El retorno del PRI
Infolatam
México D.F., 6 de julio de 2009
Por Fernando Escalante Gonzalbo
(Especial para Infolatam).- “…El PRI ha ganado con holgura, pero menos por méritos propios que por el desgaste del PAN en el gobierno y el desastre interno del PRD. Tiene por delante el desafío de consolidarse como alternativa de gobierno con un candidato convincente y sobre todo con una plataforma creíble: ya no puede ser sólo “oposición responsable” porque tiene mayoría absoluta y, por lo tanto, es responsable de la elaboración de los presupuestos públicos de los años siguientes, para empezar.”
El resultado de las elecciones de ayer domingo, en México, para renovar la cámara de diputados, no ha ofrecido muchas sorpresas. Es en términos generales el que habían pronosticado todas las encuestas: una victoria del PRI, con el PAN en segundo lugar y el PRD en un remoto tercer puesto. El PRI ha obtenido el mejor de los resultados posibles, entre los proyectados, y el PRD, el peor de ellos. Eso significa, sin duda, que se le complicarán las cosas al presidente Felipe Calderón (PAN) en los tres años que vienen, pero su partido tampoco había tenido hasta ahora mayoría en la cámara; por otra parte, no cambia el Senado, donde el PRI no tiene mayoría.
El Partido Acción Nacional pierde en total 60 diputados (pasa de 206 a 146). Es un muy mal resultado, aunque en términos porcentuales sólo ha caído seis o siete puntos con respecto al 2006. Peor noticia es que haya perdido también las elecciones para gobernador en los seis estados en disputa, sobre todo las de Querétaro y San Luis Potosí, donde tenía el gobierno (la de Sonora, con un margen mínimo, sigue sin decidirse), y que haya perdido municipios clave como Guadalajara, Cuernavaca y Naucalpan. La única buena noticia es su recuperación en la capital, donde gana tres de las dieciséis delegaciones políticas, amplía su representación en la asamblea local, y con más de 600 000 votos, se acerca al PRD, que obtiene 740 000.
Significa un fracaso de la estrategia beligerante – de confrontación con el PRI—que adoptó durante la campaña el secretario general, Germán Martínez; un fracaso también de la decisión del presidente Calderón de convertir en prioridad absoluta la seguridad y la lucha contra el narcotráfico. Comoquiera, se confirma como segunda fuerza, con casi 28 por ciento de los votos, único competidor del PRI.
El PRI obtuvo su mejor resultado desde 1994. Tendrá entre 235 y 240 diputados que, sumados a los 22 del Partido Verde, con el que fue en coalición, le dan muy sobradamente la mayoría absoluta en el congreso. No sólo eso, sino que ganó las seis gubernaturas en disputa: Nuevo León, Campeche, Colima, Querétaro, San Luis Potosí y (probablemente) Sonora. Recupera votación en distritos urbanos fundamentales, como Naucalpan y Guadalajara, y sobre todo arrasa en el Estado de México, el más poblado del país, donde su votación duplica a la del PAN. Con más de 12 millones de votos en el país (contra 9 del PAN y 4 del PRD) parte con ventaja para la elección presidencial de 2012. El resultado dice que el antipriísmo que dominó la vida pública mexicana desde principios de los años noventa es una fuerza declinante; parece haber tenido éxito, en cambio, como motivo de campaña, la valoración de los años de experiencia de gobierno del PRI.
Para el PRD el resultado ha sido catastrófico: el peor de su historia, con sólo 12 por ciento de los votos. Los otros dos partidos de izquierda, Convergencia y el Partido del Trabajo, por los que hizo campaña el ex-candidato presidencial del PRD, López Obrador, obtuvieron en conjunto un 6 por ciento. Es decir: los tres reunidos apenas llegan a sumar 6 millones de votos, muy lejos de los 15 millones que obtuvieron hace sólo tres años. Eso significa que están prácticamente fuera de juego para la elección presidencial y que su peso en esta legislatura será insignificante.
Retrocede también el PRD en su bastión más importante, en la capital del país, donde ha gobernado desde 1997; conserva la mayoría, pero pierde 8 diputados en la asamblea local, tres delegaciones de gobierno que gana el PAN y una que gana el Partido del Trabajo, con el apoyo de López Obrador. Su principal problema es el conflicto interno que arrastra desde la derrota en la elección presidencial de 2006 y que se ha traducido en toda clase de incidentes en la selección de candidatos y dirigentes, y en la definición de plataforma electoral y estrategia; el PRD ofrece la imagen de un partido conflictivo, beligerante y desorientado. La alternativa parece ser la escisión abierta, con la expulsión de López Obrador, o mantener el conflicto en sus términos actuales, con el consiguiente desgaste en cada elección.
El movimiento por la anulación del voto, encabezado por un conjunto de intelectuales mediáticos y periodistas, consiguió algo más del 5 por ciento. Es claramente un voto de clase media urbana, con su mayor concentración en el Distrito Federal. No es insignificante: dice que la antipolítica tiene un público todavía reducido pero que no conviene descuidar.
El PRI ha ganado con holgura, pero menos por méritos propios que por el desgaste del PAN en el gobierno y el desastre interno del PRD. Tiene por delante el desafío de consolidarse como alternativa de gobierno con un candidato convincente y sobre todo con una plataforma creíble: ya no puede ser sólo “oposición responsable” porque tiene mayoría absoluta y, por lo tanto, es responsable de la elaboración de los presupuestos públicos de los años siguientes, para empezar.

























