Un posible “turning point” en la política argentina

Infolatam
Buenos Aires, 25 de junio de 2009
Por Manuel Mora y Araujo

(Especial para Infolatam).- “… Es muy probable que este domingo quede conformado un Congreso donde el gobierno argentino no disponga de mayoría propia. Eso no debería ser muy dramático: no habrá ninguna mayoría y la oposición se mostrará tan fragmentada y tan escasa de liderazgos como hasta ahora. Al gobierno nacional no debería resultarle imposible formar mayorías ocasionales casi todos los días, sobre la base de negociar y conceder. Sin embargo, esto puede ser más difícil de lo que parece.  ”.

La elección del domingo 28 de junio en la Argentina, para renovar un tercio del Senado y la mitad de la cámara de Diputados, podría no tener más trascendencia que la de una elección legislativa intermedia. Cada dos años eso ocurre en la Argentina, frecuentemente en esas elecciones el voto se dispersa y a menudo se busca reequilibrar en el Congreso el poder del gobierno nacional.

Este año las consecuencias pueden ser más dramáticas de lo habitual, aunque posiblemente no lleguen a la caída de un gobierno, como le ocurrió a Fernando de la Rúa en 2001. La razón de este dramatismo la dio el mismo Néstor Kirchner, postulándose como candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, forzando a hacer lo propio al gobernador Daniel Scioli y definiendo esta elección como una suerte de plebiscito de confianza en el gobierno de su esposa Cristina

El electorado en muchas provincias está volátil, duda, no ve con claridad qué diferencia a las distintas opciones en oferta.  Este es un somero resumen de lo que se presume que ocurrirá: en las provincias con predominio de clase media, con mayor cantidad de empresas formales instaladas o con fuerte peso de los productores agropecuarios, el kirchnerismo sufrirá una derrota mayúscula. En unas pocas provincias más chicas donde prevalecen fuerzas políticas no afines al gobierno, eventualmente perderá; y en la mayor parte de las provincias más chicas, casi todas pobres o patagónicas (esto es, ricas pero con baja densidad poblacional) ganará. El balance lo establecerá la provincia de Buenos Aires. 

Buenos Aires, una provincia donde vota el 40 % de los argentinos, es enorme y compleja. Contiene a la vez áreas enormemente ricas Francisco de Narváez foto de campañay la mayor concentración de pobreza de la Argentina. En esa provincia hay regiones, y sectores sociales, que viven como en Europa o como en Australia, y otros que viven como en Calcuta. El electorado bonaerense ha tendido en esta elección a la polarización, alrededor de Kirchner y de su oponente con más posibilidades de derrotarlo, el empresario Francisco De Narváez, quien lidera una coalición de centro derecha independiente y de peronistas opuestos a Kirchner. El resultado de la votación es incierto por dos factores.

En primer lugar porque De Narváez ha captado muchos votos de la tercera fuerza en competencia, la UCR aliada a un grupo de centro liderado por Elisa Carrió, votos que fluyen hacia él no por ideologías sino porque su motivo fundamental es derrotar a Kirchner. En segundo lugar porque Kirchner ha encontrado que su techo electoral está más bajo de lo que imaginaba, y esto simplemente porque los votantes muy pobres están dudando y sus jefes políticos, los caudillos territoriales del peronismo, no están del todo convencidos de la conveniencia de hipotecar su futuro político a un Kirchner en declinación. 

Es muy probable que este domingo quede conformado un Congreso donde el gobierno argentino no disponga de mayoría propia. Eso no debería ser muy dramático: no habrá ninguna mayoría y la oposición se mostrará tan fragmentada y tan escasa de liderazgos como hasta ahora. Al gobierno nacional no debería resultarle imposible formar mayorías ocasionales casi todos los días, sobre la base de negociar y conceder. Sin embargo, esto puede ser más difícil de lo que parece.  

La raíz del problema, el mayor problema que enfrentará el kirchnerismo a partir de la semana que viene, no es la oposición al gobierno sino el peronismo. Desde hace muchos años, el peronismo se sustenta en dos aspectos básicos: es federal -de hecho, es más una confederación de partidos provinciales que un partido nacional- y es plural -distintos intereses y corrientes de ideas conviven dentro de él-. Kirchner encarna una visión centralista y antifederal, y propone un liderazgo no sustentado en consensos sino en el acatamiento al jefe. Ninguna de esas dos cosas se dan bien con la realidad del peronismo.  

N. Kirchner en campaña borde blancoEl peronismo toleró a Kirchner durante los últimos años sobre dos bases: que la economía andaba muy bien y que el jefe disponía de los votos. Ninguna de las dos cosas sigue siendo cierta -a menos que hoy domingo 28 se asista a una sorpresa-. Aun más, un liderazgo que sólo puede cosechar votos en los ambientes de la extrema pobreza y cuya suerte electoral depende de caudillos territoriales desprestigiados ante la sociedad no es funcional al peronismo.  

Lo que seguirá será un equilibrio precario entre el Ejecutivo y el Congreso, un proceso de reorganización de las fuerzas políticas opositoras -el cual será arduo, dada la debilidad de casi todos sus líderes y la fragmentación de sus bases electorales- y una puja entre Kirchner y los dirigentes del peronismo de las provincias, esto es, los gobernadores. Esa puja puede manifestarse de muchas maneras distintas; a la larga, hay dos posibilidades: se resolverá mediante acuerdos o mediante escaramuzas políticas.  

La Argentina se encamina a cambios políticos de magnitud. Si en ese proceso se intensifican las disputas entre dirigentes que pelean por espacios de poder y nada más, el país cambiará poco; se verá más de lo mismo. Si, en cambio, ese proceso genera un sistema de representación democrática de la población de mejor calidad, el país podrá aspirar a un futuro menos incierto. La sociedad argentina está mejor que su sistema político; necesita que éste la represente y la exprese mejor para imbuirlo de las cosas que en la Argentina funcionan bien. Es posible que el interregno político abierto con la crisis de 2001 esté llegando a su fin.

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