Honduras: objetivos para la negociación
Infolatam
San José de Costa Rica, 9 de julio 2009
Por Daniel Zovatto
Daniel Zovatto, Director para América Latina de International IDEA se incorpora hoy al panel de analistas de Infolatam, formado por sesenta y tres especialistas en Latinoamérica. Experto en procesos electorales y Derechos Humanos, Zovatto analiza desde Costa Rica el proceso negociador sobre Honduras.
(Especial para Infolatam).- “La solución debe garantizar un nivel aceptable de gobernabilidad durante el periodo que aun resta para que Zelaya concluya su mandato. Por ello, y dado que aún faltan cuatro meses y medio para la celebración de las elecciones generales (previstas para el 29 de noviembre de 2009) y poco menos de siete para la entrega del poder al nuevo presidente electo (fijado para el 27 de enero de 2010), las partes podrían negociar (sujeto a la aprobación de los candidatos de las elecciones de noviembre, del Tribunal Superior Electoral y del Congreso) un posible adelanto de las elecciones y de la transferencia del gobierno. Si ello no fuera posible, entonces habría que mantener la fecha de las elecciones y la transferencia del gobierno en las ahora vigentes”.
Llegó el momento de dar la oportunidad a la diplomacia y al diálogo. Es urgente encontrar una solución política a una crisis política antes de que ésta se desborde. Este pasado jueves arrancó un proceso de mediación que no debe desaprovecharse. Tal vez sea ésta la última oportunidad de dar una solución constitucional, pacífica y duradera a la grave crisis que vive Honduras.
En el seno de la OEA ya se ha hecho y avanzado todo lo posible, y no es poca cosa lo que se ha logrado. La reacción rápida, homogénea y firme de la totalidad de los países del sistema interamericano, dentro de la Carta de la OEA y de la Carta Democrática Interamericana, fue correcta. La sociedad internacional, toda, ha condenado por completo el golpe de Estado y ha aislado al régimen de facto y, con una sola voz, se ha solicitado el rápido restablecimiento del orden constitucional y del estado de derecho en el país, así como la inmediata restitución del Presidente legítimo de Honduras, José Manuel Zelaya.
Por su parte, la administración del presidente Obama también ha hecho su aportación -fundamental en mi opinión-: condenar el golpe, reconocer a Zelaya como el presidente legítimo, trabajar con un enfoque multilateral dentro de la OEA y, al mismo tiempo, crear las condiciones para que las partes inicien un diálogo con la mediación del presidente Arias de Costa Rica. Afortunadamente, Estados Unidos no se ha dejado tentar por el protagonismo en esta crisis, al menos en lo formal.
La política del Departamento de Estado, a cargo de Hillary Clinton, fue fiel a los compromisos expresados por Obama en la Cumbre de las Américas el pasado mes de febrero en Trinidad y Tobago, cuando se comprometió a no apoyar los golpes de Estado, a fortalecer las instancias multilaterales (en especial la OEA) y a ser un socio más y no actuar como el hermano mayor. Por ello, aunque con la capacidad de ser mediador en este conflicto, limitó su papel para ayudar a destrabar el impasse al que se había llegado, generando las condiciones para el diálogo y la mediación, y proponiendo al Presidente de Costa Rica para liderar este proceso.
La propuesta -en mi opinión- es sabia y acertada, ya que dentro de la región centroamericana nadie tiene mejores credenciales que la combinación perfecta entre Costa Rica y su Presidente: Costa Rica, por ser un país sin ejército, pacífico, con sólidas credenciales democráticas, que no forma parte de los países del ALBA y que detenta en este momento la presidencia pro tempore del SICA; Óscar Arias, Premio Nobel de la Paz, con sólidas credenciales y experiencia en estos temas, como su plan de paz (Esquipulas) para la región centroamericana de 1987.
La mediación y sus objetivos
La mediación es uno de los mecanismos más utilizados para buscar salidas negociadas a situaciones de crisis como la que hoy vive Honduras. El mediador, un tercero neutral aceptado por las parte, desempeña un papel activo en la definición de la agenda, participación en los debates y negociaciones, e incluso propone soluciones a las partes, las cuales no están obligadas a aceptar.
