de la administración Obama, como bien apunta el periodista Álvaro Vargas Llosa en un artículo reciente, constituyen un mensaje cifrado a los miembros democráticos de la OEA y en particular a su Secretario General José Miguel Insulza, el cual quiere decir que "la Carta Democrática Interamericana debe ser defendida en Venezuela y otros países con el mismo ardor que en Honduras, donde además -a ojos de EEUU- debió también ser defendida antes de que estallara la crisis". En ese artículo Vargas Llosa también destaca que la percepción en Estados Unidos es que el bloque chavista "ha estado ejerciendo una presión más eficaz sobre Insulza que los demás integrantes de la OEA", y recuerda que el gobierno de Estados Unidos no ha tomado una posición clara con relación a la reelección de Insulza y que Washington "dará cuidadosa consideración" al asunto. Sin duda, el haber colocado a Oscar Arias en la mediación fue un duro golpe para un Insulza parcializado con el ALBA.
Ojalá que la percepción de Alvaro Vargas Llosa sea correcta porque si la administración Obama no defiende la Carta Democrática Interamericana en toda su extensión y no presiona con fuerza a la OEA para que sea más activa en su compromiso democrático – en particular en el caso hondureño ahora que fracasó la mediación de Arias- , su estrategia inteligente pronto verá los límites que algunos de sus críticos le vienen señalando. También se acrecentarán las oposiciones que ya se observan dentro del congreso estadounidense y dentro de su propia administración. En el tema de qué hacer en el conflicto hondureños, el abogado Gregory Craig, consejero jefe de la Casa Blanca, es de la posición de apoyar sin contemplaciones el regreso de Zelaya a la Presidencia y de imponer sanciones duras al gobierno interino para que acepte la negociación. Pero otros consejeros y muchos en el Departamento de Estado, incluida Hillary Clinton, tienen una posiciónes más condescendiente hacia el gobierno de Micheletti.


