Para tener éxito, todo proceso de mediación debe cumplir con una serie de requisitos mínimos a saber: 1) las partes deben tener plena confianza en la capacidad, conocimiento de la situación y neutralidad del mediador; 2) el mediador debe ayudar a crear, desde el inicio, un ambiente propicio para las negociaciones, generando las condiciones de confianza entre las partes; 3) la agenda debe incluir todos aquellos temas que sean fundamentales para alcanzar una solución eficaz y duradera, 4) las partes deben llegar a la mesa de negociación con buena fe, es decir dispuestas a negociar y a encontrar una solución, y 5) deben ser flexibles y, por ende, estar dispuestas a hacer concesiones recíprocas dejando de lado la intransigencia.
En mi opinión, la solución que debe surgir del proceso de mediación que hoy se inicia debería apuntar al menos al cumplimiento de los siguientes objetivos:
1. Lograr una solución constitucional, pacífica y duradera, que busque conciliar por un lado el regreso al gobierno del presidente Manuel Zelaya, y por el otro garantizar las condiciones mínimas de gobernabilidad durante el periodo que aun le resta a Zelaya para finalizar su mandato.
2. La solución, sin perjuicio de que pueda tener particularidades específicas, debe estar enmarcada dentro de los objetivos y el espíritu de las resoluciones adoptadas por la OEA en relación con esta crisis y, además, ser compatible con las normas y principios de la Carta de la OEA y de la Carta Democrática Interamericana. La solución debe contribuir al fortalecimiento del sistema interamericano y de la Carta Democrática Inter-Americana y no a su debilitamiento.
3. El gobierno de facto de Micheletti debe terminar y el presidente Manuel Zelaya debe ser restituido de inmediato.
4. Es imprescindible reducir con urgencia la grave polarización de la sociedad hondureña, iniciando ya un proceso de diálogo y reconciliación nacional asistido, si fuere necesario, por la comunidad internacional.
5. Para ello, sería conveniente que el Congreso aprobara una amnistía general (para todas las partes) y que el presidente Zelaya decrete un indulto.
6. El presidente Zelaya debe garantizar que su regreso al poder no vendrá acompañado de ningún tipo de revancha. Debe, asimismo, comprometerse a no buscar modificar la Constitución y reiterar -ya lo ha hecho de manera pública varias veces durante los últimos días- que no busca la reelección.
7. La solución debe garantizar un nivel aceptable de gobernabilidad durante el periodo que aun resta para que Zelaya concluya su mandato. Por ello, y dado que aún faltan cuatro meses y medio para la celebración de las elecciones generales (previstas para el 29 de noviembre de 2009) y poco menos de siete para la entrega del poder al nuevo presidente electo (fijado para el 27 de enero de 2010), las partes podrían negociar (sujeto a la aprobación de los candidatos de las elecciones de noviembre, del Tribunal Superior Electoral y del Congreso) un posible adelanto de las elecciones y de la transferencia del gobierno. Si ello no fuera posible, entonces habría que mantener la fecha de las elecciones y la transferencia del gobierno en las ahora vigentes.
8. Debe establecerse un mecanismo, con apoyo internacional, que garantice el seguimiento y cumplimiento de estos acuerdos.
9. El proceso electoral de noviembre debe ser objeto de un proceso de acompañamiento y observación internacional (a cargo de la OEA, ONU y Unión Europea, entre otros), de modo de garantizar su absoluta pureza y credibilidad, con el objetivo de que quien resulte electo goce de un altísimo grado de legitimidad.
10. En estas condiciones, restablecido el orden constitucional y restituido el presidente Zelaya, la OEA debe poner fin a la suspensión de Honduras del Sistema Interamericano, tal como lo prevé la Carta Democrática. Ello debe acompañarse de una normalización diplomática de Honduras con los organismos multilaterales y en sus relaciones diplomáticas bilaterales.
Sería muy grave que las partes desaprovecharan esta ventana de oportunidad, ya que Honduras se precipitaría, en lo interno, a una espiral de violencia, y en lo externo a un completo aislamiento. Soy consciente de que la situación es extremadamente compleja y que el éxito de la mediación no está garantizado. En efecto, previo al inicio de la reunión del jueves, tanto Zelaya como Micheletti han dicho públicamente que no tienen nada que negociar -el primero insiste con su regreso al poder y el segundo con que eso no se negocia-. Sin embargo, soy modernamente optimista en cuanto a que las partes, asistidas por la valiosa y experimentada mediación del presidente Arias, lleguen a la mesa de negociación de buena fe, con el grado de madurez y flexibilidad que les permita encontrar una solución constitucional, pacífica y duradera.

























